RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid

RICARDO MARTÍNEZ VELASCO, “RICARDO”, CENTROCAMPISTA MADRILEÑO DE LA CANTERA DEL REAL MADRID QUE CRECIÓ ENTRE EL MAGERIT, EL C.D. SAN BENITO Y UNA LARGA TRAVESÍA POR CARABANCHEL, VALDEMORO Y TOMELLOSO

INFANCIA DE RICARDO MARTÍNEZ VELASCO EN MADRID Y PRIMERAS PELOTAS EN LOS BARRIOS

RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid nació el 2 de abril de 1956 en Madrid, en una ciudad que vivía un crecimiento constante, donde nuevos barrios aparecían al ritmo de edificios levantados con esfuerzo y donde el fútbol se convertía en una especie de respiración colectiva, porque cada tarde los descampados, las plazas y los patios de colegio se llenaban de niños que perseguían un balón como si en ello les fuera la vida.

En ese contexto urbano, el joven Ricardo descubrió muy pronto que el centro del campo le atraía más que ninguna otra zona del terreno de juego, porque le gustaba estar cerca de la pelota en todo momento, recibirla, girar sobre sí mismo, levantar la cabeza y decidir si convenía avanzar con un regate, cambiar de banda con un pase largo o asociarse en corto para mantener la posesión mientras todo el equipo respiraba y se reorganizaba.

Los primeros partidos llegaban sin camisetas numeradas ni pizarras tácticas, solo con la energía de los chicos que salían del colegio, dejaban las mochilas como porterías improvisadas y se repartían en dos grupos, muchas veces sin más criterio que el orden en el que iban llegando, pero en aquel caos aparente, Ricardo Martínez Velasco empezaba a mostrar una cualidad que lo distinguía, la capacidad de ordenar a sus compañeros con palabras sencillas y gestos claros.

Mientras otros buscaban la gloria inmediata del gol, Ricardo sentía una extraña satisfacción cuando lograba robar un balón en el centro del campo, cuando conseguía que su equipo saliera de una presión gracias a un giro rápido y a un pase bien medido, cuando veía cómo una jugada nacía desde sus pies y terminaba en una ocasión creada por la participación de varios compañeros, porque entendía el fútbol como un tejido de conexiones más que como una colección de acciones aisladas.

Su familia, como tantas familias madrileñas de la época, combinaba largas jornadas de trabajo con el cuidado de los hijos, y veía en el fútbol una mezcla de preocupación y orgullo, porque por un lado temía las caídas, las rodillas peladas y los pequeños golpes inevitables, pero por otro lado reconocía que el juego le enseñaba a Ricardo Martínez Velasco el valor del esfuerzo, de la amistad compartida y de la responsabilidad, ya que sus compañeros confiaban en él para organizar el equipo.

Con el paso de los meses, el niño fue transformando aquellos partidos desordenados en una especie de laboratorio personal, donde probaba diferentes formas de recibir, de girar, de proteger la pelota con el cuerpo y de dirigirla hacia espacios libres, sin saber todavía que esos gestos, repetidos una y otra vez sobre la tierra de los descampados, serían la base de su futuro como centrocampista formado en la cantera del Real Madrid.

LLEGADA AL MAGERIT C.F. JUVENIL A, LA PUERTA DE LA CANTERA BLANCA

El talento que RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid mostraba en los campos improvisados de su barrio no tardó en llamar la atención de entrenadores y aficionados acostumbrados a observar a muchos niños jugar, personas capaces de detectar en pocos toques cuándo un chico veía el juego con un segundo de anticipación, cuándo era capaz de encontrar líneas de pase donde otros solo veían piernas rivales y cuándo poseía la serenidad necesaria para no precipitarse con el balón.

Así fue como el nombre de Ricardo empezó a vincularse con la posibilidad de entrar en la estructura de la cantera del Real Madrid, un mundo que, para él y para su entorno, se situaba casi en una dimensión mágica, porque significaba pasar de los descampados al ámbito de los equipos organizados, con entrenamientos estructurados, equipaciones cuidadas y escudos que tenían detrás una historia enorme y una exigencia que imponía respeto desde el primer minuto.

La puerta de acceso a ese universo fue el Magerit C.F. Juvenil A, equipo ligado a la cantera blanca, donde la temporada 1972-1973 representaba un reto importante, ya que el grupo 1 reunía a conjuntos combativos, con jugadores de talento y con entrenadores que entendían el fútbol juvenil no solo como formación, sino también como una competición donde se forjaban caracteres capaces de soportar la presión y la responsabilidad.

El día en que Ricardo Martínez Velasco acudió por primera vez a las instalaciones del Magerit C.F. (Real Madrid Juvenil), sintió que el fútbol adquiría una nueva dimensión, porque los campos estaban trazados con líneas claras, los entrenamientos seguían horarios concretos, los ejercicios se organizaban en bloques y los técnicos corregían detalles que, hasta entonces, quizá solo habían aparecido como intuiciones vagas en su cabeza de chico de barrio.

A pesar de los nervios lógicos, Ricardo comprendió que debía confiar en aquello que lo había traído hasta allí, su capacidad para ofrecer siempre una línea de pase, su calma en situaciones apretadas, su forma de girar sin perder nunca de vista la disposición del resto del equipo y su empeño en tocar el balón con precisión, incluso cuando el rival intentaba encerrarlo con entradas duras y marcajes agresivos.

MAGERIT C.F. (REAL MADRID JUVENIL) 1972-1973, SEXTA POSICIÓN Y UN CENTROCAMPISTA QUE CRECE ENTRE EXIGENCIA Y APRENDIZAJE

La temporada 1972-1973 situó plenamente a RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid en el Magerit C.F. Juvenil A, encuadrado en el grupo 1, donde el equipo terminaría en sexta posición, un resultado que, más allá del número, hablaba de un año de trabajo intenso, de crecimiento colectivo y de consolidación dentro del exigente fútbol base madrileño, en el que la cantera del Real Madrid ocupaba un lugar central.

Bajo la dirección de Juan Calvo Peregrina, el Magerit C.F. (Real Madrid Juvenil) se concebía como algo más que un simple conjunto juvenil, era una pieza clave dentro de un engranaje mayor, una plataforma destinada a desarrollar talento, a acostumbrar a los jugadores a competir con intensidad y a hacerles comprender que cada entrenamiento y cada partido tenían significado dentro de una trayectoria más amplia, que podía llevarlos a otros escalones de la estructura blanca o a muchos clubes del fútbol regional y nacional.

En ese equipo, Ricardo actuaba como centrocampista capaz de unir líneas, recibiendo el balón de los defensas, girando entre rivales, distribuyendo hacia las bandas o hacia los mediapuntas y responsabilizándose también de la fase defensiva, porque los técnicos insistían en que en el fútbol moderno ningún jugador podía limitarse a atacar o a defender, y el mediocampo debía ser la zona donde todo se conectaba y se corregía.

La sexta posición en la tabla no se vivió como una decepción definitiva, sino como un punto de partida, porque los jugadores entendieron que habían sido capaces de competir en muchos encuentros, de resistir partidos complicados y de aprender lecciones valiosas sobre la necesidad de mantener la concentración durante los noventa minutos, de no confiarse con ventajas mínimas y de seguir creyendo en la propia idea de juego incluso cuando los resultados no acompañaban del todo.

Para Ricardo Martínez Velasco, aquella temporada fue un curso acelerado de madurez futbolística, porque se enfrentó a rivales que presionaban alto, que intentaban imponer ritmos frenéticos y que lo obligaban a decidir rápidamente si debía asegurar el pase en corto, lanzar un cambio de orientación o conducir unos metros para atraer a un oponente y liberar a un compañero desmarcado, decisiones que, con el paso de las jornadas, empezó a tomar con creciente seguridad.

Los entrenamientos en el Magerit C.F. Juvenil reforzaron también su disciplina, porque exigían puntualidad, responsabilidad y actitud competitiva constante, y Ricardo entendió que, en la cantera del Real Madrid, el talento era imprescindible pero no suficiente, que hacía falta una ética de trabajo sólida, un respeto absoluto al grupo y una capacidad de autocrítica que permitiera corregir errores sin caer en la autodestrucción.

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil (entrenador Juan Calvo Peregrina)

De pie, CAMPOS (Emilio Campos Vara), TORREJÓN (José Pedro Torrejón), CEJUDO (José Cejudo), DURÁN (José Manuel Pérez Durán), MUÑOZ (Juan Francisco Pérez Muñoz), BEJARANO (-), ZAZO (Adolfo Zazo Cros), x (-) (p.s.)

Agachados, RICARDO (Ricardo Martínez Velasco), PASCUAL (-), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), FLORES (Ricardo Rodríguez Flores), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), ÁLVAREZ (-), BUJALANCE (Miguel Bujalance Garrido).

Izaguirre : « Nos tocó con el Chamartín C.F. y teníamos que perder, porque en teoría el Chamartín C.F. era de mas categoría, pero el entrenador nos dijo que en el primer tiempo a por ellos. Llegamos al descanso 0-0 y en el descanso bajó el Sr. Malbo y teníamos que perder, el resto perdimos 4-0, mis compañeros defensas les decían a los delanteros del Chamartín «entrar en el área, que os hacemos penalty», buena experiencia. »

C.D. SAN BENITO (REAL MADRID JUVENIL) 1973-1974, NUEVO ESCALÓN EN LA FORMACIÓN BLANCA

La temporada 1973-1974 llevó a RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid al C.D. San Benito Juvenil A, otro de los equipos vinculados a la cantera del Real Madrid, que funcionaba como un escalón importante dentro de la estructura formativa, con un enfoque basado en la disciplina, en la metodología del fútbol base y en la idea de que cada jugador debía entender su rol dentro de un sistema más amplio, donde lo individual solo tenía pleno sentido cuando se integraba en lo colectivo.

En el C.D. San Benito, Ricardo encontró un grupo de compañeros que, como él, venían de distintas fases de la cantera blanca, algunos procedentes de otros equipos juveniles, otros recién llegados desde clubes de barrio, y todos compartiendo un objetivo común, demostrar que podían adaptarse a niveles crecientes de exigencia, asumir responsabilidades tácticas más complejas y sostener su rendimiento durante una temporada completa en una categoría donde cada error se analizaba con detenimiento.

El juego del C.D. San Benito Juvenil A demandaba de su centrocampista principal un esfuerzo continuo, porque debía participar en la salida de balón, ofrecer apoyos a los centrales, conectar con los interiores, llegar cerca del área rival cuando la jugada lo pedía y, al mismo tiempo, retroceder rápido tras pérdida para evitar que el equipo quedara partido, y Ricardo Martínez Velasco aceptó ese papel con naturalidad, ya que encajaba con su manera de entender el fútbol como un ir y venir constante.

Cada partido en esa temporada significaba un examen práctico de concentración y valentía, porque el C.D. San Benito se enfrentaba a rivales que conocían la reputación de la cantera madrileña y que veían en esos encuentros una oportunidad especial para demostrar su nivel, apretando más, disputando cada balón dividido con una ferocidad mayor y tratando de desbordar al centro del campo blanco, que debía responder con serenidad y carácter.

Para Ricardo, la etapa en el C.D. San Benito Juvenil A consolidó muchas de las lecciones aprendidas en el Magerit C.F. Juvenil A y añadió nuevas capas a su formación, porque los entrenadores insistían en detalles como la orientación corporal antes de recibir, la importancia de perfilarse bien para ganar tiempo, la necesidad de comunicar constantemente con los compañeros y la obligación de no desaparecer en los partidos grandes, precisamente aquellos que muchos utilizan como referencia para valorar el verdadero nivel de un futbolista.

Al terminar la temporada 1973-1974, Ricardo Martínez Velasco salía reforzado, consciente de que su paso por el Magerit C.F. y el C.D. San Benito formaba parte de un recorrido exigente, y que a partir de ese punto sus pasos podían llevarlo a distintos destinos dentro del fútbol regional y nacional, lugares donde tendría que demostrar que la etiqueta de canterano del Real Madrid no era solo un recuerdo, sino la base de un carácter competitivo sólido.

AÑOS DE TRANSICIÓN Y POSIBLE ETAPA EN EL C.D. CARABANCHEL 1974-1976

La temporada 1974-1975 aparece en la trayectoria de Ricardo Martínez Velasco, un periodo de transición en el que, más allá de no contar con datos precisos de club y categoría, puede interpretarse como una etapa donde el centrocampista siguió entrenando, compitiendo en entornos menos visibles y preparándose para dar el salto definitivo al fútbol regional sénior, algo habitual en muchos jóvenes que salían de la cantera blanca y buscaban su lugar en un mapa futbolístico amplio.

Entre 1975 y 1976, la cronología apunta a una cesión probable al C.D. Carabanchel en 3ª División, un club histórico del fútbol madrileño que durante décadas ha sido escuela de numerosos jugadores, y aunque los detalles concretos de esa etapa no estén recogidos en grandes archivos, resulta verosímil pensar que Ricardo aprovechó aquel posible paso por Carabanchel para adaptarse definitivamente a un fútbol más físico, con rivales veteranos, campos exigentes y una presión de resultados mayor que en las categorías juveniles.

En un contexto así, un centrocampista como Ricardo Martínez Velasco habría tenido que reforzar su resistencia al choque, aprender a proteger mejor el balón ante entradas duras, asumir que en 3ª División las disputas por la pelota no siempre se resolvían con delicadeza y que, sin embargo, su capacidad para pensar rápido y para ordenar al equipo desde el centro del campo seguiría siendo un recurso esencial para cualquier entrenador que apreciara el control del juego.

Aunque esa etapa no esté inundada de cifras verificables ni de crónicas extensas, su posible paso por el C.D. Carabanchel se puede entender como un puente natural entre la formación en el entorno del Real Madrid y los años posteriores en clubes como el Atlético Valdemoro C.F. y el Atlético Tomelloso C.F., donde su carrera se desarrollaría durante un periodo prolongado, demostrando que el fútbol vivido lejos de los focos también exige una entrega diaria difícil de resumir en simples estadísticas.

ATLÉTICO VALDEMORO C.F. 1976-1979, CENTROCAMPISTA DE REFERENCIA EN EL FÚTBOL REGIONAL MADRILEÑO

A partir de la temporada 1976-1977, el nombre de Ricardo Martínez Velasco se vincula con el Atlético Valdemoro C.F., primero en la 1ª Regional Castellana y después en la 1ª Preferente Castellana, en un ciclo que se prolongaría hasta la campaña 1978-1979, convirtiendo al centrocampista madrileño en una pieza importante de un club que representaba a una localidad en crecimiento dentro del cinturón de Madrid, con una afición cada vez más implicada en la vida del equipo.

En la 1ª Regional Castellana, Ricardo debió adaptarse a un fútbol todavía más directo y físico que el vivido en categorías juveniles, con rivales que mezclaban juventud y veteranía, con campos donde las condiciones podían variar mucho entre una jornada y otra y con encuentros donde, muchas veces, el centro del campo se convertía en una auténtica zona de batalla, en la que ganar una segunda jugada podía resultar tan importante como completar una combinación brillante.

Su perfil de centrocampista polivalente encajaba perfectamente con las necesidades del Atlético Valdemoro C.F., porque el equipo requería un jugador capaz de ayudar en la salida de balón, de ofrecer apoyos a los laterales, de llegar al área cuando la jugada lo pedía y de retroceder con rapidez cuando la posesión se perdía, entendiendo que, en esas categorías, el equilibrio entre defensa y ataque se sostiene gracias a futbolistas que no se cansan de correr y de pensar al mismo tiempo.

Con el paso a la 1ª Preferente Castellana, el nivel de exigencia aumentó un escalón, ya que el Atlético Valdemoro C.F. se encontraba ante rivales con proyectos más ambiciosos, plantillas potentes y objetivos que iban desde consolidarse hasta mirar hacia categorías superiores, y en ese contexto, la presencia de un centrocampista como Ricardo Martínez Velasco resultaba especialmente valiosa, porque aportaba experiencia procedente de la cantera del Real Madrid y una comprensión del juego que trascendía la mera lucha física.

Durante estas temporadas, Ricardo se consolidó como un jugador respetado por compañeros, técnicos y rivales, no por gestos grandilocuentes ni por apariciones constantes en crónicas, sino por su regularidad, por su fiabilidad en la entrega de balón, por su predisposición a trabajar sin pausa y por esa cualidad intangible que distingue a los centrocampistas que hacen que los equipos funcionen, incluso cuando el marcador no refleja todo el esfuerzo colectivo.

ATLÉTICO VALDEMORO C.F. 1979-1980, ENTRE 3ª DIVISIÓN Y EL SALTO HACIA TOMELLOSO

La temporada 1979-1980 supuso un nuevo giro en la trayectoria de Ricardo Martínez Velasco, porque el Atlético Valdemoro C.F. aparecía ya en 3ª División, situando al centrocampista madrileño en una categoría nacional donde el nivel de exigencia se incrementaba de manera clara, con rivales mejor estructurados, plantillas con objetivos ambiciosos y un ambiente competitivo donde cada punto podía marcar diferencias importantes al final del curso.

En esa campaña, Ricardo vivió una realidad doble, porque además de formar parte del Atlético Valdemoro C.F. en 3ª División, la cronología señala su incorporación, desde abril, al Atlético Tomelloso C.F. en Preferente Castellana, lo que implicaba cambiar de entorno, de compañeros y de afición en pleno tramo final de temporada, un desafío que solo futbolistas con capacidad de adaptación y carácter aceptan con naturalidad.

Durante la parte del curso desarrollada en Valdemoro, el centrocampista había seguido ejerciendo su papel de eje en el centro del campo, acostumbrado a enfrentarse a equipos que presionaban alto, que buscaban obligar al rival a jugar en largo y que convertían la zona ancha en un terreno de disputa constante, donde la serenidad para controlar el balón, para ofrecer una salida clara y para resistir los golpes físicos se convertía en una cualidad imprescindible para sostener el juego del equipo.

El cambio hacia el Atlético Tomelloso C.F., ya avanzado el año, representó una mudanza tanto deportiva como personal, porque Ricardo Martínez Velasco se alejaba del entorno madrileño para adentrarse en una realidad distinta, vinculada a Castilla-La Mancha, con una ciudad y una afición que vivían el fútbol como parte central de su identidad, viendo en el equipo un reflejo de su carácter luchador y de su orgullo local.

ATLÉTICO TOMELLOSO C.F. 1979-1984, CINCO AÑOS DE COMPROMISO EN EL FÚTBOL CASTELLANO

La llegada de Ricardo Martínez Velasco al Atlético Tomelloso C.F. desde abril de 1980 marcó el inicio de una etapa larga y significativa en su trayectoria, porque el club manchego se convertiría en el escenario principal de los últimos años de su carrera conocida, primero en la Preferente Castellana y después atravesando distintas categorías regionales, siempre con el denominador común de una afición entregada y de un entorno donde el fútbol se vivía con intensidad sincera.

En la temporada 1979-1980, aunque solo disputara el tramo final, Ricardo tuvo que integrarse con rapidez en el vestuario del Atlético Tomelloso C.F., conociendo los automatismos del equipo, la forma de atacar y defender, los roles ya establecidos y la manera en que el entrenador entendía el centro del campo, porque su llegada no significaba partir de cero, sino incorporarse a una maquinaria en pleno funcionamiento, a la que debía sumar su experiencia sin alterar los equilibrios básicos.

La campaña 1980-1981 lo encontró ya plenamente asentado en el club, compitiendo en la Preferente Castellana, donde los viajes por la región, los campos con gradas cercanas y la rivalidad entre localidades convertían cada partido en un acontecimiento importante, especialmente en un lugar como Tomelloso, donde el equipo representaba una parte esencial del orgullo colectivo y donde los jugadores se sentían observados y arropados en cada paso.

En esta fase, Ricardo Martínez Velasco se consolidó como centrocampista de referencia para el Atlético Tomelloso C.F., porque aunando su formación en la cantera del Real Madrid con la experiencia acumulada en Valdemoro y otras etapas previas, ofrecía una combinación de visión de juego, trabajo defensivo y capacidad para enlazar líneas que resultaba especialmente útil en categorías donde muchos equipos basaban su plan de partido en la intensidad y el juego directo.

La temporada 1981-1982 llevó al equipo a la 2ª Regional Ordinaria Castellana, una categoría que, pese a situarse lejos de los grandes focos, exigía el mismo tipo de compromiso semanal que los niveles superiores, porque los desplazamientos, las condiciones de los campos y la necesidad de sumar puntos para cumplir objetivos mantenían la presión constante sobre jugadores y cuerpo técnico, y Ricardo siguió siendo una pieza clave para dar sentido al juego del equipo desde el centro.

En 1982-1983, el Atlético Tomelloso C.F. competía en la 1ª Regional Ordinaria Castellana, lo que suponía un nuevo ajuste de categoría, y el centrocampista madrileño continuó adaptándose a cada salto competitivo, entendiendo que los cambios de división no alteraban la esencia de su labor, porque su responsabilidad seguía siendo la misma, ofrecer equilibrio, claridad y esfuerzo constante en una zona del campo donde todo pasa y donde los errores se castigan con severidad.

La temporada 1983-1984 situó al club en la 1ª Preferente Castellana, cerrando así un ciclo de ascensos dentro del fútbol regional que, más allá de los datos concretos, reflejaba un periodo de crecimiento del proyecto deportivo, en el que la aportación de jugadores experimentados como Ricardo Martínez Velasco resultaba fundamental, porque ayudaban a sostener la competitividad del equipo, a guiar a los más jóvenes y a afrontar partidos decisivos con la calma de quien ya había vivido muchas batallas.

En estos años en Tomelloso, Ricardo no solo era un centrocampista que corría, cortaba y pasaba, sino también una especie de extensión del entrenador sobre el césped, porque su trayectoria previa le permitía interpretar órdenes tácticas, ajustar detalles sobre la marcha y hablar con compañeros durante el juego para corregir desajustes, algo que los técnicos valoran especialmente en jugadores que conocen bien la importancia de cada metro en el campo.

LEGADO DE RICARDO MARTÍNEZ VELASCO, CENTROCAMPISTA DE CANTERA Y DE FÚTBOL REGIONAL

Cuando se observa en conjunto la carrera de RICARDO MARTÍNEZ VELASCO centrocampista Real Madrid, se descubre la trayectoria de un centrocampista que, lejos de las portadas de los grandes periódicos, construyó su vida futbolística a partir de una base sólida en la cantera del Real Madrid, con etapas en el Magerit C.F. Juvenil A y el C.D. San Benito Juvenil A, y la prolongó durante años en el fútbol regional madrileño y castellano, defendiendo camisetas como las del Atlético Valdemoro C.F. y el Atlético Tomelloso C.F..

Su historia demuestra que la cantera blanca no solo sirve para alimentar al primer equipo o a los grandes clubes profesionales, sino también para nutrir de jugadores formados, serios y comprometidos a un tejido amplio de equipos que sostienen el fútbol real, ese que se juega en campos de barrio, en estadios modestos y en categorías donde la pasión de la gente es tan intensa como en los escenarios más famosos, aunque las cámaras no lleguen con la misma frecuencia.

Como centrocampista, Ricardo representó el modelo de jugador que entiende el juego desde la responsabilidad, porque sabía que su labor consistía en dar equilibrio, en ofrecer siempre apoyo al compañero, en evitar pérdidas peligrosas en zonas centrales y en correr tantos metros hacia atrás como hacia adelante, convencido de que un equipo sólido empieza a construirse en el mediocampo, donde se decide el ritmo de los partidos.

Los entrenadores que contaron con Ricardo Martínez Velasco encontraron en él un futbolista dispuesto a escuchar, a adaptarse a nuevas ideas, a cambiar su posición si el plan del partido lo requería y a asumir que el brillo no siempre iba a ser suyo, porque entendía que el verdadero éxito de un centrocampista no se mide solo en goles o asistencias, sino también en la cantidad de veces que el equipo consigue llegar ordenado a las dos áreas.

Su legado persiste en los recuerdos de quienes compartieron vestuario en el Magerit C.F. Juvenil, en el C.D. San Benito, en el Atlético Valdemoro C.F. y en el Atlético Tomelloso C.F., compañeros que vieron en él a un jugador que jamás se escondía, que acudía a cada entrenamiento con la misma seriedad, que respetaba al rival y al árbitro y que asumía en silencio las críticas cuando las cosas no salían bien, utilizando cada tropiezo como una oportunidad para corregir detalles y mejorar.

En la gran red del fútbol español, donde las historias de las grandes estrellas se entrelazan con miles de trayectorias menos visibles pero igualmente valiosas, el camino de Ricardo Martínez Velasco recuerda que la cantera del Real Madrid se expande mucho más allá de los muros del estadio principal, prolongándose en campos de Valdemoro, de Tomelloso y de tantos otros lugares donde el balón sigue rodando gracias a centrocampistas como él, que hacen del juego una forma de vida basada en el esfuerzo, la lealtad y el amor por el fútbol.

 

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil

De pie, Sr. Juan Calvo Peregrina (entrenador), CAMPOS (Emilio Campos Vara), BEJARANO (-), TORREJÓN (José Pedro Torrejón), DURÁN (José Manuel Pérez Durán), ZAZO (Adolfo Zazo Cros), x, BARGUEÑO (-)

Agachados, PASCUAL (-), x, RICARDO MARTÍNEZ (Ricardo Martínez Velasco), GARCÍA MARTÍN (Andrés García Martín), FLORES (Ricardo Rodríguez Flores), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), ROBERTO (-), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque)

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil

De pie, CAMPOS (Emilio Campos Vara), BUJALANCE (Miguel Bujalance Garrido), x, ZAZO (Adolfo Zazo Cros), MUÑOZ (Juan Francisco Pérez Muñoz), BEJARANO (-), BLÁZQUEZ (Juan Andrés Blázquez Gómez), BARGUEÑO (-), Sr. Juan Calvo Peregrina (entrenador)

Agachados, RICARDO MARTÍNEZ (Ricardo Martínez Velasco), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), ROBERTO (-), x, GARCÍA MARTÍN (Andrés García Martín), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), PASCUAL (-)

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