El ciclo de cesiones en el Algemesí C.F. y C.D. Olímpico de Xàtiva (1975-1977)
Para adquirir experiencia en el balompié sénior, el club blanco acordó su cesión al Algemesí C.F. durante el ejercicio 1975-1976. En Regional valenciana asumió la responsabilidad ofensiva, puliendo su resistencia física en campos difíciles.
En la temporada 1976-1977 continuó su rodaje en la Comunidad Valenciana a préstamo en el C.D. Olímpico de Xàtiva. Con el conjunto setabense compitió en Tercera División, firmando dianas decisivas y demostrando una notable jerarquía.
Rafael Martínez Ruiz confirmó su habilidad para generar peligro al contragolpe con espacios por delante. Sus actuaciones en La Murta ratificaron su crecimiento como un atacante incisivo y maduro.
El protagonismo en el Racing Club Portuense en Segunda División B (1977-1978)
En el verano de 1977 la entidad merengue formalizó su cesión al Racing Club Portuense en la recién estrenada Segunda División B. El ariete regresó a tierras andaluzas para competir en la división de bronce nacional.
En el estadio José del Cubillo se ganó el cariño de la afición gracias a su entrega incombustible. Desbordó con electricidad por las bandas y perforó las porterías contrarias en momentos determinantes del campeonato.
Completó un curso muy regular frente a clubes históricos de toda la geografía española. Su brillo en El Puerto de Santa María llamó la atención de entidades de categoría superior.
El salto a Segunda División con el C.D. Castellón y paso por el Villarreal C.F. (1978-1979)
Tras finalizar su ciclo con el club blanco, en 1978 estampó su firma con el C.D. Castellón en Segunda División. En el estadio de Castalia vivió la exigencia del fútbol profesional español con el cuadro albinegro.
Durante esa misma temporada 1978-1979 también defendió la elástica del Villarreal C.F. en Tercera División. En el conjunto amarillo aportó descaro y rapidez para apuntalar la línea vanguardista.
Balilla demostró su capacidad para competir tanto en la división de plata como en la de bronce territorial. Dejó constancia de una actitud generosa y un permanente espíritu de sacrificio por el bloque.
La lucha en Segunda División B con la U.D. Vall de Uxó (1979-1980)
Para la campaña 1979-1980 se incorporó a la U.D. Vall de Uxó para competir en el Grupo 2 de Segunda División B. En el estadio José Mangriñán asumió un rol indiscutible en la vanguardia del equipo castellonense.
Peleó cada balón frente a defensas corpulentas, utilizando su baja estatura y centro de gravedad para zafarse de los marcajes. Su velocidad sirvió de desahogo para el planteamiento táctico de su entrenador en compromisos igualados.
El futbolista granadino completó un ejercicio notable, sumando valiosos minutos de experiencia en la categoría de bronce. Su profesionalidad quedó acreditada en cada desplazamiento dominical por la península.
La etapa balear en la U.D. Poblense y el salto internacional al S.C. Farense (1980-1982)
En el curso 1980-1981 aceptó la propuesta de la U.D. Poblense para competir en el campeonato balear de Tercera División. En Sa Pobla exhibió su repertorio habitual de desbordes, centros milimétricos y definiciones letales.
En 1981 decidió emprender una aventura internacional tras comprometerse con el S.C. Farense del fútbol portugués. En el Algarve conoció un balompié diferente, enriqueciendo su bagaje táctico frente a rivales lusos de gran nivel.
Rafael Martínez Ruiz se adaptó rápidamente a la competición del país vecino con su habitual humildad. Aquella experiencia internacional consolidó su figura como un delantero completo, versátil y resolutivo.
El paso por el C.F. Lorca Deportiva y la gloria en la Real Balompédica Linense (1982-1984)
Comenzó el ejercicio 1982-1983 militando en el C.F. Lorca Deportiva en el marco de la Segunda División B. Posteriormente recaló en la histórica Real Balompédica Linense, logrando un brillante ascenso a la división de bronce en Tercera División.
En la temporada 1983-1984 fue una pieza angular de la Real Balompédica Linense en Segunda División B. En el estadio Municipal de La Línea deslumbró con jugadas eléctricas que encandilaron a la afición balona.
Balilla ejerció de atacante curtido, liderando los contragolpes con templanza e inteligencia espacial. Cerró su periplo en el Campo de Gibraltar dejando una impronta imborrable de coraje y pundonor.
El legado de Rafael Martínez Ruiz «Balilla»: El extremo veloz e incansable
La trayectoria deportiva de RAFAEL MARTÍNEZ RUIZ Delantero Real Madrid, Balilla, refleja la pasión incondicional por el fútbol modesto y profesional. Desde sus orígenes en el Guadix C.F. demostró un instinto innato para superar rivales por velocidad.
Su paso formativo por el Real Madrid Amateur con Juan Calvo Peregrina forjó su disciplina táctica y su carácter solidario. Defendió las camisetas de entidades históricas andaluzas, levantinas, baleares y portuguesas con idéntica entrega dominical.
Nunca escatimó un solo esfuerzo físico en beneficio del equipo, convirtiéndose en un delantero querido por compañeros y entrenadores. Su recuerdo permanece vivo entre los aficionados que disfrutaron de sus carreras electrizantes y su honradez profesional.
La vida después de las botas: El retorno a las raíces y la memoria viva del extremo accitano
Tras concluir su etapa en la Real Balompédica Linense al término de la temporada 1983-1984, Rafael Martínez Ruiz tomó la decisión de cerrar su trayectoria como futbolista en activo. Con apenas veintisiete años y más de una década de exigencia física continua, puso fin a un intenso periplo deportivo por los campos de España y Portugal.
El adiós a la competición supuso abandonar los viajes dominicales, la concentración permanente y el ritmo vertiginoso de los terrenos de juego. Rafael Martínez Ruiz canalizó la disciplina, la capacidad de sacrificio y la humildad forjadas en el césped hacia su vida laboral y personal fuera del fútbol profesional.
Siempre conservó un profundo orgullo por sus inicios formativos en el Guadix C.F. y por su etapa en la antigua Ciudad Deportiva con el Real Madrid Amateur. Guardó con especial cariño las lecciones tácticas aprendidas bajo la dirección de Juan Calvo Peregrina, así como el calor de aficiones históricas en Castellón, El Puerto de Santa María y La Línea de la Concepción.
En cada localidad donde defendió una camiseta dejó el recuerdo de un atacante honesto, rápido y solidario con sus compañeros de vestuario. Su figura perdura como un ejemplo intachable del extremo clásico que convirtió su pasión por el balón en una valiosa escuela de vida.