JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid

JAIME FERNÁNDEZ MARÍN, EL DELANTERO TOLEDANO QUE SALIÓ DE LA CANTERA DEL REAL MADRID PARA RECORRER EL FÚTBOL ESPAÑOL DE PUNTA A PUNTA

INFANCIA ENTRE VILLASEQUILLA Y TOLEDO, LOS PRIMEROS GOLES EN LA TIERRA ABIERTA DE LA MANCHA

El 1 de diciembre de 1953 nació JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid, delantero de raíz toledana, vinculado en unas referencias a Villasequilla y en otras al entorno de Toledo, dos puntos que, más que contradecirse, ayudan a dibujar el paisaje sentimental de su infancia, porque en aquella geografía manchega de campos abiertos, plazas tranquilas y caminos de polvo, el fútbol aparecía como una forma temprana de afirmarse, de competir y de encontrar un espacio propio entre amigos, vecinos y tardes que parecían no terminar nunca.

La niñez de Jaime Fernández Marín transcurrió en un ambiente donde el balón no era todavía una herramienta profesional ni un símbolo de futuro, sino un objeto cotidiano, gastado, perseguido con alegría sobre superficies irregulares, entre tapias blancas, eras vacías y rincones donde cualquier portería improvisada bastaba para encender un partido, de modo que cada golpeo, cada carrera y cada remate fueron afinando, sin que él pudiera saberlo entonces, la intuición ofensiva que más tarde definiría su personalidad como delantero.

Mientras otros chicos buscaban el protagonismo llevando el balón pegado al pie durante demasiados metros, Marín parecía entender ya desde niño algo esencial del juego ofensivo, que el gol casi nunca pertenece al que más tiempo toca la pelota, sino a quien mejor lee el instante, a quien sabe aparecer en el lugar justo y a quien convierte la ansiedad de todos en una decisión simple y eficaz, rasgo que, en un contexto rural y popular como el suyo, llamaba la atención incluso antes de que aparecieran los primeros entrenadores con mirada más técnica.

En aquellas tardes de luz dura y olor a tierra seca, la figura del joven Marín fue quedando asociada a la portería contraria, a la sensación de que siempre estaba cerca del remate y de que entendía algo íntimo del área, algo que no se enseñaba con pizarras ni con manuales, sino que se aprendía a base de repetir partidos sin árbitro, sin red, sin botas nuevas y con el deseo casi físico de decidir, mediante un gol, el destino de un encuentro que solo importaba a los que lo jugaban, pero que para ellos significaba el mundo entero.

TORNEO SOCIAL DEL REAL MADRID 1967-1968, LA PRIMERA PUERTA HACIA LA FÁBRICA

La temporada 1967-1968 llevó a JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid al Torneo Social del Real Madrid, esa gran puerta de entrada a la estructura blanca donde muchos niños daban sus primeros pasos bajo la mirada de entrenadores y coordinadores que no solo buscaban habilidad con el balón, sino también personalidad, atención, capacidad de sacrificio y esa extraña mezcla de instinto y templanza que distingue a los futbolistas capaces de crecer dentro de una institución enorme.

Para un muchacho de origen toledano como Marín, llegar al universo del Real Madrid a través del Torneo Social significaba cruzar un umbral simbólico, porque ya no se trataba de jugar en un patio, en un campo de pueblo o en un partido de barrio, sino de hacerlo en un entorno donde todo estaba más ordenado, más observado y más cargado de sentido, con camisetas que imponían respeto, con compañeros llegados de muchos puntos distintos y con la sensación, tan emocionante como intimidante, de que cada entrenamiento podía abrir o cerrar caminos futuros.

En ese primer contacto con la estructura blanca, Marín confirmó que su lugar seguía estando arriba, cerca del gol, porque su condición de delantero no dependía solo del deseo de marcar, sino también de una comprensión bastante natural de los desmarques, de los tiempos de ruptura y del modo en que debía situarse para aprovechar un rechace o anticiparse a un defensor, detalles que quizá pasaban desapercibidos para muchos espectadores, pero que no se escapaban a quienes observaban a los niños con ojos de formador.

El Torneo Social del Real Madrid fue, para Marín, una escuela de disciplina temprana, porque allí comprendió que la ilusión no bastaba sin orden, que el talento ofensivo necesita trabajo silencioso y que un club grande no premia solo a los que hacen cosas llamativas, sino también a los que repiten con seriedad los gestos pequeños, esos que luego sostienen el rendimiento cuando llegan partidos exigentes, rivales duros y momentos de presión real.

REAL MADRID INFANTIL A 1968-1969, APRENDER A SER DELANTERO EN UNA ESTRUCTURA EXIGENTE

La temporada 1968-1969 situó a JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid en el Real Madrid Infantil A, donde el fútbol dejó de ser una simple promesa para convertirse en una rutina diaria cargada de exigencias, correcciones y aprendizajes más finos, porque en ese nivel el club ya no se conformaba con comprobar si un chico destacaba sobre los demás, sino que empezaba a preguntarse de qué manera concreta podía crecer, qué debía pulir y qué hábitos tenía que incorporar para seguir avanzando.

En el Real Madrid Infantil A, el delantero toledano comenzó a trabajar muchos aspectos invisibles del oficio, desde la forma de perfilar el cuerpo antes de recibir hasta la elección del apoyo correcto cuando el equipo salía desde atrás, pasando por los movimientos sin balón que debían abrir espacios para los compañeros o fijar a los defensas rivales, de modo que su aprendizaje se volvió más profundo y menos instintivo, sin perder por ello la frescura que le había traído hasta allí.

Aquella etapa infantil le enseñó a Marín que un delantero del Real Madrid no podía vivir desconectado del juego esperando solo la ocasión final, sino que debía participar en la presión, ofrecer soluciones cuando el balón venía comprometido y asumir que, en un equipo grande, el delantero también trabaja para el colectivo aunque la jugada no termine con su nombre en la libreta del cronista.

Los entrenamientos, las correcciones y la convivencia con otros chicos de enorme talento contribuyeron a fortalecer en Marín una sensación muy clara, que el camino dentro de la cantera blanca no sería nunca una línea recta ni un desfile de elogios, sino una secuencia de pequeñas pruebas diarias, superadas unas veces con brillantez y otras con esfuerzo puro, donde lo importante no era deslumbrar una tarde, sino sostener la progresión con paciencia.

REAL MADRID C.F. JUVENILES 1969-1971, DOS CURSOS PARA CRECER ENTRE COMPETENCIA Y AMBICIÓN

Las temporadas 1969-1970 y 1970-1971 llevaron a JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid al escalón de Real Madrid C.F. Juveniles, una etapa clave en la que la adolescencia se mezcló con la intensificación de la competencia interna, porque el club reunía cada año a jugadores de enorme proyección y obligaba a todos a medirse en entrenamientos y partidos con compañeros que querían exactamente lo mismo, un hueco, un ascenso interno y la oportunidad de ser considerados parte seria del futuro blanco.

En esos dos años, Marín tuvo que aprender a convivir con la presión de ser evaluado constantemente, no solo por lo que hacía de cara al gol, sino por la manera en que entrenaba, por su regularidad, por su disciplina táctica y por la forma en que respondía cuando las cosas se torcían, porque la cantera del Real Madrid no observaba solo a los mejores en el mejor día, sino a quienes mantenían la cabeza en su sitio cuando el partido no ofrecía facilidades.

Como delantero, su evolución durante aquellas campañas se notó en aspectos menos vistosos, pero decisivos, como la capacidad para elegir mejor los momentos de desmarque, la paciencia para no caer en fuera de juego por precipitación o la lectura de los movimientos de los extremos y mediapuntas, algo que le permitió volverse más útil para el grupo y no depender exclusivamente de su inspiración dentro del área, ampliando así su repertorio ofensivo.

Aquellos años de Real Madrid C.F. Juveniles también construyeron su carácter, porque el vestuario, las charlas de los técnicos, los viajes, la presión por mantener el nivel y el simple hecho de saber que cualquier relajación podía costar un puesto lo fueron moldeando como futbolista y como persona, enseñándole que la carrera de un jugador se edifica con disciplina cotidiana mucho antes de enfrentarse a estadios grandes o categorías nacionales.

REAL MADRID JUVENIL A 1971-1972, CAMPEONES DEL GRUPO 1 CON ANTONIO RUIZ CERVILLA

La temporada 1971-1972 representó un punto de afirmación para JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid, que pasó al Real Madrid Juvenil A, encuadrado en el grupo 1 y dirigido por Antonio Ruiz Cervilla, un técnico que supo conducir a aquella generación hacia el título de campeones, manteniendo una línea de exigencia muy alta y recordando a sus jugadores que el escudo blanco obligaba no solo a ganar, sino también a comportarse como un equipo superior incluso en los días incómodos.

En ese conjunto campeón, el papel de Marín como delantero tenía una importancia evidente, porque un equipo que pretendía dominar partidos de forma constante necesitaba futbolistas arriba capaces de fijar centrales, castigar errores y resolver en el área con claridad, y él reunía precisamente esa mezcla de movilidad, instinto y comprensión del espacio que tanto valoraban los entrenadores, sobre todo en contextos donde la defensa rival se cerraba mucho y obligaba a decidir con rapidez.

Los entrenamientos con Antonio Ruiz Cervilla ayudaron a Marín a perfeccionar detalles del oficio ofensivo, como la sincronización de la ruptura, la manera de atacar el primer palo, el momento adecuado para caer a una banda y abrir hueco a un compañero o la paciencia necesaria para esperar que la jugada madurase antes de lanzarse a por ella, un aprendizaje especialmente valioso para un jugador cuyo talento natural le empujaba siempre hacia el gol.

Aquel título del Real Madrid Juvenil A no fue solo una medalla simbólica en la juventud de Marín, sino la confirmación de que podía competir al más alto nivel de cantera dentro de uno de los clubes más exigentes del país, sosteniendo la presión, aceptando la competencia y aportando soluciones ofensivas en un contexto donde el margen de error era muy pequeño, porque los campeones juveniles del Real Madrid siempre jugaban bajo una luz más intensa que la del resto.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A

De pie, LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), PÉREZ VICENTE (-), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo).

Agachados, MAESTRO (Mariano Martín-Maestro), LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), FERNÁNDEZ MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), FRANCO (-).

A.D. ARGANDA 1972-1973, LA PRIMERA CESIÓN Y EL CHOQUE CON EL FÚTBOL REAL

La temporada 1972-1973 llevó a Jaime Fernández Marín cedido a la A.D. Arganda, en la 1ª Regional Castellana, una etapa breve en el mapa general de su carrera, pero enormemente significativa en términos formativos, porque por primera vez salía del entorno cotidiano del Real Madrid para enfrentarse a un fútbol más áspero, más físico y menos cuidadoso en las formas, donde el talento debía convivir con campos difíciles, rivales curtidos y ambientes muy pegados a la vida del barrio y del municipio.

En la A.D. Arganda, el joven delantero descubrió que fuera de la cantera blanca no bastaba con moverse bien entre líneas o interpretar correctamente una transición ofensiva, porque muchas veces el partido se decidía en la capacidad de aguantar un empujón, de ganar un balón largo con el cuerpo o de mantener la serenidad cuando el ritmo se volvía bronco, lo que le obligó a endurecer su juego sin traicionar su identidad como atacante intuitivo.

Esa primera cesión enseñó a Marín una lección esencial para todo futbolista formado en un gran club, que la camiseta y la formación ayudan, pero no juegan solas, y que en categorías regionales hay que ganarse el respeto desde el primer día con trabajo, compromiso y capacidad de sufrimiento, porque allí cada rival interpreta el partido como una batalla concreta, sin la menor preocupación por el prestigio previo de quien tiene delante.

Volver de Arganda después de esa experiencia significó para Marín regresar al ecosistema blanco con una mirada algo más adulta, consciente ya de que el camino hacia el fútbol de hombres exigía otro tipo de cuerpo, otra paciencia y otra madurez, y de que las cesiones no eran castigos ni desvíos, sino estaciones necesarias para templar el carácter y preparar a quienes querían sostener una carrera duradera.

REAL MADRID AFICIONADOS Y REAL MADRID EN PREFERENTE, EL PUENTE HACIA EL FÚTBOL SÉNIOR

Las temporadas 1973-1974 y 1974-1975 situaron a JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid en el entorno del Real Madrid Aficionados, también identificado en algunas referencias como Real Madrid Amateur, así como en el Real Madrid que competía en la 1ª Preferente Castellana, estructuras que servían como puente entre la cantera pura y el fútbol plenamente sénior, obligando a los jugadores a convivir con un escenario donde ya no bastaba con prometer, sino que había que rendir con continuidad frente a rivales hechos y partidos mucho más tensos.

En ese tramo de transición, Marín tuvo la oportunidad de medirse en un contexto donde la formación seguía presente, pero el resultado comenzaba a pesar de otro modo, porque los técnicos necesitaban ver si un delantero de la casa blanca podía sobrevivir cuando el juego perdía limpieza, cuando los defensas centrales no regalaban un metro y cuando las ocasiones aparecían menos veces, obligando al atacante a ser todavía más preciso y paciente frente al gol.

Las jornadas con el Real Madrid Aficionados consolidaron en Jaime Fernández Marín una forma de entender su puesto basada en el sacrificio colectivo, en la presión constante sobre la salida rival y en la aceptación de que un buen partido de un delantero no siempre se mide por los goles, sino también por cómo arrastra marcas, cómo fija una línea defensiva o cómo mantiene viva una jugada que parecía perdida, aportes todos ellos fundamentales en categorías donde la diferencia suele estar en detalles muy finos.

Ese paso por el equipo puente del club le dejó además una sensación íntima de cercanía y lejanía a la vez respecto al sueño grande del Real Madrid, porque seguía dentro de la estructura, entrenando bajo el escudo blanco y compartiendo vestuarios con futbolistas muy valiosos, pero al mismo tiempo empezaba a comprender que su destino podía escribirse fuera de los focos del primer equipo, en un fútbol más extenso, más duro y más real, donde también existían carreras dignas y apasionantes.

CARABANCHEL Y RACING FERROL, DOS MUNDOS PARA ENDURECER EL OFICIO DE DELANTERO

El 30 de marzo de 1974, la trayectoria de Jaime Fernández Marín se cruzó con el C.D. Carabanchel en 3ª División, club histórico del fútbol madrileño que representaba un barrio con personalidad intensa, gradas cercanas y una forma muy directa de sentir el partido, y allí el delantero toledano tuvo que adaptarse a un contexto en el que cada choque corporal se vivía como una declaración de intenciones y donde el respeto se conquistaba a base de rendimiento, no de procedencia.[web:417]

En el C.D. Carabanchel, Marín aprendió que el área en el fútbol de barrio y de 3ª División no se pisa con la misma libertad que en los escalones de cantera, porque los defensas centrales conocían todos los trucos, manejaban muy bien el cuerpo y obligaban al delantero a decidir bajo una presión intensa, en espacios mínimos y muchas veces con un segundo central cayendo encima justo cuando parecía aparecer la ocasión de remate.

Poco después, desde el 2 de octubre de 1974, el camino lo llevó al Racing Ferrol, también en 3ª División, un club con tradición fuerte, ciudad marinera y una afición que vive el fútbol como parte del orgullo local, de manera que el cambio no fue solo deportivo, sino también cultural, porque pasar de la periferia madrileña al noroeste español significó entrar en otro ritmo, en otro paisaje y en otra forma de entender la relación entre equipo y grada.

La etapa en Ferrol añadió a Marín una capa nueva de experiencia, enfrentándolo a viajes largos, climas distintos, campos con otros condicionantes y un estilo de competición en el que la intensidad emocional de la afición empujaba o castigaba con fuerza, pero también reforzaba la sensación de que el fútbol español estaba hecho de muchas patrias pequeñas, cada una con su acento, su memoria y su manera particular de abrazar a los suyos.

CARABANCHEL, PEGASO, TOLEDO, NUMANCIA Y EL REGRESO A PEGASO, EL VIAJE POR LA TERCERA DIVISIÓN

La segunda mitad de los años setenta convirtió la carrera de Jaime Fernández Marín en un recorrido amplio por el mapa de la 3ª División, con escalas en el C.D. Carabanchel, el C.D. Pegaso, el C.D. Toledo, el C.D. Numancia y un posterior regreso al C.D. Pegaso, etapas que, unidas, componen la imagen de un delantero acostumbrado a adaptarse con rapidez, a comprender vestuarios muy distintos y a encontrar su sitio en equipos donde cada punto tenía valor concreto y cada error se pagaba con dureza.[web:417]

En el C.D. Pegaso, club con una identidad particular dentro del fútbol madrileño por su ligazón histórica al mundo de la empresa y del trabajo industrial, Marín se movió en un entorno donde la disciplina y la seriedad formaban parte casi natural del paisaje, lo que encajaba con un delantero que, después de tantos años en la estructura del Real Madrid, entendía bien la importancia de sostener una conducta profesional incluso en categorías alejadas del gran escaparate.

El paso por el C.D. Toledo tuvo un sabor especial por la proximidad sentimental al origen, porque jugar cerca de la tierra que marcó su infancia permitía que el recorrido de Marín se leyera también como un regreso parcial a una identidad profunda, mientras que la etapa en el C.D. Numancia lo colocó en otra ciudad de fuerte arraigo futbolero, donde el delantero debía pelear por cada ocasión en un entorno competitivo que no regalaba nada y que exigía oficio, calma y una enorme resistencia mental.

Todos esos años en la 3ª División consolidaron a Marín como un delantero de recorrido, menos pendiente del brillo puntual y más preparado para la constancia, el sacrificio y la aceptación de que la carrera de un atacante no se construye solo con tardes felices, sino también con partidos de barro, con semanas de sequía y con desplazamientos largos en los que uno aprende que el fútbol verdadero se sostiene, muchas veces, lejos de la televisión.

LINARES C.F. Y RAYO VALLECANO, EL SALTO A LA SEGUNDA DIVISIÓN Y EL AMBIENTE DE VALLECAS

La temporada 1980-1981 llevó a Jaime Fernández Marín a un nuevo peldaño competitivo con el Linares C.F. en 2ª División, y poco después, desde el 28 de noviembre de 1980, su camino se vinculó a la A.D. Rayo Vallecano, club de barrio grande, alma popular y enorme personalidad, donde continuó también en la campaña 1981-1982, afrontando un entorno de mayor presión, más visibilidad y un nivel general de exigencia sensiblemente superior al de la 3ª División.

Jugar en el Rayo Vallecano significaba entrar en un escenario distinto para Marín, porque Vallecas no es solo un barrio con equipo, sino una manera de sentir el fútbol, de vivirlo como extensión de la calle, del orgullo y de la identidad popular, y para un delantero con tanta carretera acumulada, ese ambiente suponía tanto un desafío como una motivación especial, ya que allí la afición reconocía enseguida quién se entregaba y quién no.

En la Segunda División, Marín tuvo que afinar todavía más su oficio, porque los defensas eran más rápidos, más fuertes y mejor organizados, los partidos se decidían por márgenes estrechos y cada delantero debía aprovechar poquísimas oportunidades, lo que hacía todavía más valiosos sus desmarques, su lectura del área y su capacidad para ofrecer soluciones ofensivas en escenarios de máxima tensión competitiva.

La etapa rayista, más allá de lo puramente deportivo, ayudó a consolidar la imagen de Marín como un profesional capaz de llegar a clubes con personalidad fuerte y adaptarse sin estridencias, aportando experiencia, trabajo y conocimiento del juego ofensivo, mientras el ruido del barrio, la cercanía de la grada y la dureza de la categoría componían un paisaje que, para cualquier delantero, exigía valor y un fuerte sentido del oficio.

LORCA, HUESCA, CACEREÑO, ARANJUEZ Y SPORTING DE QUINTANAR, EL ÚLTIMO GRAN TRAMO DE UNA CARRERA EXTENSA

Las últimas estaciones de la carrera de Jaime Fernández Marín lo llevaron por una geografía amplia y diversa, con etapas en Lorca Deportiva durante la temporada 1982-1983, en la S.D. Huesca en 1983-1984, en el C.P. Cacereño en 1984-1985, en Aranjuez C.F. en 1985-1986 y 1986-1987, y finalmente en el Sporting de Quintanar, todos ellos capítulos que retratan muy bien la vida del futbolista veterano que sigue encontrando sentido a competir, aunque cada vez más lejos del centro mediático.

En Lorca, en Huesca, en Cáceres, en Aranjuez y en Quintanar, el delantero toledano fue transformando su papel dentro del vestuario, porque con los años el cuerpo ya no responde igual, pero la experiencia se vuelve más valiosa, y un atacante curtido puede aportar mucho más que carreras al espacio, ayudando a interpretar partidos, a ordenar la presión de los jóvenes y a transmitir calma cuando el equipo atraviesa momentos de duda o de desgaste.

Ese largo cierre de carrera convirtió a Marín en un ejemplo claro de futbolista itinerante del mapa español, uno de esos profesionales que atraviesan ciudades, acentos y categorías manteniendo intacto el vínculo con el oficio, aceptando cambios de contexto, adaptándose a nuevas formas de jugar y conservando siempre la memoria de sus años de formación en la cantera del Real Madrid, como si aquella escuela inicial siguiera latiendo dentro de cada decisión tomada sobre el campo.

Lejos de reducirse a un simple descenso progresivo por categorías, esta etapa final puede entenderse como una suma de pequeñas batallas dignas, de vestuarios donde la experiencia valía oro, de partidos donde el gol se celebraba con idéntica fuerza que en niveles superiores y de ciudades que acogían al delantero no como una estrella, sino como un futbolista fiable, curtido y útil, cualidades que, en el fútbol de verdad, suelen valer tanto o más que el nombre.

EL LEGADO DE JAIME FERNÁNDEZ MARÍN, UN DELANTERO DE CANTERA BLANCA EN EL FÚTBOL PROFUNDO

La historia de JAIME FERNÁNDEZ MARÍN delantero Real Madrid une la tierra toledana con la cantera del Real Madrid y, desde allí, con gran parte del fútbol español de categorías nacionales y regionales, dibujando el perfil de un delantero que no se quedó en la promesa, sino que convirtió su formación blanca en una carrera larga, itinerante y profundamente representativa de toda una generación de jugadores que hicieron del fútbol una forma seria de vida.

Su paso por el Torneo Social del Real Madrid, por el Real Madrid Infantil A, por los equipos juveniles blancos, por el Real Madrid Juvenil A campeón de 1971-72 y por el Real Madrid Amateur de 1973-74 lo sitúa dentro de la gran tradición formativa del club, mientras que sus años posteriores en Arganda, Carabanchel, Ferrol, Pegaso, Toledo, Numancia, Linares, Rayo Vallecano, Lorca, Huesca, Cacereño y Aranjuez lo convierten en un testigo privilegiado del fútbol español más amplio, el que se juega lejos del gran escaparate, pero sostiene el pulso de este deporte cada fin de semana.

En cada una de esas ciudades quedó, seguramente, la memoria de un delantero que entendía bien el área, que había aprendido el valor del trabajo silencioso y que supo adaptarse a contextos muy distintos sin renunciar nunca a la esencia que lo llevó de niño a perseguir una pelota por la tierra manchega, esa mezcla de intuición, ambición y placer por el gol que define a los atacantes de verdad, incluso cuando los años pasan, los estadios cambian y las camisetas se multiplican.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, Elche (Campo de Altabix), Trofeo Festa D’elx.

Arriba, BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos).

Abajo, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo)

1971-1972 Real Madrid Juvenil A

De pie, DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), REQUENA (Antonio Requena), ACEDO (José María Acedo Ramos), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa ), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester).

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 23/04/1972, Madrid (Ciudad Deportiva), Campeonato de España de Juveniles, 1/16 Final (ida), vs ELCHE C.F.

De pie, ACEDO (José María Acedo Ramos), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle)

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

1971-1972 Selección Juvenil Castellana. Caampo Carlos lll de Toledo, de la Fabrica de Armas y el el jugaba la U.D.Santa Barbara

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