ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid

ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN, “ORTIZ”, DELANTERO NACIDO EN ARANJUEZ QUE SOÑÓ CON EL GOL EN LA CANTERA DEL REAL MADRID ENTRE EL INFANTIL A, EL MAGERIT, EL CHAMARTÍN Y EL REAL MADRID JUVENIL A ANTES DE SALTAR A LA A.D. URALITA

INFANCIA DE ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN EN ARANJUEZ, FÚTBOL EN LAS CALLES Y PRIMEROS SUEÑOS BLANCOS

ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid nació el 22 de agosto de 1957 en Aranjuez, una ciudad madrileña atravesada por ríos, jardines históricos y una tradición deportiva en la que el fútbol ocupaba un lugar muy especial en la vida de muchos niños, que crecían entre paseos arbolados, plazas amplias y barrios donde el balón parecía rodar de manera natural, como si formara parte del paisaje cotidiano desde siempre.

En ese entorno, el joven Ortiz descubrió muy pronto que la portería rival era un imán irresistible, porque cada vez que alguien colocaba dos chaquetas, dos mochilas o dos piedras para marcar un arco improvisado, él se colocaba delante con la determinación de quien siente que su misión consiste en transformar cada pase recibido en una oportunidad real de gol, aunque el campo fuera de tierra, el balón estuviera gastado y las porterías fueran pequeñas invenciones de la imaginación infantil.

Los partidos en las calles y descampados de Aranjuez se organizaban casi sin reglas escritas, pero con códigos perfectamente entendidos, equipos formados a base de turnos y amistades, discusiones sobre si el balón había entrado o no, celebraciones exageradas tras cada tanto y una mezcla de risas, gritos y polvo que se quedaba pegado en la ropa y en la memoria, y en medio de todo ese ruido, el nombre de Ángel J. Ortiz Martín empezaba a sonar como el de un delantero al que convenía tener siempre en tu equipo.

Mientras muchos niños cambiaban de posición según el cansancio o el estado del balón, Ortiz insistía en mantenerse cerca del área rival, no por comodidad, sino porque sentía que desde allí podía causar más daño al equipo contrario, aprendiendo a moverse entre piernas, a buscar espacios pequeños, a girar rápido con el balón pegado al pie y a decidir con rapidez si convenía disparar fuerte, colocar el tiro o esperar un segundo más para arrastrar al portero y dejar solo a un compañero.

En casa, sus padres observaban con una mezcla de orgullo y preocupación esa dedicación casi obsesiva al balón, porque sabían que el fútbol podía abrir puertas y enseñar valores, pero también temían los estudios descuidados, las caídas constantes y el riesgo inevitable de que un sueño tan grande como el de llegar al Real Madrid terminara convirtiéndose en una fuente de frustración si las cosas no salían como él imaginaba, y aun así decidieron acompañarlo, marcando límites, pero nunca apagando la ilusión.

Con los años, las tardes de juego en Aranjuez empezaron a atraer la atención de entrenadores y aficionados más experimentados, que veían en Ángel J. Ortiz Martín algo más que un niño habilidoso, identificaban en sus movimientos y en su relación con el gol una forma distinta de interpretar el puesto de delantero, porque no solo corría rápido y remataba con fuerza, también levantaba la cabeza, se asociaba con sus compañeros y entendía que el gol era el final de una jugada trabajada entre muchos.

LLEGADA AL REAL MADRID INFANTIL A 1971-1972, EL PRIMER PASO FORMAL EN LA CANTERA BLANCA

El salto de ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid desde los campos y plazas de Aranjuez hasta la estructura del Real Madrid se produjo con su incorporación al Real Madrid Infantil A en la temporada 1971-1972, un acontecimiento que transformó su vida cotidiana, porque significaba viajar con frecuencia desde su ciudad hasta las instalaciones del club blanco, enfrentarse a entrenamientos organizados y convivir con otros niños que también habían sido seleccionados por su talento en distintos rincones de Madrid y provincias cercanas.

En el Real Madrid Infantil A, Ortiz se encontró con una realidad muy diferente a la de los partidos improvisados en Aranjuez, porque los entrenamientos tenían horarios precisos, se trabajaban aspectos técnicos concretos, como la conducción con ambas piernas, los controles orientados, los remates desde distintas posiciones y los desmarques coordinados, y además se empezaban a introducir conceptos tácticos básicos, como el orden en defensa, la amplitud en ataque y el valor de ocupar bien los espacios.

Para un delantero como Ángel J. Ortiz Martín, acostumbrado a improvisar en los suelos irregulares de su ciudad natal, la experiencia de jugar en campos mejor cuidados, con líneas bien trazadas y porterías reglamentarias resultaba casi un descubrimiento técnico, porque el balón rodaba de otra manera, los botes eran más previsibles y eso le permitía afinar todavía más su disparo, ajustar mejor los regates y explorar recursos que antes quedaban limitados por el terreno de juego.

Cada fin de semana, cuando el Real Madrid Infantil A disputaba partidos oficiales, Ortiz sentía una mezcla intensa de nervios y entusiasmo, porque sabía que, aunque todavía era un niño, vestía la camiseta de un club gigantesco, cuyos aficionados y técnicos esperaban no solo talento, sino también actitud, compañerismo y respeto por el rival, valores que los entrenadores se encargaban de repetir una y otra vez en los vestuarios y durante las charlas previas a los encuentros.

Ese primer año en la estructura blanca sirvió para que Ángel J. Ortiz Martín entendiera que la vida del futbolista de cantera era muy diferente a la del niño que simplemente juega por diversión, porque debía compaginar estudios, entrenamientos, desplazamientos y competición, aprendiendo a gestionar el cansancio, la presión y también las decepciones, ya que no todos los partidos salían bien, ni todas las ocasiones terminaban en gol, y sin embargo el compromiso debía mantenerse intacto.

MAGERIT C.F. (REAL MADRID JUVENIL A) 1972-1973, DELANTERO DE UN EQUIPO QUE CRECE DESDE LA SEXTA POSICIÓN

La temporada 1972-1973 llevó a ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid a integrarse en el Magerit C.F. (Real Madrid Juvenil A), dentro del grupo 1, en un conjunto que terminaría en sexta posición, un lugar que, más allá de la cifra, reflejaba una etapa de crecimiento competitivo, de aprendizaje colectivo y de adaptación a un nivel de exigencia superior, porque el fútbol juvenil implicaba rivales más fuertes físicamente, partidos más tácticos y una presión añadida sobre los jugadores llamados a representar el futuro de la cantera blanca.

Bajo la dirección de Juan Calvo Peregrina, el Magerit C.F. Juvenil A apostaba por un juego en el que los delanteros no eran simples rematadores estacionados en el área, sino piezas activas en la elaboración, obligados a ofrecer desmarques de apoyo, a tirar diagonales para arrastrar defensas, a participar en la presión inicial tras pérdida y a combinar con los centrocampistas, buscando superioridades por dentro o por fuera según la situación del partido.

En ese contexto, Ortiz tuvo que enriquecer su repertorio, incorporando a su instinto goleador una comprensión más profunda del juego colectivo, aprendiendo a elegir cuándo debía atacar el primer palo, cuándo convenía esperar atrás para un remate de segunda jugada y cuándo era mejor dejar pasar un balón para que otro compañero aprovechara la distracción de la defensa, porque el entrenador insistía en que los movimientos sin balón eran tan importantes como los toques visibles.

Los partidos del Magerit C.F. (Real Madrid Juvenil) en aquel grupo 1 eran duros, con rivales que se motivaban especialmente ante la presencia de un equipo asociado al Real Madrid y que multiplicaban su intensidad en cada duelo, presionando con fuerza, protestando cada decisión arbitral y llenando las gradas con aficionados que veían estos encuentros como una especie de escaparate del futuro del fútbol regional, y en medio de ese ambiente, Ángel J. Ortiz Martín aprendió a soportar la presión de tener que responder con goles o, al menos, con actuaciones que justificaran su presencia en el once.

La sexta posición final dejó al equipo con la sensación de que había margen de mejora, pero también con la certeza de que aquel año había servido para construir cimientos sólidos, y Ortiz salió de la temporada convencido de que su manera de entender el puesto de delantero había cambiado, porque ahora se sentía tan responsable de la primera presión defensiva como de la definición en el área, entendiendo que el fútbol moderno pedía atacantes completos, capaces de trabajar en ambas direcciones.

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil (entrenador Juan Calvo Peregrina)

De pie, CAMPOS (Emilio Campos Vara), TORREJÓN (José Pedro Torrejón), CEJUDO (José Cejudo), DURÁN (José Manuel Pérez Durán), MUÑOZ (Juan Francisco Pérez Muñoz), BEJARANO (-), ZAZO (Adolfo Zazo Cros), x (-) (p.s.)

Agachados, RICARDO (Ricardo Martínez Velasco), PASCUAL (-), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), FLORES (Ricardo Rodríguez Flores), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), ÁLVAREZ (-), BUJALANCE (Miguel Bujalance Garrido).

Izaguirre : « Nos tocó con el Chamartín C.F. y teníamos que perder, porque en teoría el Chamartín C.F. era de mas categoría, pero el entrenador nos dijo que en el primer tiempo a por ellos. Llegamos al descanso 0-0 y en el descanso bajó el Sr. Malbo y teníamos que perder, el resto perdimos 4-0, mis compañeros defensas les decían a los delanteros del Chamartin «entrar en el área, que os hacemos penalty», buena experiencia. »

CHAMARTÍN C.F. JUVENIL A 1973-1974, SUBCAMPEONES DEL GRUPO 1 CON JUAN CALVO PEREGRINA

La temporada 1973-1974 supuso un nuevo paso en la trayectoria de ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid, al incorporarse al Chamartín C.F. Juvenil A, también vinculado a la cantera del Real Madrid, nuevamente bajo la dirección de Juan Calvo Peregrina, en un equipo que terminó como subcampeón del grupo 1, demostrando una progresión clara respecto al año anterior y consolidando un estilo de juego más maduro, más reconocible y más competitivo frente a los mejores rivales juveniles del entorno.

En este Chamartín C.F. Juvenil A, Ortiz se encontró con una plantilla en la que muchos jugadores ya se conocían de etapas anteriores y donde el engranaje táctico estaba mejor ajustado, lo que permitía a los delanteros desarrollar movimientos más coordinados, automatismos trabajados en los entrenamientos y una capacidad mayor para sorprender a las defensas rivales con cambios de ritmo, permutas de posición y asociaciones rápidas cerca del área.

El subcampeonato del grupo 1 se construyó a base de partidos muy competidos, en los que Ángel J. Ortiz Martín tuvo que asumir responsabilidades importantes en ataque, no solo como finalizador, sino también como generador de espacios para otros compañeros, aceptando que, en muchos encuentros, su mejor contribución no era necesariamente marcar, sino crear la confusión suficiente en la línea defensiva contraria para que otros aparecieran en posiciones ventajosas.

Los entrenamientos con Juan Calvo Peregrina se centraban en afinar la coordinación entre líneas, en reforzar la presión tras pérdida y en mejorar la toma de decisiones en los metros finales, insistiendo en que un delantero de cantera blanca debía saber cuándo finalizar con contundencia y cuándo tener la paciencia suficiente para esperar una opción mejor, incluso si eso significaba renunciar a un disparo aceptable en favor de una jugada todavía más clara.

Al término de esa temporada, Ortiz había ganado no solo gol y confianza, sino también una comprensión más profunda del juego posicional, de las ventajas que se generan con movimientos inteligentes y de la importancia de los pequeños detalles técnicos, como el primer control, la orientación del cuerpo y la calidad del último pase, que muchas veces separan una buena ocasión de una jugada desperdiciada.

REAL MADRID JUVENIL A 1973-1974, CONTACTO CON EL EQUIPO CAMPEÓN DEL GRUPO 1

En esa misma temporada 1973-1974, el entorno de ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid se acercó también al Real Madrid Juvenil A, el equipo de referencia de la cantera blanca, que se proclamó campeón del grupo 1 bajo la dirección de Manuel Sanchís Martínez, convirtiéndose en un espejo constante para todos los juveniles que trabajaban en estructuras cercanas como el Chamartín C.F., ya que representaba el nivel máximo al que podían aspirar dentro de su franja de edad.

Aunque no se detallen con precisión todos los minutos y partidos compartidos, el hecho de estar en una dinámica cercana al Real Madrid Juvenil A permitió a Ortiz observar de primera mano los estándares de exigencia de un equipo campeón, donde cada posición estaba muy disputada, donde la competencia interna obligaba a dar el máximo en cada entrenamiento y donde cualquier oportunidad para entrar en una convocatoria se vivía como un premio al trabajo silencioso de toda la semana.

Compartir entrenamientos, sesiones tácticas o simplemente vestuario en algunos momentos con jugadores del Real Madrid Juvenil A ayudó a Ángel J. Ortiz Martín a interiorizar que el margen entre ser uno más en la cantera y convertirse en un nombre con posibilidades de seguir escalando era muy estrecho, y dependía tanto del talento como de la capacidad para rendir cuando la presión se multiplicaba, cuando el rival era duro y cuando el partido exigía mucho más que simple inspiración individual.

Esa convivencia con el entorno del equipo campeón reforzó también su convicción de que, aunque no todos los caminos conducen al primer equipo del Real Madrid, la formación recibida en esas etapas dejaba una huella profunda en la forma de entender el fútbol, una huella que luego se vería en cualquier club al que llegara, desde la élite hasta las categorías más humildes, porque ciertos hábitos y ciertas exigencias se graban para siempre en quienes pasan por La Fábrica.

CAMINO HACIA LA A.D. URALITA 1975-1976 Y APERTURA AL FÚTBOL REGIONAL

Tras ese periodo intenso en la cantera blanca, la temporada 1974-1975 aparece como una etapa poco documentada en la trayectoria de Ángel J. Ortiz Martín, un año que puede interpretarse como tiempo de transición, de entrenamientos, de búsqueda de hueco real en el entramado de equipos juveniles y amateurs del club y de reflexión sobre los siguientes pasos, porque muchos canteranos se encontraban entonces ante encrucijadas similares, en las que debían decidir si seguir peleando dentro de la estructura o buscar minutos lejos del foco principal.

La temporada 1975-1976 marcó un nuevo capítulo claro, con la cesión de Ortiz a la A.D. Uralita en 1ª Regional, un club donde el fútbol se vivía con una cercanía diferente, más pegado al barrio, a las fábricas, a los trabajos diarios, y donde muchos jugadores combinaban sus obligaciones laborales con la pasión por competir cada fin de semana, haciendo que el ambiente en el vestuario y en las gradas tuviera un sabor distinto al de la cantera del Real Madrid.

Para un delantero que venía de entrenar en instalaciones de alto nivel, jugar en campos de 1ª Regional supuso un reto nuevo, porque los terrenos de juego podían ser irregulares, las defensas se empleaban con dureza, las entradas eran más físicas y los árbitros debían lidiar con un ambiente de proximidad, donde los aficionados estaban muy encima del césped y vivían cada jugada a muy pocos metros de distancia, generando una presión constante que Ángel J. Ortiz Martín tuvo que aprender a gestionar.

En la A.D. Uralita, Ortiz dejó de ser “solo” un canterano prometedor y pasó a convertirse en el delantero al que muchos miraban para resolver partidos apretados, porque su formación en el Real Madrid generaba expectativas entre compañeros y rivales, que querían ver si aquel juvenil acostumbrado a entrenar en la Ciudad Deportiva era capaz de rendir también en campos más humildes, ante defensas que no se dejaban impresionar por el currículum de nadie.

Esta etapa en la A.D. Uralita ayudó a Ángel J. Ortiz Martín a completar una parte esencial de su formación, porque le enseñó que el gol tiene el mismo valor emocional en un campo lleno de barro que en un césped perfecto, que el respeto de los compañeros se gana igual en 1ª Regional que en una categoría superior y que el hecho de haber pasado por la cantera blanca otorga un cierto prestigio, pero no garantiza nada si el esfuerzo diario no se mantiene intacto.

LEGADO DE ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN, DELANTERO ENTRE ARANJUEZ, LA CANTERA BLANCA Y LA 1ª REGIONAL

Al mirar en conjunto la trayectoria de ÁNGEL J. ORTIZ MARTÍN delantero Real Madrid, aparece la figura de un delantero que nació entre los paseos y jardines de Aranjuez, que aprendió a amar el gol en campos de tierra y en plazas llenas de niños y que encontró en la cantera del Real Madrid un camino de formación exigente, marcado por el paso por el Real Madrid Infantil A, el Magerit C.F. Juvenil A, el Chamartín C.F. Juvenil A y el entorno del Real Madrid Juvenil A, antes de adentrarse en la realidad intensa del fútbol regional con la A.D. Uralita.

Su historia demuestra que no todos los sueños ligados a la camiseta blanca desembocan en el primer equipo del Real Madrid, pero eso no significa que se desvanezcan, porque muchos de esos sueños se transforman, se adaptan y acaban dando sentido a carreras que se desarrollan en campos más modestos, donde el fútbol se mezcla con el trabajo diario, donde las gradas están pegadas al césped y donde cada gol de un delantero formado en La Fábrica se celebra como una prueba de que aquel esfuerzo en las categorías inferiores sigue vivo muchos años después.

Como delantero, Ortiz encarnó la figura del atacante que combina el instinto de área con la capacidad de sacrificio, porque aprendió en la cantera que un atacante moderno no puede limitarse a esperar balones en la frontal, sino que debe presionar, ofrecer desmarques de apoyo, abrir espacios para sus compañeros y aceptar que muchos de sus mejores trabajos no quedarán reflejados en las estadísticas, pero sí en el funcionamiento colectivo del equipo, algo que vivió tanto en el Magerit y el Chamartín como en la A.D. Uralita.

Para quienes compartieron vestuario con Ángel J. Ortiz Martín, su legado no se resume en un listado de cifras, sino en recuerdos de entrenamientos en los que nunca se guardó nada, de partidos en los que corrió hasta la última jugada aunque el marcador fuera adverso, de conversaciones en las que hablaba con cariño de sus días en la cantera blanca y de un sentimiento constante de responsabilidad, porque sabía que llevar en el pasado el escudo del Real Madrid implicaba comportarse siempre con una seriedad y un respeto acordes a ese origen.

En Aranjuez, su nombre forma parte de esa memoria compartida que se alimenta de historias contadas una y otra vez en los bares, en las gradas y en las tertulias, donde se recuerda al chico que salió de la ciudad para probar en el Real Madrid Infantil A, que convirtió los campos del Magerit y del Chamartín en escenarios de su aprendizaje y que después llevó todo ese bagaje a clubes como la A.D. Uralita, demostrando que el puente entre el fútbol de élite formativa y el fútbol regional puede ser recorrido con dignidad, con humildad y con un amor verdadero por el juego.

En la historia silenciosa de la cantera del Real Madrid, esa que no siempre aparece en los grandes libros pero que sostiene la identidad de La Fábrica, nombres como el de Ángel J. Ortiz Martín recuerdan que cada niño que se enfunda una camiseta blanca en categorías inferiores lleva dentro una historia que merece ser contada, incluso cuando su destino final no son los focos del estadio principal, sino las porterías de campos de barrio, donde el eco de los goles suena diferente, pero igual de auténtico.

 

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil

De pie, Sr. Juan Calvo Peregrina (entrenador), CAMPOS (Emilio Campos Vara), BEJARANO (-), TORREJÓN (José Pedro Torrejón), DURÁN (José Manuel Pérez Durán), ZAZO (Adolfo Zazo Cros), x, BARGUEÑO (-)

Agachados, PASCUAL (-), x, RICARDO MARTÍNEZ (Ricardo Martínez Velasco), GARCÍA MARTÍN (Andrés García Martín), FLORES (Ricardo Rodríguez Flores), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), ROBERTO (-), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque)

1972-1973 Magerit C.F. Juvenil

De pie, CAMPOS (Emilio Campos Vara), BUJALANCE (Miguel Bujalance Garrido), x, ZAZO (Adolfo Zazo Cros), MUÑOZ (Juan Francisco Pérez Muñoz), BEJARANO (-), BLÁZQUEZ (Juan Andrés Blázquez Gómez), BARGUEÑO (-), Sr. Juan Calvo Peregrina (entrenador)

Agachados, RICARDO MARTÍNEZ (Ricardo Martínez Velasco), ORTIZ (Ángel J. Ortiz Martín), ROBERTO (-), x, GARCÍA MARTÍN (Andrés García Martín), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), PASCUAL (-)

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