LORENZO MARTÍN ROALES, DELANTERO ASTURIANO DE MIERES FORMADO EN LA CANTERA DEL REAL MADRID Y VIAJERO DEL GOL POR CASTILLA, CÓRDOBA, OVIEDO, CARTAGENA, LINARES, ALCOY Y VILLARROBLEDO
INFANCIA DE LORENZO MARTÍN ROALES EN MIERES, ENTRE MINAS, MONTAÑAS Y CAMPOS IMPROVISADOS
LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid nació el 3 de diciembre de 1955 en Mieres, una localidad asturiana profundamente marcada por la minería, por las montañas que rodean el valle y por una cultura obrera en la que el esfuerzo cotidiano marcaba el ritmo de la vida, de modo que los niños crecían viendo salir a sus mayores hacia los pozos y regresarlos cubiertos de cansancio y de orgullo, mientras ellos encontraban en los campos improvisados y en las plazas el escenario perfecto para descubrir que el fútbol podía ser mucho más que un simple juego de recreo.
En las calles de Mieres, en las cuestas empinadas y en los descampados que se abrían cerca de los barrios, el pequeño Lorenzo empezó a vivir el balón como una extensión natural de su cuerpo, corriendo detrás de pelotas que rara vez estaban nuevas, esquivando piedras y charcos, aprendiendo a chutar con botas que pasaban de hermano en hermano y participando en partidos que no tenían árbitro fijo ni marcador electrónico, pero que se recordaban durante días porque cada gol quedaba grabado en las conversaciones de la pandilla como una pequeña hazaña juvenil.
En ese contexto, el futuro delantero descubrió que se sentía especialmente cómodo jugando cerca del área rival, porque le gustaba recibir el balón, girarse con rapidez, ver la portería de frente y buscar un disparo que sorprendiera al portero, incluso aunque el terreno fuera irregular y los botes imprevisibles, lo cual le obligaba a ajustar su cuerpo, a calibrar la fuerza del golpeo y a confiar en una mezcla de decisión y precisión que muchos adultos empezaron a percibir como un talento poco común para su edad.
Los inviernos húmedos, los cielos encapotados y las tardes cortas de Asturias no frenaban aquellas ganas de jugar, porque Lorenzo Martín Roales y sus amigos se reunían cada vez que podían, aunque hubiera barro, aunque la lluvia amenazara y aunque los balones terminaran empapados y pesados, ya que cada minuto en el campo se vivía como una oportunidad para aprender a controlar una pelota difícil, a ajustar un remate en condiciones complicadas y a entender que el fútbol, en su raíz, también es una batalla contra los elementos.
CAMINO HACIA MADRID, PRIMER CONTACTO CON LA CANTERA DEL REAL MADRID
El talento de Lorenzo Martín Roales no tardó en llamar la atención de entrenadores y conocidos, que veían en aquel joven de Mieres a un delantero diferente, con una mezcla de coraje y sentido del área que hacía pensar en posibilidades más altas, de modo que, con el paso de los años, empezó a abrirse la opción de probar suerte lejos de su tierra natal, en un contexto muy distinto, el de la capital de España, donde el Real Madrid representaba para cualquier niño futbolista una especie de cima inaccesible y, al mismo tiempo, un faro que iluminaba todos los sueños.
El viaje hacia Madrid no fue solo un cambio de ciudad, sino también un cambio de vida, porque implicaba dejar atrás las montañas de Asturias, los acentos familiares, los campos de tierra conocidos y a los amigos de infancia, para adentrarse en una metrópoli ruidosa, llena de tráfico, de edificios altos y de un ritmo diferente, donde el fútbol se organizaba en una estructura que el joven delantero solo había imaginar por radio o por fotografías, pero que ahora empezaba a conocer desde dentro.
En su llegada a la cantera blanca, Lorenzo tuvo que adaptarse rápidamente a un entorno donde el talento abundaba, donde casi todos los compañeros tenían una historia similar, la del chico destacado en su lugar de origen que llegaba a La Fábrica con ganas de demostrar que podía estar a la altura, y donde los entrenamientos dejaban de ser una simple sucesión de partidos para convertirse en sesiones cuidadosamente planificadas, con ejercicios técnicos, tácticos y físicos que buscaban pulir a cada jugador en función de su posición y de su potencial.
La adaptación también tuvo una dimensión personal intensa, porque el delantero de Mieres debía aprender a vivir lejos de su familia, a compartir vestuario, residencia y horas libres con otros jóvenes de procedencias diversas y a gestionar la presión interna que nace cuando uno siente que no puede fallar, que cada entrenamiento y cada partido de cantera forman parte de un examen silencioso en el que los entrenadores evalúan si el jugador merece seguir escalando peldaños en el club.
REAL MADRID C.F. JUVENIL 1971-1972, PRIMERA TEMPORADA EN LA ESTRUCTURA JUVENIL BLANCA
La temporada 1971-1972 situó a LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid en el Real Madrid C.F. Juvenil, en un grupo donde el nivel de exigencia resultaba notablemente superior a todo lo que había conocido hasta entonces, porque se enfrentaba a defensas que no solo eran fuertes y rápidos, sino que también habían aprendido a leer los movimientos de los delanteros, a anticiparse a los desmarques y a cerrar líneas de pase, de modo que cada gol marcado era el resultado de una combinación afinada de trabajo colectivo y de lucidez individual.
En ese equipo juvenil, el delantero asturiano consolidó su posición como hombre de referencia en el frente de ataque, trabajando movimientos que iban más allá de la simple búsqueda de remate, porque los entrenadores insistían en que debía ofrecer apoyos a los mediocampistas, arrastrar centrales con desmarques hacia los costados, fijar la atención de los rivales en su figura para que otros compañeros encontraran espacios libres y aprender a decidir con criterio cuándo era mejor finalizar la jugada y cuándo resultaba más productivo ceder el balón.
Los partidos de aquella temporada sirvieron como laboratorio para que Martín Roales se acostumbrara a competir regularmente contra canteras de otros clubes importantes, tomando contacto con distintos estilos de juego, desde equipos que priorizaban la fuerza y el envío directo hasta conjuntos que intentaban salir jugando desde atrás, y todo ello le obligaba a ajustar su manera de presionar, de posicionarse y de entender cómo podía influir en el desarrollo de los encuentros aunque la pelota no estuviera siempre en sus pies.
Durante aquellos meses, el joven delantero empezó a comprender también la importancia del trabajo invisible, ese que no aparece en las crónicas pero que resulta fundamental para el equilibrio del equipo, porque aprendió que un nueve de la cantera blanca no puede limitarse a esperar centros o pases filtrados, sino que debe correr, presionar, bajar a recibir cuando el equipo se encuentra asfixiado y ofrecer soluciones en situaciones de máxima dificultad, consolidando así una mentalidad de futbolista completo que le acompañaría toda su carrera.
REAL MADRID JUVENIL A 1972-1974, TRES TEMPORADAS DE EXIGENCIA Y TÍTULOS DE GRUPO
A partir de la temporada 1972-1973, LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid se integró en el Real Madrid Juvenil A, encuadrado en el grupo 1 y dirigido por entrenadores como Antonio Ruiz Cervilla y Manuel Sanchís Martínez, y esa etapa marcó el tramo más intenso de su formación, porque el equipo no solo competía, sino que aspiraba a ganar siempre, hasta el punto de lograr varios campeonatos de grupo consecutivos, que confirmaban la fuerza de aquella generación de jóvenes futbolistas blancos.
En el Real Madrid Juvenil A, el delantero asturiano se encontró rodeado de compañeros de altísimo nivel, lo cual suponía una doble cara, ya que por un lado elevaba la calidad de los entrenamientos, llenos de competitividad, ritmo y precisión, y por otro lado incrementaba la presión individual, porque cada error parecía pesar más en un entorno donde todos buscaban demostrar que eran dignos de seguir progresando hacia el Castilla C.F., siguiente peldaño natural en la escalera de la cantera.
Bajo la guía de Antonio Ruiz Cervilla y después de Manuel Sanchís Martínez, Martín Roales afinó su repertorio como delantero, trabajando específicamente la definición con ambas piernas, los remates de cabeza en distintas trayectorias, las rupturas en diagonal que rompían líneas defensivas y la lectura de los tiempos de ataque, de forma que su juego empezó a adquirir una madurez notable, muy superior a la habitual en muchos delanteros juveniles que dependen solo de la velocidad o de la fuerza sin comprender del todo el ritmo del partido.
Las temporadas consecutivas en las que el Real Madrid Juvenil A terminó campeón de su grupo ayudaron a reforzar en su mente la idea de que el éxito colectivo nace de una suma de detalles, de entrenamientos intensos, de correcciones constantes y de una ambición compartida en el vestuario, donde todos entendían que lucir el escudo blanco en el pecho no era solo un honor, sino también una invitación permanente a no conformarse nunca con lo conseguido, por muy brillante que pudiera parecer desde fuera.

1972-1973 Real Madrid Juvenil A
Arriba, BRITO (-), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), BLANCO (-), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester).
Abajo, IGLESIAS (Salvador Iglesias Lago), SAN JOSÉ (Isidoro San José Pozo), MAGDALENO (Enrique Magdaleno Díaz), MARTÍN ROALES (Lorenzo Martín Roales), MINGO (-),
CASTILLA C.F. 1974-1977, APRENDIZAJE DURO EN TERCERA DIVISIÓN COMO DELANTERO DEL FILIAL
La temporada 1974-1975 marcó el inicio de una nueva etapa para LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid, que pasó a formar parte del Castilla C.F., filial directo del Real Madrid, que competía en Tercera División y que actuaba como una especie de puente entre el fútbol juvenil y el profesional, de modo que cada encuentro en aquella categoría suponía una prueba real, con rivales veteranos, campos difíciles y marcadores que pesaban mucho más que en los campeonatos de cantera.
En el Castilla C.F., el delantero asturiano descubrió que el margen de error se reducía de manera drástica, porque los defensas ya no eran adolescentes en formación, sino futbolistas curtidos que no dudaban en utilizar su cuerpo, su experiencia y su dureza para limitar los movimientos del nueve, de manera que Martín Roales tuvo que aprender a proteger mejor el balón, a medir cuándo encarar y cuándo descargar, y a convertirse en un futbolista capaz de soportar impactos sin perder la concentración ni la confianza en su propio remate.
Las temporadas 1974-1975, 1975-1976 y 1976-1977 fueron cimentando su perfil de delantero resistente, acostumbrado a pelear balones que parecían perdidos, a entrar en disputa con centrales más grandes y a ir al choque en cada centro lateral, sabiendo que su trabajo no siempre se vería recompensado con goles, pero sí ayudaría al equipo a mantener la posesión, a ganar metros y a provocar segundas jugadas que compañeros suyos podían aprovechar desde la segunda línea.
El día a día en el Castilla C.F. también le enseñó a convivir con la incertidumbre típica del filial, porque cada temporada había movimientos, entradas de nuevos canteranos, salidas hacia otros clubes y decisiones técnicas que podían alterar de manera importante su rol dentro del equipo, y en ese contexto Lorenzo aprendió a centrarse en lo que podía controlar, su actitud, su trabajo en cada entrenamiento y su disposición a seguir buscando el gol incluso cuando los resultados no acompañaban.
CÓRDOBA C.F. 1977-1978, CEDIDO A SEGUNDA DIVISIÓN PARA MEDIRSE A OTRO ENTORNO
En la temporada 1977-1978, Lorenzo Martín Roales salió cedido al Córdoba C.F., un club histórico que competía en Segunda División y que ofrecía un contexto muy distinto al del filial blanco, porque aquí no se trataba de un equipo de formación, sino de una entidad que jugaba cada jornada con objetivos muy concretos, ya fuera pelear por el ascenso o defender la categoría, y donde la exigencia de la grada y del entorno se traducía en una presión constante sobre los futbolistas.
En Córdoba, el delantero asturiano tuvo que adaptarse a un clima diferente, a un estadio con personalidad propia, a una afición que exigía entrega total y a un tipo de fútbol donde se mezclaban la técnica con la dureza, porque la categoría presentaba rivales muy variados, algunos más centrados en la posesión y otros más inclinados hacia el juego directo, y en ambos casos el nueve debía estar preparado para recibir balones de todo tipo y para convertirlos en remates peligrosos con la mayor frecuencia posible.
La cesión al Córdoba C.F. significó, además, una confirmación interna de que el club blanco confiaba en que Martín Roales podía ofrecer rendimiento en una categoría alta, porque lo prestaba a un equipo importante con la intención de que sumara minutos reales, enfrentándose a defensas experimentados y demostrando que su instinto goleador no se limitaba a escenarios juveniles o de Tercera, sino que podía mantenerse vivo en un nivel muy competitivo donde cada punto tenía un peso considerable.
Durante ese curso, el delantero de Mieres entendió que la vida del cedido implica un equilibrio delicado, porque debía integrarse rápido en un vestuario nuevo, ganarse la confianza de compañeros que no lo conocían y adaptarse a las ideas de un entrenador diferente, todo ello sin perder su identidad como jugador y sin olvidar que, al final de la temporada, su camino podría devolverlo al Castilla C.F. o abrirle nuevas puertas en otros clubes de la geografía española.
CASTILLA C.F. 1978-1979, REGRESO AL FILIAL AHORA EN SEGUNDA DIVISIÓN
La temporada 1978-1979 encontró de nuevo a LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid defendiendo la camiseta del Castilla C.F., esta vez en Segunda División, lo que suponía un paso adelante muy importante tanto para el filial como para los jugadores que lo integraban, ya que la categoría reunía a clubes históricos, estadios con mucha tradición y plantillas con futbolistas de gran nivel, algunos de los cuales acumulaban años de experiencia en la élite.
En este nuevo contexto, el delantero asturiano debía combinar la responsabilidad de representar al filial blanco en una competición de alto nivel con la exigencia personal de seguir creciendo, sabiendo que cada gol, cada movimiento dentro del área y cada partido completo podían influir decisivamente en la percepción que otros clubes tenían de él, ya que la Segunda se convertía en un escaparate privilegiado para delanteros que aspiraban a consolidarse en el fútbol profesional.
Los enfrentamientos contra equipos de gran tradición, en campos llenos y con presiones muy distintas a las vividas en categorías inferiores, aportaron a Martín Roales una experiencia difícil de replicar en otro entorno, porque le enseñaron a soportar la presión de marcadores ajustados, a competir contra centrales que combinaban fuerza, oficio y malicia, y a entender que en ese nivel cada ocasión de gol debía tratarse casi como una oportunidad irrepetible, sin lugar para la relajación ni para la falta de concentración.
En esta etapa, el delantero volvió a conectar con compañeros de cantera que también habían ido ganando espacio en el filial, consolidando una generación de futbolistas que, aunque no todos pudieron llegar al primer equipo blanco, sí construyeron carreras sólidas en muchos clubes del país, llevando consigo la huella de su formación en el Real Madrid y demostrando en otros colores la calidad y el carácter que habían aprendido durante esos años exigentes en Valdebebas y en los campos de la época.
REAL OVIEDO C.F. 1979-1983, REGRESO A ASTURIAS Y MADUREZ EN SEGUNDA DIVISIÓN
Entre las temporadas 1979-1980 y 1982-1983, Lorenzo Martín Roales vistió la camiseta del Real Oviedo C.F., regresando así a su tierra asturiana como delantero ya hecho, con años de formación en la cantera del Real Madrid y experiencias acumuladas en el Castilla C.F. y en el Córdoba C.F., lo que le daba una mezcla de solidez técnica, oficio competitivo y conocimiento real de lo que significaba afrontar una liga completa en Segunda División.
En Oviedo, el delantero de Mieres encontró un ambiente donde el fútbol se vivía con intensidad especial, porque la afición carbayona siempre ha sentido a su equipo como una parte fundamental de la identidad de la ciudad, y eso se traducía en gradas llenas de voces que exigían entrega absoluta, lucha en cada jugada y orgullo en la forma de defender los colores, algo que encajaba de manera natural con el carácter trabajado que Martín Roales había desarrollado desde niño.
A lo largo de aquellas cuatro temporadas en Segunda División, el delantero asturiano aportó trabajo constante, remates, goles y un compromiso innegociable con la camiseta del Real Oviedo C.F., brindando al equipo un punto de referencia en el área, alguien capaz de pelear cada centro, de bajar balones largos para que el bloque avanzara y de generar ocasiones incluso en partidos cerrados, en los que la calidad del césped, el planteamiento del rival o la tensión de la clasificación convertían cada llegada en un evento importante.
La etapa en Oviedo supuso, además, una especie de reconciliación geográfica y emocional para Lorenzo Martín Roales, que pudo demostrar en su propia tierra, ante espectadores que entendían su acento y su origen, que la aventura iniciada años atrás en la cantera del Real Madrid había cristalizado en un delantero profesional capaz de sostenerse en el segundo escalón del fútbol español durante un periodo prolongado, algo que muy pocos jugadores consiguen mantener con estabilidad.
CARTAGENA F.C. 1983-1984, FÚTBOL DE COSTA EN SEGUNDA DIVISIÓN
En la temporada 1983-1984, el camino de Lorenzo Martín Roales lo llevó hasta el Cartagena F.C., de nuevo en Segunda División, cambiando otra vez de paisaje, del verde asturiano al mar cercano y al clima más benigno de la costa murciana, donde el fútbol se vivía con una mezcla de pasión local y deseo de consolidar al club entre los nombres importantes de la categoría, enfrentándose a rivales de distintas zonas del país en un calendario exigente y muy variado.
En Cartagena, el delantero aportó su experiencia como hombre de área que ya había pasado por contextos de presión, que conocía la dureza de la categoría y que sabía cómo moverse dentro del campo para dar aire a sus compañeros, generando espacios, aguantando balones de espaldas, asociándose con mediocampistas e intentando, siempre que surgía la ocasión, definir con decisión ante la portería rival, porque comprendía que la eficacia en la zona de remate resultaba crucial para equipos que no podían permitirse desperdiciar oportunidades claras.
El cambio de región también supuso una adaptación cultural, ya que Martín Roales tuvo que integrarse en una nueva ciudad, con otra forma de vivir el día a día, con otros ritmos y con una afición que, aunque distinta a la asturiana, compartía el mismo deseo de ver a su equipo competir con orgullo, y que nunca escatimaba en exigencia cuando se trataba de valorar el rendimiento de sus futbolistas, especialmente de aquellos llamados a decidir los partidos con sus goles.
La experiencia en el Cartagena F.C. reforzó la imagen del delantero asturiano como un profesional capaz de adaptarse a entornos muy diferentes, de aportar en todos ellos una mezcla de trabajo y olfato goleador y de asumir que la carrera de un futbolista no sigue líneas rectas perfectas, sino que se compone de etapas diversas, ligadas por un hilo de compromiso personal con el juego y con las camisetas que le correspondió defender.
LINARES C.F. Y C.D. ALCOYANO 1984-1986, SEGUNDA B COMO TERRITORIO DE VETERANÍA
La temporada 1984-1985 situó a Lorenzo Martín Roales en el Linares C.F., en Segunda División B, una categoría que mezclaba clubes históricos venidos a menos, equipos en ascenso y proyectos humildes con grandes dosis de ilusión, y donde el delantero aportó su conocimiento del juego y su oficio para ayudar a un conjunto que debía pelear cada punto en campos a menudo complicados, con superficies irregulares, ambientes caldeados y marcadores muy ajustados.
En Linares, el delantero asturiano asumió con naturalidad un rol de jugador importante, capaz de guiar con su ejemplo a compañeros más jóvenes, de mostrarles cómo se afronta un partido con tensión, cómo se maneja la frustración de una ocasión fallada y cómo se sigue buscando el gol incluso cuando el cuerpo ya no responde con la frescura de los veinte años, pero el conocimiento de las situaciones compensa en buena medida la inevitable pérdida de velocidad.
La campaña 1985-1986 lo encontró en el C.D. Alcoyano, también en Segunda División B, cargando sobre sus hombros una trayectoria larga que lo convertía en uno de los veteranos con experiencia en categorías superiores, alguien a quien los entrenadores podían confiar la responsabilidad de liderar la delantera en partidos donde se definían objetivos como la permanencia, el acceso a fases de ascenso o el prestigio de un club acostumbrado a luchar siempre, fiel a su famosa frase de “mas moral que el alcoyano”.
En ambos clubes, Linares C.F. y C.D. Alcoyano, Lorenzo Martín Roales mantuvo la misma actitud que había mostrado en etapas anteriores, sin relajarse pese al descenso de categoría, sin disminuir su compromiso con el entrenamiento diario y sin perder el respeto por rivales y compañeros, porque entendía que el valor del futbolista no se mide solo por el nombre del club al que representa, sino también por la forma en que encara cada reto, sea en un gran estadio o en un campo modesto.
C.P. VILLARROBLEDO 1986-1987, EL ÚLTIMO TRAMO EN TERCERA DIVISIÓN
La temporada 1986-1987 llevó a Lorenzo Martín Roales al C.P. Villarrobledo, en Tercera División, donde afrontó la que sería una de las últimas etapas de su carrera como futbolista en activo, en un entorno que, aun sin la visibilidad de las categorías superiores, mantenía intacta la dureza competitiva, porque los clubes se jugaban mucho en ligas donde los pequeños detalles podían significar la diferencia entre pelear por ascender o luchar por evitar el descenso.
En Villarrobledo, el delantero asturiano se convirtió en un referente de veteranía para un vestuario que veía en él a un jugador con un recorrido amplio, capaz de contar historias de su paso por la cantera del Real Madrid, por el Castilla C.F., por el Real Oviedo C.F., por el Córdoba C.F. o por el Cartagena F.C., pero que, al mismo tiempo, seguía mostrándose dispuesto a competir cada fin de semana, a aceptar los golpes, a pelear por cada balón alto y a celebrar cada gol con la misma intensidad que cuando era un juvenil blanco.
En este tramo final, Martín Roales utilizó todo su conocimiento del juego para compensar los efectos del paso del tiempo, posicionándose mejor, eligiendo con más precisión los momentos para ir al choque, midiendo mejor los desmarques y confiando en la experiencia acumulada para leer las jugadas un segundo antes que defensas más jóvenes, que quizá poseían más velocidad, pero carecían del bagaje que solo muchos años de competición pueden aportar.
Su paso por el C.P. Villarrobledo significó, en definitiva, una despedida progresiva de los escenarios competitivos, no como un gesto abrupto, sino como el cierre natural de una carrera que había atravesado múltiples clubes, categorías y geografías, y que había convertido al niño que jugaba en los campos de Mieres en un profesional del gol que dejó huella en muchos vestuarios y en muchas aficiones a lo largo del fútbol español.
EL PERFIL DE LORENZO MARTÍN ROALES, DELANTERO ASTURIANO DE OFICIO Y VIAJE LARGO
Si se contempla en conjunto la carrera de LORENZO MARTÍN ROALES delantero Real Madrid, emerge la figura de un delantero asturiano que supo transformar su talento juvenil en una trayectoria larga y digna dentro del fútbol español, que pasó por la exigente cantera del Real Madrid, que se fogueó en el Castilla C.F., que vivió cesiones y cambios de club, que regresó a Asturias para defender al Real Oviedo C.F. y que continuó compitiendo en Segunda, Segunda B y Tercera en entidades como el Cartagena F.C., el Linares C.F., el C.D. Alcoyano o el C.P. Villarrobledo.
Su perfil no se construye sobre titulares estridentes, sino sobre la constancia con la que aceptó cada etapa, sobre la capacidad de adaptarse a diferentes estilos de juego, sobre la voluntad de seguir compitiendo incluso cuando el foco mediático se alejaba, y sobre la comprensión profunda de que el oficio de delantero no consiste únicamente en marcar goles en días buenos, sino en permanecer disponible, concentrado y dispuesto a intentarlo otra vez después de cada fallo.
Formado en la cultura de esfuerzo de Mieres y moldeado por la disciplina de la cantera blanca, Martín Roales encarna a una generación de futbolistas que tejieron la red silenciosa del fútbol español en los años setenta y ochenta, sosteniendo equipos en categorías duras, viajando por carreteras interminables, jugando en campos de condiciones diversas y dando sentido, con su trabajo diario, a esa parte menos visible del balompié que, sin embargo, resulta absolutamente imprescindible para que el espectáculo global del deporte tenga profundidad y raíces verdaderas.
La historia de Lorenzo Martín Roales recuerda que no todos los canteranos del Real Madrid terminan levantando copas en el estadio principal, pero muchos construyen carreras valiosas en otros lugares, llevando consigo la huella de su formación, aplicando lo aprendido en clubes de toda la geografía y demostrando que el verdadero éxito de una cantera no se mide solo en las estrellas que produce, sino también en la cantidad de profesionales honrados que extienden su influencia por todo el mapa del fútbol.

1972-1973 Real Madrid Juvenil A, 10/06/1973, Madrid (Ciudad Deportiva), Campeonato de España, 1/4 Final (vuelta), vs C.D. CASTELLÓN
De pie, ALBENTOSA (-), BLANCO (-), AYLLÓN (Pedro Antonio Domingo Ayllón), SAN JOSÉ (Isidoro San José Pozo), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), OSORIO (Manuel Osorio Herrero).
Agachados, MINGO (-), MARTÍN ROALES (Lorenzo Martín Roales), CASTRO (José Manuel García Castro), MAGDALENO (Enrique Magdaleno Díaz), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), MORENO (Benjamín Moreno Márquez).

1972-1973 Real Madrid Juvenil A, 29/06/1973, Madrid (Estadio Vicente Calderón), Campeonato de España, Final, vs F.C. BARCELONA
Arriba, JUANI (Juan González León) ALBENTOSA (-), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), AYLLÓN (Pedro Antonio Domingo Ayllón), SAN JOSÉ (Isidoro San José Pozo), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), BLANCO (-), OSORIO (Manuel Osorio Herrero) (p.s.).
Abajo, MARTÍN ROALES (Lorenzo Martín Roales), CASTRO (José Manuel García Castro), MAGDALENO (Enrique Magdaleno Díaz), VITORIA (Alberto Vitoria Soria), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester),
ESTRIÉGANA (Félix Estriégana Maldonado)

1972-1973 Real Madrid Juvenil B, amistoso
De pie, BRITO (-), BLANCO (-), x (-), x (-), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), CORONA (Ramón Sánchez Corona), x (-)
Agachados, ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía), LÓPEZ (Jorge David López Fernández), MARTÍN ROALES (Lorenzo Martín Roales), x(-), x (-), MORENO (Benjamín Moreno Márquez)

































