En el verano de 1974, la secretaría técnica del Real Madrid C.F. premió la brillante evolución goleadora de ÁNGEL ORTIZ MARTÍN Delantero Real Madrid. Tras su subcampeonato con el Chamartín C.F., el ariete ribereño ascendió directamente a la plantilla del Real Madrid Juvenil A.
Aquel vestuario reunió a la élite más selecta de la fábrica blanca para competir en el exigente Subgrupo B. La entidad confió la dirección metodológica del bloque al prestigioso preparador madrileño Eduardo Vílchez López.
El técnico destacaba por su enorme rigor táctico, su disciplina colectiva y su exhaustivo análisis de las transiciones defensivas. Exigió de inmediato a Ángel Ortiz Martín un salto cualitativo en la lectura del juego posicional y solidario.
Eduardo Vílchez López no admitía delanteros estáticos en su esquema de ataque. Demandó al ariete de Aranjuez una presión asfixiante sobre los centrales adversarios en cuanto el rival iniciaba la salida del cuero.
Ortiz asumió las directrices técnicas con una entrega ejemplar desde las primeras sesiones de entrenamiento en la antigua Ciudad Deportiva. Aprendió a proteger el esférico de espaldas a la meta rival para oxigenar la llegada de los centrocampistas.
Su potencia en los primeros metros y su intuición rematadora crearon continuos desajustes en las líneas defensivas más cerradas del campeonato. El delantero ribereño no solo buscó el gol propio, sino que generó valiosos espacios para sus compañeros de ataque.
El Subgrupo B midió al conjunto madridista contra filiales de tremenda fortaleza física y táctica en escenarios hostiles y pesados. Cada jornada supuso una auténtica batalla deportiva donde los marcajes individuales rozaron el límite del reglamento.
En aquellos choques trabados, la disciplina inculcada por Eduardo Vílchez López resultó determinante para sostener al bloque con firmeza. Ángel Ortiz Martín lideró la línea de vanguardia, pugnando incansablemente frente a defensores corpulentos sin rehuir el contacto físico.
El atacante madrileño firmó intervenciones decisivas a balón parado y culminó contragolpes fulgurantes orquestados desde la medular merengue. Su generosidad en el repliegue colectivo permitió al equipo conservar ventajas mínimas en compromisos de máxima tensión.
El Real Madrid Juvenil A mantuvo un pulso deportivo vibrante por el liderato hasta los compases definitivos del calendario oficial. La plantilla blanca completó una campaña impecable en solidez defensiva y regularidad competitiva sobre el césped.
Al término de las jornadas reglamentarias, la escuadra merengue certificó un meritorio subcampeonato en el Subgrupo B del certamen estatal. Aquel brillante resultado colectivo acreditó la madurez competitiva adquirida por Ángel Ortiz Martín a las órdenes de Eduardo Vílchez López.
Con diecisiete años y una formación táctica sobresaliente, el ariete de Aranjuez culminó su ciclo formativo en la cantera blanca. La experiencia adquirida en el primer escalón juvenil merengue le dejó plenamente preparado para dar el salto al balompié sénior.
La llamada de Juan Calvo Peregrina y la cesión sénior a