JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid

JOSÉ ANTONIO LOSA CORONADO, “LOSA”, CENTROCAMPISTA DE TOMELLOSO QUE SOÑÓ EN LOS CAMPOS DE TIERRA, CRECIÓ EN LA CANTERA DEL REAL MADRID Y DIO VIDA AL FÚTBOL CASTELLANO-MANCHEGO

INFANCIA DE JOSÉ ANTONIO LOSA CORONADO EN TOMELLOSO, BALÓN, VIÑAS Y POLVO

JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid nació el 28 de marzo de 1957 en Tomelloso, una localidad de Ciudad Real donde el horizonte se dibuja con viñedos, caminos de tierra y casas bajas, y donde el fútbol convivía con el trabajo del campo, los olores a mosto y a tierra seca, las tardes eternas de verano y los inviernos duros en los que el viento cortaba la cara pero no impedía que los chavales salieran a jugar.

En las calles de Tomelloso, el pequeño Losa descubrió que la pelota podía convertirse en el centro de todos los juegos, porque bastaba un balón algo desgastado, dos piedras marcando porterías y un grupo de amigos dispuestos a olvidarse del reloj para que el mundo se redujera a ese rectángulo improvisado, donde las discusiones sobre si había sido gol o no se mezclaban con risas, retos y pequeñas rivalidades que fortalecían la amistad.

Su familia veía cómo, día tras día, regresaba a casa con las rodillas arañadas, la camiseta manchada de polvo y una mezcla de cansancio y felicidad en los ojos, y aunque insistían en que cumpliera con la escuela y con las obligaciones de la casa, también entendían que aquel balón que nunca soltaba del todo, ni siquiera cuando se sentaba a cenar, le estaba enseñando cosas que ningún libro podía explicar de la misma forma, como el valor del esfuerzo compartido y de la perseverancia.

Desde muy pronto, José Antonio Losa Coronado se empezó a situar de manera natural en la zona central del campo, aunque entonces nadie hablara todavía de mediocentros organizadores o interiores con llegada, porque simplemente era el chico que quería tocar siempre la pelota, que se ofrecía a todos, que la pedía al pie y que disfrutaba conectando a los compañeros, uniendo defensa y ataque como si fuera un puente invisible que hacía funcionar todo.

Los campos de tierra donde jugaba, muchas veces con líneas imaginadas y sin más árbitro que la buena fe de los propios jugadores, se convirtieron en su primera escuela de fútbol, una escuela donde aprendió a controlar balones que botaban mal, a proteger el cuero con el cuerpo, a ajustar los pases para que no se perdieran en baches del terreno y a mantener la calma cuando el partido se calentaba, porque sabía que alguien debía pensar un segundo antes que los demás.

LOS AÑOS EN EL ATLÉTICO TOMELLOSO C.F. INFANTIL, 1969-1972

El talento de Losa no tardó en llamar la atención en Tomelloso, y el paso lógico fue su incorporación al Atlético Tomelloso C.F. Infantil, donde comenzó a sentir que el fútbol dejaba de ser solo un juego de calle para convertirse también en una responsabilidad, porque el escudo en el pecho representaba a su pueblo, a sus vecinos y a toda una historia de fútbol modesto pero muy sentido, que se había ido construyendo entre campos de tierra y vestuarios humildes.

En el Atlético Tomelloso C.F. Infantil, durante las temporadas 1969-1970, 1970-1971 y 1971-1972, José Antonio Losa Coronado fue creciendo como centrocampista, aprendiendo a obedecer consignas tácticas sencillas pero importantes, como cerrar por dentro cuando el equipo perdía el balón, ofrecerse siempre como línea de pase segura y no esconderse cuando la presión del rival aumentaba, porque el entrenador ya intuía que su sitio estaba en el corazón del juego.

Los desplazamientos a pueblos cercanos para jugar partidos eran pequeñas aventuras para aquellos niños, que se subían a los autobuses con botas colgando de la mano, con la mochila ligera y con la ilusión de demostrar que el equipo de Tomelloso podía competir de tú a tú con cualquiera, y en esos viajes, Losa empezaba a escuchar historias de jugadores mayores, de partidos legendarios y de ascensos soñados, que alimentaban su deseo de seguir avanzando.

En el vestuario del Atlético Tomelloso C.F. Infantil, Losa escuchaba con atención las palabras de los entrenadores, absorbía cada corrección y se quedaba pensando en cada elogio, porque sabía que su forma de mejorar pasaba por entender qué hacía bien y qué debía pulir, y así fue añadiendo a su repertorio mejores controles orientados, cambios de orientación más precisos y una capacidad creciente para ver desmarques que otros tardaban en detectar.

Aquellos años infantiles no dejaban estadísticas en periódicos ni resúmenes televisivos, pero iban llenando una mochila invisible de experiencias, que acompañarían a José Antonio Losa Coronado cuando le llegara la oportunidad, casi inimaginable para un chico de Tomelloso, de entrar en la estructura de la cantera del Real Madrid, dejando atrás los campos de tierra manchegos para pisar instalaciones de un club gigante.

LLEGADA A LA CANTERA BLANCA, REAL MADRID JUVENIL C 1972-1973

La temporada 1972-1973 supuso un giro radical en la vida de JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid, porque su nombre salió de las conversaciones futboleras de Tomelloso para entrar en las listas de la cantera del Real Madrid, concretamente del Real Madrid Juvenil C, un equipo que competía en el grupo 3 y que acabaría proclamándose campeón, convirtiéndose en la puerta de entrada para un mundo nuevo, lleno de exigencia, de disciplina y de sueños más grandes.

Para un chico que había crecido entre viñas y campos de tierra, llegar a las instalaciones del Real Madrid significaba casi pisar otro planeta, con vestuarios amplios, campos bien trazados, ropa de entrenamiento impecable y una estructura organizada donde cada categoría tenía su sitio, sus horarios y sus objetivos, y donde los entrenamientos ya no eran improvisados, sino que seguían una planificación meticulosa diseñada para formar futbolistas completos.

Bajo la dirección de Juan Antonio Fernández Seguí, el Real Madrid Juvenil C 1972-1973 se construyó como un equipo sólido, competitivo y ambicioso, en el que centrocampistas como Losa tenían la responsabilidad de hacer de puente entre las líneas, de dar salida limpia al balón desde atrás, de combinar con criterio en campo contrario y de llegar desde segunda línea cuando la jugada lo pedía, aportando tanto trabajo como creatividad.

En cada entrenamiento, José Antonio Losa Coronado sentía que aprendía algo nuevo, porque la exigencia técnica y táctica era mucho mayor que la que había conocido hasta entonces, y porque el nivel de sus compañeros le obligaba a estar siempre atento, a no confiarse, a mejorar cada control, cada pase y cada decisión, sabiendo que, en un entorno así, la competencia interna resultaba tan intensa como cualquier partido oficial.

El título de campeón del grupo 3 con el Real Madrid Juvenil C confirmó que aquel grupo no solo tenía talento individual, sino también capacidad para interpretar las ideas del entrenador, para sufrir en partidos complicados, para gestionar momentos de presión y para mantener la concentración cuando el calendario se hacía largo, y para Losa significó la primera gran prueba de que podía encajar en la cantera de un club gigantesco sin renunciar a su esencia de chico de Tomelloso.

1972-1973 Real Madrid Juvenil C

Arriba, Sr. x (delegado), ALONSO (-), ALVIRA (Salvador Alvira Rodríguez), COMENDADOR (Ramón Comendador), FERNÁNDEZ (-), OBIOL (-), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz), LOSA (José Antonio Losa Coronado), Sr. Juan Antonio Fernández Seguí (entrenador)

Abajo, KIKO (Francisco Sánchez ), GUADAÑO (-), QUIÑONERO (-), x (-), GALVÁN (Manuel Galván Parada), ESCRIBANO (Carlos Enrique Escribano Gracía), RECIO (Pedro Recio de la Torre).

REAL MADRID JUVENIL B 1973-1974, CAMPEÓN DEL GRUPO 1 CON FRANCISCO GENTO LÓPEZ

La temporada 1973-1974 llevó a JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid un peldaño más arriba dentro de la ruta formativa blanca, al integrarse en el Real Madrid Juvenil B, que competía en el grupo 1 y que volvería a terminar como campeón, esta vez bajo la dirección de una leyenda absoluta del madridismo, Francisco Gento López, cuya sola presencia en el banquillo imponía respeto y despertaba admiración en los jóvenes que lo escuchaban.

Trabajar diariamente con alguien como Francisco Gento López significaba tener delante a un hombre que conocía el Real Madrid desde dentro como pocos, que había vivido finales de Copa de Europa, que había sufrido derrotas y festejado títulos impensables, y que ahora decidía dedicar su tiempo a formar a chicos que, como Losa, llegaban desde pueblos y ciudades con la ilusión de aprovechar cada minuto.

El estilo de juego del Real Madrid Juvenil B exigía a los centrocampistas algo más que entrega, pedía inteligencia, visión, capacidad para interpretar cada zona del campo y valentía para pedir el balón en momentos de dificultad, y José Antonio Losa Coronado encontró en ese contexto una oportunidad perfecta para asentarse como mediocentro organizador con llegada, repartiendo juego y, cuando era posible, entrando en área rival con sorpresa.

Los rivales sabían que enfrentarse al Real Madrid Juvenil B campeón de grupo significaba competir contra una de las mejores generaciones de jóvenes del país, y atacaban el partido con una motivación extra, intentando demostrar que podían poner en apuros a los chicos del club blanco, lo que obligaba a Losa y a sus compañeros a no confiarse nunca, a jugar cada duelo con máxima seriedad y a entender que el escudo en el pecho solo se honra con trabajo constante.

Al término de la temporada, levantar de nuevo un título como campeón del grupo 1 dejó en José Antonio Losa Coronado una mezcla de orgullo y responsabilidad, porque confirmaba que su lugar en la cantera no era casualidad, sino el resultado de años de sacrificio, y porque sabía que el siguiente escalón, el Real Madrid Juvenil A, supondría un nuevo salto de exigencia, donde el margen de error sería todavía más pequeño.

REAL MADRID JUVENIL A 1974-1975, SUBCAMPEÓN DEL SUBGRUPO 1 BAJO EDUARDO VÍLCHEZ LÓPEZ

La temporada 1974-1975 situó a JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid en el Real Madrid Juvenil A, la cúspide de la pirámide juvenil blanca, un equipo que competía en el subgrupo 1 y que terminaría como subcampeón, bajo la dirección de Eduardo Vílchez López, un entrenador que conocía bien la casa y que creía firmemente en la importancia de combinar exigencia táctica con confianza en el talento de los jugadores.

En el Real Madrid Juvenil A, Losa compartió vestuario con algunos de los mejores jóvenes de su generación, futbolistas que aspiraban a llegar al filial, al Real Madrid Castilla, o a encontrar hueco en otros clubes importantes, y la competencia por un puesto en el once era feroz, lo que obligaba a cada uno a cuidar cada detalle, desde la alimentación hasta el descanso, pasando por la actitud en cada sesión de entrenamiento.

El centro del campo del Real Madrid Juvenil A se convertía en el lugar donde se cocinaba el juego, y allí José Antonio Losa Coronado debía tomar decisiones rápidas, equilibrar el equipo cuando defendía, apoyar a los laterales cuando subían y encontrar a los delanteros en el momento justo, sabiendo que cada pérdida en esa zona podía traer problemas, pero que arriesgar a veces era necesario para abrir defensas muy cerradas.

Aunque el equipo no consiguió el primer puesto en el subgrupo 1, el subcampeonato llegó acompañado de muchas sensaciones positivas, porque el grupo había competido hasta el final, había sido consistente en la mayoría de partidos y había demostrado una identidad clara, y para Losa significó cerrar el ciclo juvenil con la sensación de haber exprimido al máximo la oportunidad de formarse en una de las canteras más exigentes del mundo.

REAL MADRID AMATEUR 1975-1976, PRIMER PASO SÉNIOR EN 1ª REGIONAL PREFERENTE

La temporada 1975-1976 llevó a JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid al Real Madrid Amateur, en la 1ª Regional Preferente, un escalón distinto dentro de la estructura blanca, porque suponía el salto al fútbol sénior, donde los rivales ya no eran solo jóvenes en formación, sino hombres hechos, con años de experiencia, con trabajos fuera del fútbol y con una forma de competir marcada por el orgullo y la necesidad de sacar adelante a sus equipos domingo tras domingo.

Bajo la dirección de Francisco Javier Bolea, el Real Madrid Amateur terminó en el puesto 13, en una categoría muy dura en la que se enfrentaba a clubes que veían en el equipo madridista un rival especial, al que querían ganar por prestigio y por el simbolismo de imponerse a jugadores que venían de la “casa blanca”, lo que convertía cada partido en una especie de examen de carácter para los jóvenes canteranos.

En esa temporada, Losa comprendió que el fútbol sénior exigía una mezcla diferente de virtudes, porque ya no bastaba con el talento y la disciplina, hacía falta también resistencia física para soportar choques más duros, inteligencia para evitar lesiones innecesarias y madurez para aceptar que el juego no siempre sería brillante, pero que el equipo necesitaba de su trabajo constante en el centro del campo para equilibrar partidos complicados.

REGRESO A CASA, C.P. VILLARROBLEDO Y EL FÚTBOL DE CASTILLA-LA MANCHA

En la temporada 1976-1977, José Antonio Losa Coronado inició su regreso progresivo a la tierra que lo había visto nacer, fichando por el C.P. Villarrobledo, primero en 1ª Regional y después en 1ª Preferente y 3ª División, entrando en un ciclo que lo convertiría en una figura importante del fútbol castellano-manchego, un centrocampista con pasado blanco que escogía poner todo su bagaje al servicio de clubes cercanos a su gente.

En el C.P. Villarrobledo, Losa encontró un entorno donde el fútbol se vivía muy de cerca, con aficiones que conocían por nombre a la mayoría de jugadores, con campos donde el público estaba a pocos metros de la línea y con una intensidad emocional que se respiraba en cada partido, porque para muchas personas del pueblo, el resultado del domingo era tema de conversación obligado toda la semana.

El salto a 3ª División con el C.P. Villarrobledo significó competir en una categoría ya nacional, donde coincidían equipos con historias muy distintas, pero todos con ambición, y donde la experiencia de José Antonio Losa Coronado como ex canterano del Real Madrid aportaba un plus de confianza a compañeros y entrenadores, que veían en él no solo un buen futbolista, sino también un ejemplo de profesionalidad y de constancia.

C.D. UTRILLAS Y LA AVENTURA EN LA REGIONAL PREFERENTE ARAGONESA

La temporada 1978-1979 llevó a Losa al C.D. Utrillas, en la Regional Preferente Aragonesa, abriendo un paréntesis geográfico que lo alejó de Castilla-La Mancha pero que le permitió conocer otra forma de vivir el fútbol regional, en campos donde el frío y el viento se dejaban sentir, donde los desplazamientos se hacían largos y donde cada punto costaba un esfuerzo enorme, compartido con compañeros que compatibilizaban entrenamientos con trabajos exigentes.

En Utrillas, José Antonio Losa Coronado siguió desempeñando su papel de centrocampista con criterio, aportando salida de balón, equilibrio y llegada, y mostrando a los jóvenes que lo rodeaban que el paso por un gigante como el Real Madrid no hacía a nadie superior, pero sí podía servir como escuela de humildad y seriedad, dos virtudes imprescindibles para sobrevivir en cualquier categoría.

REGRESO A VILLARROBLEDO Y MADUREZ EN 3ª DIVISIÓN

Tras el paso por Utrillas, el regreso al C.P. Villarrobledo supuso para Losa la consolidación definitiva de su papel como jugador importante en el fútbol castellano-manchego, enlazando varias temporadas en 3ª División donde la palabra rutina no existía, porque cada rival, cada campo y cada fin de semana traían un tipo de reto diferente, desde equipos que aspiraban a ascender hasta otros que luchaban por sobrevivir.

En esas campañas, José Antonio Losa Coronado se convirtió en uno de esos futbolistas que sostienen a un club desde dentro, que marcan el tono en el vestuario, que hablan cuando hay que hablar y callan cuando es mejor escuchar, que se entrenan con la misma intensidad al principio que al final de la temporada y que aceptan que el liderazgo no se ejerce solo con palabras, sino también con ejemplo y sacrificio silencioso.

EL ATLÉTICO TOMELLOSO, CERRANDO EL CÍRCULO EN CASA

La vuelta al Atlético Tomelloso en los años ochenta permitió a Losa cerrar un círculo emocional, porque regresaba al club donde había dado sus primeros pasos como infantil, ahora convertido en un centrocampista veterano, con muchos partidos en las piernas y una mirada distinta sobre el juego, más serena, más amplia y más consciente del valor de cada momento compartido sobre el césped.

En 1ª Regional Preferente y más tarde en 3ª División, José Antonio Losa Coronado ofreció al Atlético Tomelloso toda la experiencia acumulada en la cantera del Real Madrid y en clubes como C.P. Villarrobledo o C.D. Utrillas, ayudando a consolidar proyectos deportivos que daban vida a la ciudad, multiplicando los domingos de emoción en la grada y ofreciendo a la gente de Tomelloso un motivo más para sentirse orgullosa.

C.D. UNIÓN CRIPTANENSE, C.D. MANCHEGO, HERENCIA C.F. Y C.D. MADRIDEJOS, LA ETAPA DE VETERANO

Los últimos años de carrera llevaron a José Antonio Losa Coronado por clubes como el C.D. Unión Criptanense, el C.D. Manchego, el Herencia C.F. y el C.D. Madridejos, en categorías como la 1ª Regional Preferente y la 1ª Preferente Castellana-Manchega, donde el fútbol seguía siendo muy serio, aunque lejos de los grandes focos, y donde cada entrenamiento, cada charla y cada partido eran una demostración de amor por el juego.

En estos equipos, Losa desempeñó el papel de veterano que guía a los jóvenes, que les explica con calma cómo colocarse, cuándo arriesgar y cuándo guardar la posición, y que les recuerda que el fútbol, aunque no siempre lleve a la élite, puede llenar una vida de recuerdos, amigos y aprendizajes, si se vive con honestidad y con compromiso real con el escudo que se lleva en el pecho.

LEGADO DE JOSÉ ANTONIO LOSA CORONADO, CENTROCAMPISTA DE LA CANTERA BLANCA Y DEL FÚTBOL MANCHEGO

Al repasar la trayectoria de JOSÉ ANTONIO LOSA CORNADO centrocampista Real Madrid aparece el retrato de un futbolista que hizo un camino largo y coherente, desde los campos de tierra del Atlético Tomelloso C.F. Infantil, pasando por la exigencia máxima de la cantera del Real Madrid en el Real Madrid Juvenil C, el Real Madrid Juvenil B, el Real Madrid Juvenil A y el Real Madrid Amateur, hasta convertirse en referencia silenciosa de clubes como C.P. Villarrobledo, C.D. Utrillas, Atlético Tomelloso, C.D. Unión Criptanense, C.D. Manchego, Herencia C.F. y C.D. Madridejos, donde el fútbol se vive pegado a la piel de la gente.

Su legado no se mide en portadas de periódico ni en grandes fichajes, sino en la memoria de quienes lo vieron correr en campos de Tomelloso, de Villarrobledo, de Utrillas o de Madridejos, en los compañeros que recuerdan a ese centrocampista que siempre se ofrecía, que nunca se escondía y que entendía que su oficio consistía en hacer que el equipo funcionara, incluso cuando el brillo se lo llevaban otros, porque sabía que muchas victorias nacen en los pies de quienes piensan, trabajan y conectan.

En la cantera del Real Madrid, la historia de Losa sirve para recordar que no todos los caminos llevan al estadio principal, pero que todos los chicos que pasan por sus categorías dejan una parte de ese espíritu en los lugares donde luego juegan, llevando consigo una forma de entrenar, una seriedad y una visión del juego que elevan el nivel de cada vestuario humilde donde se enfundan una nueva camiseta, ya sea en 1ª Regional Preferente, en 1ª Preferente o en 3ª División.

En Castilla-La Mancha, el nombre de José Antonio Losa Coronado queda atado a una época en la que el fútbol regional tenía una fuerza especial, porque los pueblos se volcaban con sus equipos, los domingos eran días de partido y de conversación larga en los bares, y jugadores como él se convertían en referentes cercanos, modelos de constancia para los chicos que los miraban desde la grada soñando con vestir algún día las mismas camisetas.

Visto con perspectiva, el camino de Losa demuestra que la grandeza del fútbol no reside solo en los focos más potentes ni en los escenarios más famosos, sino también en esos recorridos que unen un pueblo como Tomelloso con la cantera del Real Madrid y con una larga lista de clubes regionales, construyendo una carrera hecha de barro, de viajes, de charlas de vestuario, de entrenamientos fríos y de tardes de sol abrasador, pero sobre todo hecha de amor honesto por un juego que le acompañó durante toda su vida activa.

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