RAMÓN SÁNCHEZ CORONA, “CORONA”, DELANTERO DE TORREVIEJA FORMADO EN LA ÓRBITA DEL REAL MADRID Y BANDERA DEL FÚTBOL DE LA VEGA BAJA
INFANCIA DE RAMÓN SÁNCHEZ CORONA EN TORREVIEJA, MAR, SALINAS Y LOS PRIMEROS PARTIDOS EN CAMPOS IMPROVISADOS
RAMÓN SÁNCHEZ CORONA delantero Real Madrid nació el 6 de abril de 1955 en Torrevieja, una ciudad levantina abierta al mar, rodeada de salinas y bañada por una luz intensa que convertía muchas tardes en un escenario perfecto para que los niños transformaran cualquier descampado en un campo de fútbol improvisado, con porterías señaladas por piedras, mochilas o prendas de abrigo, y con balones que rara vez estaban nuevos, pero que bastaban para desencadenar partidos que se prolongaban hasta que el sol caía o las voces de los mayores llamaban desde las ventanas.
En esos espacios sencillos, entre arena, polvo y hierbas dispersas, el pequeño Ramón empezó a intuir que el fútbol podía ser mucho más que un juego pasajero, porque descubrió que cada balón recibido, cada carrera al espacio y cada disparo hacia aquellas porterías improvisadas le generaban una alegría muy especial, una sensación de plenitud que no encontraba en otras actividades cotidianas, y que, sin darse cuenta, iba orientando sus días hacia cualquier ocasión que surgiera para volver a tocar la pelota.
La vida en Torrevieja combinaba el trabajo duro de muchas familias ligadas a la pesca, a la sal o a los servicios con una cultura de barrio donde las calles se llenaban de voces infantiles al salir de la escuela, y en ese entorno Corona encontró una comunidad de amigos dispuestos siempre a montar partidos, a organizar pequeños torneos entre calles y a discutir durante días quién había marcado el mejor gol, quién había hecho la parada más espectacular o qué equipo dominaba realmente la zona, porque el orgullo de cada grupo se defendía con energía en cada encuentro.
Pronto, los mayores empezaron a fijarse en aquel niño que, jugando como delantero, mostraba una mezcla muy llamativa de determinación y sentido del área, porque no se conformaba con tocar el balón de vez en cuando, sino que lo reclamaba, lo protegía, buscaba girarse hacia la portería y golpeaba con fuerza y convicción incluso cuando el terreno estaba irregular o el balón botaba mal, signos tempranos de un carácter competitivo que no se dejaba intimidar por las condiciones de un partido callejero.
EL SALTO HACIA MADRID, LA ILUSIÓN DE ENTRAR EN LA ÓRBITA DEL REAL MADRID
A medida que RAMÓN SÁNCHEZ CORONA delantero Real Madrid crecía, su talento empezó a desbordar el marco de los partidos de barrio y fue llamando la atención de entrenadores y observadores que veían en él a un delantero con olfato especial para el gol, con coraje para atacar balones difíciles y con una capacidad natural para decidir bien dentro del área, cualidades que, bien trabajadas, podían abrirle las puertas a contextos más exigentes, incluso más allá de las fronteras de su ciudad mediterránea.
El sueño de dar un salto hacia Madrid, hacia la órbita del Real Madrid, se fue dibujando poco a poco como una posibilidad real, aunque al principio pareciera algo lejano para un chico nacido a orillas del mar, acostumbrado a escuchar el murmullo de las olas y a ver cómo las salinas cambiaban de tono con la luz, porque la capital se percibía como un universo distinto, lleno de ruido, de edificios, de tráfico y, sobre todo, de clubes que manejaban un nivel de exigencia desconocido en los campos comarcales.
El viaje hacia ese nuevo entorno implicó un esfuerzo emocional importante, ya que Corona tuvo que dejar atrás la comodidad de su ciudad natal, la cercanía de la familia y la sensación de seguridad que le daban los campos que conocía desde niño, para presentarse en un lugar donde casi nadie lo conocía, donde el acento levantino resultaba diferente y donde el escudo del Real Madrid imponía respeto tanto a quienes lo veían desde fuera como a quienes trataban de entrar en su estructura formativa.
Sin embargo, la ilusión por aprovechar esa oportunidad pesó más que el vértigo del cambio, y el delantero de Torrevieja se dispuso a demostrar en cada entrenamiento y en cada partido que aquel chico acostumbrado al sol y al viento del Mediterráneo podía adaptarse al ritmo de una gran ciudad y responder a la disciplina de un club que no entendía la palabra relajación, ni siquiera en las categorías inferiores.
REAL MADRID JUVENIL A 1972-1973, PRIMER GRAN ESCALÓN BLANCO
La temporada 1972-1973 situó a RAMÓN SÁNCHEZ CORONA delantero Real Madrid en el Real Madrid Juvenil A, un equipo que reunía a algunos de los jóvenes con mayor proyección de la cantera blanca, chicos procedentes de distintos lugares de España que compartían un mismo objetivo, demostrar que podían convivir con la carga de competir llevando en el pecho un escudo que exigía siempre el máximo, incluso en los campos de juveniles donde quizá no llegaban las cámaras, pero sí la mirada atenta de los técnicos del club.
En ese equipo juvenil, el delantero torrevejense empezó a comprobar la enorme diferencia que separaba al fútbol de barrio del fútbol de formación de un gigante como el Real Madrid, porque cada entrenamiento se planificaba al detalle, con ejercicios destinados a mejorar la técnica individual, el conocimiento táctico y la capacidad física, y porque ningún día se entendía como un simple trámite, sino como una oportunidad para consolidar la confianza del cuerpo técnico en cada jugador.
Corona tuvo que adaptar su instinto goleador a un contexto donde los defensas ya no improvisaban entradas, sino que estudiaban los movimientos de los delanteros, buscaban anticiparse a los desmarques y aplicaban conceptos aprendidos en sesiones de vídeo, de pizarra y de correcciones estratégicas que convertían cada partido en un pequeño examen de comprensión táctica, donde el talento bruto ya no bastaba por sí solo para marcar diferencias.
Para un delantero que venía acostumbrado a los campos abiertos de la costa, a los partidos espontáneos y a un ritmo marcado más por el corazón que por los esquemas, integrar todas esas nuevas exigencias supuso un reto duro, pero también una oportunidad para crecer, para aprender a moverse entre líneas, para asociarse con compañeros de gran calidad técnica y para entender que el gol, en el contexto de un equipo como el Real Madrid Juvenil A, nacía tanto del trabajo colectivo como de la inspiración individual.

1972-1973 Real Madrid Juvenil A
De pie, x, AYLLÓN (Pedro Antonio Domingo Ayllón), BLANCO (-), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester).
Agachados, JUANI (Juan González León), VELASCO (Juan Pedro Velasco Expósito), ANTÓN (Lorenzo Antón García), CASTRO (José Manuel García Castro), CORONA (Ramón Sánchez Corona)
CHAMARTÍN C.F. 1973-1974, PUENTE ENTRE LA CANTERA BLANCA Y EL FÚTBOL SÉNIOR
La temporada 1973-1974 llevó a RAMÓN SÁNCHEZ CORONA delantero Real Madrid al Chamartín C.F., encuadrado en la 2ª Regional Castellana, un club vinculado al entorno de la cantera blanca que actuaba como una especie de puente entre el fútbol formativo del Real Madrid y el mundo más duro del fútbol sénior, porque allí los rivales ya no eran solo juveniles en proceso de aprendizaje, sino jugadores con más años de experiencia, con otra relación con el cuerpo y con una visión del juego mucho más pragmática.
En Chamartín C.F., el delantero de Torrevieja empezó a sentir el rigor de una categoría en la que los defensas no dudaban en utilizar todo su cuerpo para limitar los movimientos del nueve, donde las disputas aéreas se resolvían con choques intensos y donde el ritmo de los partidos se volvía más irregular, alternando momentos de fútbol elaborado con fases de juego directo, de balones divididos y de segundas jugadas que exigían estar siempre alerta.
En este contexto, Corona entendió que su papel como delantero no podía reducirse a esperar balones cerca del área, porque el equipo necesitaba que ofreciera apoyos, que bajara a recibir cuando los mediocampistas sufrían la presión rival, que aguantara el balón de espaldas para permitir que la línea se adelantara y que peleara cada envío largo como si fuera el último, reflejando una actitud que sus entrenadores y compañeros valoraban profundamente.
El año en Chamartín C.F. dejó también una huella emocional en el jugador, porque supuso convivir de cerca con futbolistas que quizá no tenían el brillo mediático de los grandes nombres, pero que respiraban fútbol desde la humildad, desde el trabajo diario y desde la convicción de que cada minuto en el campo representaba una oportunidad que no se podía desaprovechar, y esa manera de entender el juego encajaba muy bien con la educación recibida en su Torrevieja natal.
CESIONES A ALMANSA, GANDÍA Y ALICANTE, 1974-1977, ESCUELA DE OFICIO EN CAMPOS DUROS
Después de su paso por el entorno directo del Real Madrid, la carrera de Ramón Sánchez Corona continuó con tres cesiones consecutivas que lo llevaron a clubes como Almansa, Gandía y Alicante, entre las temporadas 1974-1975, 1975-1976 y 1976-1977, años en los que el delantero torrevejense abandonó definitivamente la burbuja de la cantera blanca para sumergirse en el fútbol real de provincias, con campos difíciles, aficiones entregadas y rivales que luchaban cada jornada por objetivos muy concretos.
En Almansa, Corona descubrió la dureza de un fútbol donde la técnica debía combinarse con una gran resistencia física, porque las condiciones del terreno y la intensidad de los encuentros exigían un esfuerzo continuo, sin pausas, y porque en esos clubes el peso del resultado caía con fuerza sobre los jugadores, ya que cada derrota podía complicar seriamente las aspiraciones de la temporada, ya fuera en la lucha por el ascenso o en la defensa de la categoría.
La etapa en Gandía y la posterior en Alicante consolidaron esa escuela de oficio, porque en ambos casos el delantero tuvo que adaptarse a esquemas de juego diferentes, a compañeros nuevos y a entrenadores con estilos diversos, todos ellos unidos por una misma exigencia, la de pedir compromiso absoluto a un futbolista que llegaba cedido desde un club grande y del que se esperaba que aportara, además de calidad, un grado extra de profesionalidad y ejemplo en el vestuario.
En esos años de viajes, de desplazamientos largos en autobús y de partidos en campos donde la proximidad de la grada hacía sentir cada grito, Ramón Sánchez Corona fue convirtiéndose en un delantero mucho más hecho, menos impresionable, más consciente de lo que significaba pelear por un balón dividido en el minuto noventa y de lo que suponía para una ciudad entera que el equipo sacara un resultado positivo en un derbi o en un duelo clave ante un rival directo.
REGRESO A CASA, TORREVIEJA C.F., 1977-1979, EL DEBUT SOÑADO EN EL EQUIPO DE SU CIUDAD
La temporada 1977-1978 marcó el regreso de Ramón Sánchez Corona a su tierra, con su incorporación al Torrevieja C.F. en categoría regional, preludio del debut en Tercera que llegaría justo después, un paso que tenía un significado muy especial para un jugador que había salido joven en busca de oportunidades y que ahora volvía como futbolista hecho, con experiencia en diferentes clubes y con un bagaje táctico y físico mucho más completo.
Defender los colores del Torrevieja C.F. supuso para él un cambio de perspectiva, porque ya no se trataba solo de ganarse un sitio en un vestuario nuevo, sino de representar a la ciudad donde había nacido, donde había jugado sus primeros partidos de niño y donde muchas personas lo conocían desde antes de que quisiera dedicarse en serio al fútbol, de modo que cada encuentro en casa se vivía con un componente emocional añadido muy potente.
En ese primer año de regreso, la categoría regional sirvió como terreno de adaptación para un grupo que aspiraba a consolidarse en niveles más altos, y Corona asumió la responsabilidad de liderar el ataque, aportando goles, trabajo sin balón y una capacidad de sacrificio que encajaba muy bien con la mentalidad de un club que entendía el esfuerzo como un valor irrenunciable, especialmente en partidos donde el rival intentaba imponer un juego físico y directo.
La transición hacia la Tercera División en la temporada 1978-1979 se vivió en Torrevieja como un premio al trabajo bien hecho y como una oportunidad histórica para que la ciudad se midiera a equipos de mayor entidad dentro del panorama futbolístico, y en ese contexto se produjo el debut de Ramón Sánchez Corona con el primer equipo en categoría nacional, un momento que aúna el orgullo personal del jugador y la emoción colectiva de una afición que veía a uno de los suyos liderando el ataque del club.
TORREVIEJA C.F. 1978-1983, CINCO TEMPORADAS DE ENTREGA EN TERCERA DIVISIÓN
Entre las temporadas 1978-1979 y 1982-1983, Ramón Sánchez Corona defendió la camiseta del Torrevieja C.F. en Tercera División, convirtiéndose en una de las referencias ofensivas del equipo y en un rostro muy reconocible para la afición, que encontraba en él a un delantero de la casa, con pasado en la órbita del Real Madrid y con una entrega absoluta en cada partido disputado en el estadio municipal y en los campos rivales de la categoría.
En esos años, la Tercera División se caracterizaba por su dureza, por la variedad de estilos, por los desplazamientos largos y por la existencia de muchos clubes que vivían el fútbol como una seña de identidad local, de modo que cada visita de Torrevieja implicaba enfrentarse a equipos que defendían con pasión sus colores y que no regalaban un solo balón dividido, obligando a Corona a explotar al máximo su fortaleza mental y su capacidad para soportar choques, entradas y marcajes muy estrechos.
Con el paso de las temporadas, el delantero torrevejense fue consolidando un vínculo muy fuerte con la grada, porque los aficionados reconocían en él no solo al goleador que celebraba tantos importantes, sino también al jugador que nunca dejaba de correr, que presionaba al portero rival, que se ofrecía como apoyo cuando el equipo sufría y que representaba con orgullo una forma de entender el fútbol basada en el trabajo, la humildad y el compromiso incondicional con el escudo.
En muchos partidos, la figura de Ramón Sánchez Corona se convirtió en un punto de referencia emocional para sus compañeros, porque sabían que, aunque el encuentro se complicara, el nueve seguiría pidiendo el balón, seguiría atacando centros y seguiría intentando romper líneas con desmarques inteligentes, lo que contagiaba al resto del equipo una sensación de resistencia ante la adversidad que ayudaba a sostener resultados e incluso a darle la vuelta a marcadores difíciles.
ORIHUELA DEPORTIVA C.F. 1983-1985, RIVALIDAD COMARCAL Y NUEVO ROL EN TERCERA Y SEGUNDA B
Tras su larga etapa en Torrevieja C.F., Ramón Sánchez Corona fichó por el Orihuela Deportiva C.F., donde jugó en Tercera División durante la temporada 1983-1984 y en Segunda División B en la 1984-1985, un movimiento que, desde el punto de vista geográfico, lo mantenía en el entorno de la Vega Baja, pero que, desde la perspectiva emocional, implicaba cruzar la línea de la rivalidad comarcal, porque los duelos entre Torrevieja y Orihuela se vivían con intensidad histórica.
En Orihuela Deportiva C.F., el delantero torrevejense tuvo que ganarse el respeto de una afición que, acostumbrada a verlo como rival, ahora lo recibía como uno de los suyos, y ese proceso de integración se cimentó en el mismo lenguaje que había utilizado durante toda su carrera, el de la entrega sin reservas, el de la lucha por cada balón, el de la honestidad sobre el césped y el de la convicción de que la mejor forma de hablar es siempre a través del rendimiento en el campo.
La subida a Segunda División B supuso un nuevo desafío deportivo para Corona, ya veterano en términos de experiencia, pero aún dispuesto a competir en categorías exigentes, donde muchos clubes se jugaban la posibilidad de acercarse a la élite o de consolidarse como referentes de sus regiones, y donde los delanteros debían encontrar formas inteligentes de imponerse a defensas muy hechos, con muchos partidos en las piernas y una lectura muy fina de cada jugada.
Durante estas dos temporadas, Ramón Sánchez Corona fortaleció su condición de jugador histórico para el fútbol comarcal, porque acumuló una gran cantidad de derbis, de partidos de máxima rivalidad y de encuentros en los que las gradas de Torrevieja y Orihuela se llenaban hasta el límite, generando ambientes que marcaban la memoria tanto de los aficionados como de los futbolistas, que sentían en la piel que cada acción podía volverse inolvidable para sus pueblos.
EL PERFIL FUTBOLÍSTICO DE RAMÓN SÁNCHEZ CORONA, DELANTERO DE OFICIO Y COMPROMISO
Contemplada con perspectiva, la trayectoria de RAMÓN SÁNCHEZ CORONA delantero Real Madrid dibuja la figura de un delantero que, sin vivir bajo el foco de los grandes estadios de élite, se convirtió en un referente auténtico para el fútbol de su región, alguien que supo trasladar la formación recibida en la órbita del Real Madrid a campos mucho más modestos, pero igualmente exigentes desde el punto de vista competitivo y emocional.
Su perfil futbolístico se caracteriza por la combinación de instinto goleador, capacidad de sacrificio y sentido colectivo, porque Corona nunca fue un delantero que se limitara a esperar la pelota cerca del área, sino que entendió que su papel incluía bajar a ayudar, pelear balones imposibles, soportar marcajes duros y, sobre todo, transmitir al equipo la idea de que ningún partido estaba decidido hasta el último minuto, algo que los aficionados de Torrevieja y Orihuela reconocieron y agradecieron durante años.
Su carrera reflejó también la importancia de los futbolistas que construyen la base del fútbol español lejos de los escaparates principales, porque mientras otros nombres ocupaban portadas en categorías superiores, jugadores como Ramón Sánchez Corona llenaban de contenido emocional y deportivo los fines de semana de muchas ciudades y pueblos, demostrando que el valor de un futbolista no se mide solo por la categoría en la que compite, sino también por la huella que deja en las personas que lo ven jugar semana tras semana.
Al final, la figura de Corona se sostiene sobre una mezcla de datos y sensaciones, de clubes y recuerdos, de goles y esfuerzos, y sobre la certeza de que, para muchísimas personas de la Vega Baja, su nombre seguirá asociado para siempre a tardes de fútbol intenso, a derbis apasionados y a la imagen de un nueve que nunca dejó de atacar cada balón como si fuera el último de su carrera.

1972-1973 Real Madrid Juvenil B, amistoso
De pie, BRITO (-), BLANCO (-), x (-), x (-), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), CORONA (Ramón Sánchez Corona), x (-)
Agachados, ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía), LÓPEZ (Jorge David López Fernández), MARTÍN ROALES (Lorenzo Martín Roales), x(-), x (-), MORENO (Benjamín Moreno Márquez)

































