FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid

FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ, EL CENTROCAMPISTA DE LA CANTERA DEL REAL MADRID QUE HIZO DEL ORDEN, LA CONSTANCIA Y EL OFICIO UNA LARGA FORMA DE VIDA EN EL FÚTBOL

FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ, VALLADOLID 1956 Y EL NACIMIENTO DE UN CENTROCAMPISTA QUE APRENDIÓ A ENTENDER EL JUEGO DESDE MUY PRONTO

FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid nació el 23 de diciembre de 1956 en Valladolid, y ese dato inicial ya ofrece una base muy sugerente para construir su historia, porque sitúa el origen de su recorrido lejos de la capital, en una ciudad con tradición futbolística propia, desde la que un muchacho de buena lectura del juego acabó entrando en la estructura de la cantera del Real Madrid, algo que en aquellos años significaba cambiar por completo de escala competitiva, de exigencia diaria y de horizonte vital.

Antes de aparecer en las categorías blancas, Sáiz debió de ir formando una relación muy especial con el balón y con el ritmo del partido, porque el centrocampista que perdura no nace solo del talento técnico, sino de una forma muy concreta de mirar el juego, una mezcla de paciencia, visión y sentido del tiempo que permite ordenar al equipo incluso cuando el partido empieza a romperse.

Ese perfil de organizador, de futbolista más atento al pase bien elegido que al gesto vacío, encaja con la lógica de un jugador que acabaría desarrollándose en una de las canteras más exigentes del país, donde el mediocampo se consideraba un espacio de responsabilidad táctica, de mando discreto y de enorme competencia interna, porque cada error ahí afectaba al equipo entero y cada acierto, aunque a veces pasara desapercibido, sostenía la arquitectura del juego.

TORNEO SOCIAL DEL REAL MADRID Y REAL MADRID INFANTIL B 1970-1971, LA ENTRADA DE SÁIZ EN EL UNIVERSO BLANCO

La cronología sitúa a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid en el Torneo Social del Real Madrid y después en el Real Madrid Infantil B durante la temporada 1970-1971, un primer paso de enorme importancia porque marca su verdadera integración en la estructura formativa del club blanco, donde el juego dejaba de ser una simple promesa escolar para convertirse en aprendizaje metódico, exigencia cotidiana y competencia ordenada por escalones.

La referencia publicada sobre ese Infantil B 1970-1971 incluye a Sáinz (Francisco Javier Sáinz Fernández) entre los jugadores del equipo, lo que refuerza la validez de esta etapa y permite anclar la historia en un dato concreto de cantera, además de confirmar que aquella categoría funcionaba como base del proyecto formativo, con la misión de asentar conceptos tácticos y técnicos que luego servirían para los niveles superiores.

Para un centrocampista joven, entrar en esa dinámica suponía aprender de golpe varias cosas decisivas, perfilarse bien antes de recibir, jugar con la cabeza alta, entender los espacios y aceptar que el talento solo progresa de verdad cuando convive con la disciplina, con la repetición de ejercicios y con la presión silenciosa de saberse dentro de un club donde cada categoría selecciona a los que pueden avanzar y deja atrás a quienes no sostienen el ritmo.

Ese Real Madrid Infantil B debió de ser, por tanto, el primer gran laboratorio futbolístico de Sáiz, el lugar donde empezó a dejar de ser solo un niño con buena relación con el balón para convertirse en un mediocampista en formación, alguien que entendía que el centro del campo exigía ordenar, mandar sin ruido y ofrecer siempre una solución útil a quienes jugaban cerca.

REAL MADRID INFANTIL A 1971-1972, EL CRECIMIENTO TÁCTICO DE UN CENTROCAMPISTA DENTRO DE LA CANTERA DEL REAL MADRID

La temporada 1971-1972 llevó a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid al Real Madrid Infantil A, un paso natural dentro de la estructura blanca, pero muy importante en términos formativos, porque el salto de un equipo infantil a otro superior dentro del mismo club no era un simple cambio de nombre, sino una elevación concreta de la exigencia táctica, de la responsabilidad individual y del nivel competitivo del entorno.

Para un centrocampista, este tipo de avance tenía un valor enorme, ya que el jugador debía empezar a pensar el fútbol con más detalle, comprender mejor la salida de balón, medir el ritmo de las posesiones y asumir que el mediocampo era el lugar donde se unían defensa y ataque, orden y creatividad, pausa y aceleración, una combinación compleja que solo los futbolistas con cabeza clara lograban sostener con regularidad.

En ese Infantil A, Sáiz debió de afinar una parte clave de su identidad, la del futbolista que no se conforma con tocar bien, sino que busca orientar al equipo, enlazar líneas y ofrecer claridad cuando el partido se vuelve espeso, rasgos muy valiosos en cualquier época y todavía más dentro de una cantera como la del Real Madrid, donde la competencia interna empujaba a los mediocampistas a crecer con rapidez o a quedar desplazados.

1971-1972 Real Madrid Infantil A

De pie, ALVIRA (Salvador Alvira Rodríguez), Sr. Basilio Pozo González (entrenador), BARAJAS (Luis Barajas López), DE GRACIA (Marcial de Gracia Muñoz), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), OBIOL (-), SÁINZ (Francisco Sainz Fernández), RUBIO (-), ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía)

Agachados, ALONSO (-), SÁNCHEZ (Francisco Sánchez), AMAGO (José Paulino Amago Sánchez), GALVÁN (Manuel Galván Parada), GUADAÑO (-), RECIO (Pedro Recio de la Torre), RIBAGORDA (-)

REAL MADRID JUVENIL B 1972-1973, CAMPEONES DEL GRUPO 1 CON FRANCISCO GENTO

La temporada 1972-1973 situó a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid en el Real Madrid Juvenil B, campeón del grupo 1, con Francisco Gento como entrenador, una combinación que dota de enorme fuerza al capítulo, porque reúne el prestigio competitivo del título con el valor simbólico de formarse bajo la supervisión de una leyenda del madridismo, circunstancia que pocas trayectorias pueden exhibir dentro de la memoria de la cantera blanca.

En un Juvenil B campeón, el mediocampo debía actuar como motor del equipo, regulando el partido, sosteniendo las transiciones y dando sentido a la circulación del balón, por lo que un centrocampista como Sáiz tuvo que asumir responsabilidades muy concretas, moverse con criterio, jugar con continuidad y ofrecer equilibrio en un entorno donde ganar no aparecía como una ilusión, sino casi como una obligación natural del escudo.

La figura de Francisco Gento refuerza todavía más la riqueza narrativa de este tramo, porque la sola cercanía de un referente histórico del club convertía el entrenamiento en una forma de herencia viva, haciendo que cada indicación sobre movilidad, ritmo o compromiso táctico se viviera con una carga emocional distinta, especialmente para jóvenes que soñaban con parecerse a los futbolistas que habían engrandecido al Real Madrid.

Para Francisco Javier Sáiz Fernández, ese campeonato del Juvenil B debió de ser una confirmación íntima de nivel, una señal clara de que podía mandar partidos desde el centro del campo y de que estaba preparado para afrontar un nuevo salto dentro de la estructura de la cantera, ya no como un jugador prometedor, sino como un mediocampista cada vez más hecho.

EL EFECTO GENTO EN LA FORMACIÓN DE SÁIZ, DISCIPLINA, RITMO Y CULTURA COMPETITIVA

Aunque no conservemos la letra pequeña de cada entrenamiento, resulta fácil comprender lo que significaba para un centrocampista en formación trabajar bajo la figura de Francisco Gento, porque no se trataba solo de una cuestión de prestigio, sino de convivir con alguien que representaba una idea profunda del club, basada en la ambición constante, en la seriedad competitiva y en la exigencia de rendir al máximo sin necesidad de adornos.

Ese tipo de influencia podía marcar especialmente a un jugador como Sáiz, cuyo puesto exigía inteligencia, continuidad y capacidad de ordenar a los demás, ya que el centrocampista necesita aprender no solo a jugar, sino también a interpretar momentos, a resistir la presión y a tomar decisiones con autoridad incluso cuando el partido se acelera o se vuelve emocionalmente confuso.

Por eso, el paso por el Juvenil B campeón de 1972-1973 no debe verse solo como una línea más en la cronología, sino como un punto de consolidación técnica y mental, una estación donde Francisco Javier Sáiz Fernández pudo comprender mejor que el fútbol serio se construye sobre hábitos, y que en una cantera de élite la calidad necesita disciplina para llegar realmente lejos.

REAL MADRID JUVENIL A 1973-1974, CAMPEONES DEL GRUPO 1 CON MANUEL SANCHÍS MARTÍNEZ

La temporada 1973-1974 elevó a Sáiz al Real Madrid Juvenil A, campeón del grupo 1 con Manuel Sanchís Martínez en el banquillo, y este paso debe leerse como una frontera muy seria dentro de la formación, porque el Juvenil A ya funcionaba como antesala real del fútbol adulto, con más presión, más exigencia táctica y una conciencia mucho más fuerte de que los siguientes escalones no admitirían márgenes amplios para la ingenuidad.

En ese contexto, el centrocampista debía convertirse de verdad en dueño del ritmo, no solo tocar con limpieza, sino interpretar cuándo convenía acelerar, cuándo enfriar y cómo dar equilibrio a un equipo que, al ser campeón, vivía muchos partidos desde la obligación de imponerse, circunstancia que vuelve todavía más difícil el trabajo del mediocampo, porque obliga a gestionar el dominio sin caer en la precipitación.

Con Manuel Sanchís Martínez al frente, Sáiz debió de añadir a su juego una dosis mayor de disciplina posicional y madurez competitiva, dos aspectos fundamentales para cualquier centrocampista que aspira a seguir subiendo, ya que el fútbol adulto castiga con dureza la dispersión táctica y premia a los jugadores que entienden el partido como una estructura y no como una suma de impulsos.

El campeonato del grupo 1 refuerza la idea de que esta etapa fue una de las más importantes de toda su formación, porque sitúa a Sáiz dentro de un equipo ganador y serio, donde la constancia y la calidad convivían de forma natural, preparando a sus futbolistas para el tramo más delicado de toda carrera de cantera, el paso hacia el mundo sénior.

REAL MADRID JUVENIL A 1974-1975, SUBCAMPEONES DEL SUBGRUPO B CON EDUARDO VÍLCHEZ LÓPEZ

La temporada 1974-1975 mantuvo a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid en el Real Madrid Juvenil A, ahora como subcampeón del subgrupo B con Eduardo Vílchez López, y ese matiz competitivo resulta muy valioso para la historia, porque introduce un ligero cambio de tono, el futbolista sigue moviéndose en la élite formativa blanca, pero ya no desde la comodidad del título, sino desde una experiencia más compleja, donde ganar se rozó sin alcanzarse del todo.

Para un centrocampista, vivir una temporada así puede ser especialmente formativo, porque obliga a entender que el juego no siempre premia con claridad a quien hace muchas cosas bien y que, por tanto, la madurez también consiste en sostener el nivel, asumir frustraciones parciales y seguir creciendo sin depender por completo del éxito externo como medida única del propio valor.

En ese segundo año de Juvenil A, Sáiz debió de aproximarse aún más al tipo de futbolista que iba a necesitar el club en sus categorías superiores, un mediocampista resistente mentalmente, tácticamente ordenado y capaz de convivir con la tensión de un entorno donde cada compañero luchaba también por un futuro que empezaba a estrecharse.

Este capítulo funciona muy bien dentro de la estructura general, porque presenta el final de la etapa juvenil no como una despedida simple, sino como una transición cargada de preguntas, de competencia y de expectativas, exactamente el tipo de clima emocional que suele definir los años decisivos de cualquier canterano serio.

REAL MADRID AMATEUR 1975-1976, EL PRIMER CHOQUE DE SÁIZ CON EL FÚTBOL ADULTO EN PRIMERA REGIONAL PREFERENTE

La temporada 1975-1976 llevó a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid al Real Madrid Amateur, equipo que compitió en la 1ª Regional Preferente y terminó en el puesto 13 con Francisco Javier Bolea como entrenador, una estación decisiva porque marca el contacto real con un fútbol mucho más áspero, más físico y menos indulgente que el universo juvenil donde el jugador se había formado hasta entonces.

En el Amateur, el centrocampista ya no vive en un marco protegido por la edad y por la pedagogía formativa en primer plano, sino en un escenario donde los rivales tienen oficio, donde el ritmo emocional del partido es menos limpio y donde el jugador debe demostrar que su educación táctica y técnica puede sostenerse también contra la dureza del fútbol sénior, que no perdona distracciones ni concede demasiado tiempo para pensar.

El puesto 13, lejos de restar valor al capítulo, le da una fuerza especial, porque permite contar a Sáiz dentro de un equipo que tuvo que sufrir, ajustar y aceptar que el paso al fútbol adulto no se resolvía con el simple prestigio de la cantera, sino con una mezcla de carácter, resistencia y capacidad para seguir pensando el partido en medio de contextos mucho más incómodos.

Para un centrocampista como él, esta fase debió de ser durísima y formativa a la vez, ya que lo obligó a ganar ritmo físico, autoridad en el choque y una versión más práctica de su fútbol, sin perder por ello la claridad mental que había hecho de él un jugador valioso en las categorías inferiores del Real Madrid.

CASTILLA C.F. 1976-1977, TERCERA DIVISIÓN Y LA CONFIRMACIÓN DE QUE EL CENTROCAMPISTA YA PODÍA COMPETIR AL MÁXIMO NIVEL DEL FILIAL

La temporada 1976-1977 situó a FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid en el Castilla C.F. de Tercera División, cuarto clasificado, con Manuel Sanchís Martínez en el banquillo, un paso enorme dentro de su carrera, porque el filial representaba ya el gran puente entre cantera y profesionalismo, el lugar donde el futbolista debía probar que su formación era útil también en un entorno muy cercano a la élite competitiva.

En el Castilla, el centro del campo se convertía en un espacio todavía más exigente, con partidos más duros, rivales más hechos y una presión mucho mayor sobre la regularidad, de modo que Sáiz tuvo que afirmar allí una identidad muy concreta, la del mediocampista capaz de mantener la calma, enlazar líneas y ofrecer continuidad a un equipo que vivía el resultado con una seriedad muy distinta a la de las categorías formativas.

La presencia de Manuel Sanchís Martínez como entrenador añade continuidad al relato, porque permite entender esta campaña como prolongación lógica de una formación ya muy exigente, ahora aplicada a una categoría donde cada gesto técnico debía convivir con el contacto, con la dureza semanal y con la necesidad de sostener una personalidad competitiva mucho más fuerte.

Ese cuarto puesto del Castilla permite además presentar a Sáiz dentro de un filial competitivo y ambicioso, donde el margen entre avanzar y quedarse a medio camino era muy estrecho, lo que da todavía más valor a su presencia continuada en una zona del campo siempre sometida a comparación y examen.

CASTILLA C.F. 1977-1978, SUBCAMPEONES DE SEGUNDA B CON JUAN SANTISTEBAN TROYANO

La temporada 1977-1978 elevó aún más la exigencia, porque Sáiz continuó en el Castilla C.F., esta vez en Segunda B, y el equipo terminó subcampeón del grupo 1 con Juan Santisteban Troyano como entrenador, una campaña muy poderosa, ya que muestra al centrocampista sosteniéndose dentro de un filial ya plenamente competitivo en una categoría de enorme dureza y muy cerca del escaparate profesional.

En ese contexto, el centrocampista debía unir lo mejor de dos mundos, la claridad táctica y técnica aprendida en la cantera y la resistencia emocional y física propia del fútbol sénior, porque la Segunda B no permitía pausas largas, castigaba el error y obligaba a los jugadores a tomar decisiones útiles con una rapidez que separaba con nitidez a los futbolistas preparados de los que todavía no lo estaban.

El subcampeonato da a este capítulo un valor simbólico importante, porque sitúa a Sáiz dentro de uno de los tramos más sólidos de su carrera, en un equipo competitivo, bien trabajado y capaz de pelear arriba, algo que refuerza la idea de que su paso por la estructura del Real Madrid no fue una presencia anecdótica, sino la de un jugador realmente integrado en el corazón exigente del sistema.

Este momento también puede leerse como el final natural de su gran etapa blanca, porque después llegarían las cesiones y la salida a otros clubes, pero el Castilla subcampeón de 1977-1978 resume muy bien el máximo grado de exigencia que alcanzó dentro del universo madridista, un nivel suficiente para marcar de forma duradera toda su carrera posterior.

R.S.D. ALCALÁ 1978-1979 Y U.D. LÉRIDA 1979-1980, LAS PRIMERAS CESIONES Y LA PRUEBA REAL LEJOS DEL REAL MADRID

Las temporadas 1978-1979 y 1979-1980 llevaron a Francisco Javier Sáiz Fernández primero a la R.S.D. Alcalá y luego a la U.D. Lérida, ambas como cedido, un giro muy importante dentro de la biografía, porque es en las cesiones donde el canterano deja de sentirse cobijado por la estructura del club grande y tiene que demostrar fuera, con otro escudo y otras urgencias, que su formación sirve también cuando el contexto cambia por completo.

En la R.S.D. Alcalá, en Tercera División, Sáiz debió de encontrarse con un fútbol muy directo, más pegado al resultado inmediato y menos condicionado por las lógicas internas de la cantera, mientras que la etapa en la U.D. Lérida, ya en Segunda B, le planteaba una exigencia distinta, la de seguir siendo centrocampista de orden y criterio en un entorno donde el peso del oficio y de la competitividad resultaba aún mayor.

Esas dos salidas completan muy bien el arco de formación, porque obligan al jugador a probar su fútbol en escenarios ajenos, sin la familiaridad del Castilla y sin el capital simbólico del escudo blanco como referencia constante, y eso suele revelar con mucha claridad qué tipo de profesional está naciendo detrás del canterano.

U.P. PLASENCIA, A.D. ALCORCÓN Y C.D. CARABANCHEL, EL CENTROCAMPISTA FORMADO EN LA ÉLITE QUE APRENDE A SOSTENERSE EN TERCERA DIVISIÓN

Después de sus cesiones, la carrera de Francisco Javier Sáiz Fernández continuó por la U.P. Plasencia en 1980-1981, la A.D. Alcorcón en 1981-1982 y 1982-1983, y el C.D. Carabanchel en 1983-1984, una secuencia que dibuja con claridad el retrato de un centrocampista de largo recorrido en el fútbol de Tercera División, capaz de seguir compitiendo con continuidad y de trasladar a distintos vestuarios la educación táctica adquirida en la cantera blanca.

En clubes así, el jugador ya no vive de la promesa de juventud, sino de su fiabilidad, de la capacidad para sostener ritmos complicados y de la experiencia acumulada para interpretar partidos cerrados, campos incómodos y calendarios largos, algo en lo que un mediocampista bien formado suele marcar diferencias aunque no siempre aparezca de forma visible en las crónicas.

Esta parte de la historia resulta especialmente valiosa, porque muestra que Sáiz no fue solo un buen canterano del Real Madrid, sino también un profesional serio del fútbol modesto, uno de esos jugadores que convierten el conocimiento del puesto en una forma de permanencia y que encuentran sentido al juego mucho después de haber salido del foco principal.

C.D. VALDEPEÑAS 1984-1986, DOS TEMPORADAS DE OFICIO Y MADUREZ EN EL CENTRO DEL CAMPO

Las temporadas 1984-1985 y 1985-1986 llevaron a Francisco Javier Sáiz Fernández al C.D. Valdepeñas, un tramo muy útil para completar la imagen del futbolista maduro, porque a esas alturas el centrocampista ya debía de vivir el juego con otra economía, menos explosiva, más reflexiva y seguramente más centrada en ordenar al equipo, sostener la posesión cuando era posible y ayudar a competir mejor a quienes lo rodeaban.

El mediocampista veterano suele ganar influencia por caminos distintos a los de la juventud, ya no por la sorpresa, sino por la lectura, por la paciencia y por esa forma de simplificar lo difícil que tanto agradecen los equipos cuando los partidos se traban, y es razonable pensar que Sáiz ofreciera justo ese tipo de valor en una etapa ya claramente avanzada de su carrera.

C.D. MÓSTOLES 1986-1989, DEL PREFERENTE CASTELLANA A LA TERCERA DIVISIÓN EN EL TRAMO FINAL DE SU CARRERA

Las temporadas 1986-1987, 1987-1988 y 1988-1989 situaron a Francisco Javier Sáiz Fernández en el C.D. Móstoles, primero en la 1ª Regional Preferente Castellana y después en Tercera División, un final muy coherente para su recorrido, porque reúne la perseverancia del futbolista que no abandona la competición y la lógica de quien sigue encontrando en el balón una forma de vida incluso cuando el gran escaparate ya ha quedado atrás.

A esas alturas, Sáiz debía de ser un jugador de vestuario, un centrocampista de experiencia, de lectura pausada y de utilidad cotidiana, capaz de guiar ritmos, de sostener partidos difíciles y de transmitir a los más jóvenes algo que no aparece en las fichas, la cultura práctica del fútbol, esa que enseña cuándo simplificar, cómo sufrir y de qué manera competir con dignidad durante toda una temporada.

El tramo de Móstoles sirve además para cerrar la biografía con un tono de continuidad y no de caída, porque presenta a Francisco Javier Sáiz Fernández no como un exjugador que fue alejándose del juego, sino como alguien que permaneció en él durante muchos años, enlazando una etapa con otra hasta convertir su carrera en una presencia prolongada dentro del fútbol español más real y menos visible.

LEGADO DE FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ, DEL CENTROCAMPO DEL REAL MADRID A LA DUREZA NOBLE DEL FÚTBOL MODESTO

La historia de FRANCISCO JAVIER SÁIZ FERNÁNDEZ centrocampista Real Madrid tiene un gran valor precisamente porque no necesita grandes focos para resultar significativa, ya que resume con mucha fidelidad el camino de tantos futbolistas formados en la cantera del Real Madrid que crecieron entre Infantil B, Infantil A, Juvenil B, Juvenil A, Amateur y Castilla, y que después trasladaron esa educación táctica y mental a una carrera larga en el fútbol modesto español.

Desde el Torneo Social hasta el C.D. Móstoles, pasando por el aprendizaje con Francisco Gento, por el campeonato del Juvenil A con Manuel Sanchís Martínez, por el choque con el fútbol adulto en el Real Madrid Amateur y por el rigor del Castilla, Sáiz encarna la figura del centrocampista que hace del orden, de la constancia y de la comprensión del juego su mayor seña de identidad.

Su legado, por tanto, no descansa en una cifra concreta ni en una fama posterior muy visible, sino en algo más profundo y más valioso, en haber representado con seriedad la escuela del Real Madrid, en haber prolongado durante años ese aprendizaje por campos de Tercera División y Preferente, y en haber demostrado que una carrera sin gran estruendo también puede contener una enorme dignidad futbolística.

 

1971-1972 Real Madrid Infantil A, 05/1972, La Línea de la Concepción, Cadiz, Campeonato de España

De pie, ALVIRA (Salvador Alvira Rodríguez), AMAGO (José Paulino Amago Sánchez), RAMÓN (Ramón Comendador), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), SÁINZ (Francisco Sáinz Fernández), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz)

Agachados, BLANCO (Vicente Blanco Brazales), GUADAÑO (-), GALVÁN (Manuel Galván Parada), ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía), RECIO (Pedro Recio de la Torre)

1971-1972 Real Madrid Infantil A, 05/1972, Cádiz, en el Campeonato de España Infantil

Arriba, GUTIÉRREZ (-), ALVIRA (Salvador Alvira Rodríguez), BLANCO (Vicente Blanco Brazales), ?, COMENDADOR (Ramón Comendador), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), OBIOL (-), ?, Sr. Basilio Pozo González (entrenador)

Agachados, José Arroyo (Encargado de Material), ALONSO (-), ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía), SÁINZ (Francisco Javier Sáinz Fernández), GUADAÑO (-), GALVÁN (Manuel Galván Parada), AMAGO (José Paulino Amago Sánchez), RECIO (Pedro Recio de la Torre), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz).

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