El guardián silencioso de la cantera del Real Madrid
Infancia, primeros pasos y un niño fascinado por la portería
Desde muy pequeño, JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid, Nació el 30-3-1953 en Madrid, descubrió que su lugar natural en un campo de fútbol no estaba cerca del gol rival, ni en la zona donde los niños soñaban con marcar tantos y recibir los aplausos de sus compañeros, sino en ese espacio solitario, exigente y a menudo incomprendido que se conoce como portería, donde un solo fallo puede empañar un partido brillante y donde la responsabilidad pesa tanto como los sueños que empujan a un chaval a tirarse al suelo una y otra vez. Creció en un contexto en el que el fútbol era algo más que un juego de barrio, porque en cada conversación, en cada recreo del colegio y en cada rato libre con sus amigos, aparecía el nombre del Real Madrid, el club que marcaba la referencia de grandeza y exigencia para cualquier niño que amara este deporte. Mientras otros imitaban a los grandes delanteros de la época, Sergio prefería fijarse en los guardametas, en cómo se colocaban, en cómo se lanzaban al suelo con valentía, en cómo mandaban a la defensa con gestos y gritos que se imponían incluso por encima del ruido de la grada, y poco a poco fue construyendo en su interior la idea de que, si quería hacerse un hueco en el fútbol, debía aceptar ese reto silencioso y sacrificado que suponía convertirse en portero.
Su entorno familiar vio pronto que aquel niño no sólo tenía afición y voluntad, sino también una capacidad especial para intuir el juego, para adelantarse a los remates y para reaccionar con reflejos rápidos en acciones que, para otros, pasaban demasiado deprisa como para poder decidir con acierto, y por eso la familia apoyó su deseo de vincularse a un club que le diera la oportunidad de formarse en serio. En aquellos años, la idea de que un chaval entrara en la órbita de la cantera del Real Madrid era algo casi mítico, reservado a unos pocos elegidos que se ganaban ese privilegio a base de talento y constancia, así que cuando se abrió la puerta del C.D. San Benito Infantil, un filial ligado a la estructura del club blanco, Sergio entendió que se le presentaba una posibilidad que no podía dejar pasar, porque aquel paso suponía salir del fútbol callejero para entrar en una escuela en la que cada entrenamiento contaba y cada partido se convertía en una especie de examen silencioso.
C.D. San Benito Infantil: los años en que se forja un portero
En la temporada 1967-1968, JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid se incorporó al C.D. San Benito Infantil, un equipo filial del Real Madrid que funcionaba como puerta de entrada para los chicos que querían abrirse camino en la estructura de cantera más prestigiosa del país, y ese salto significó la primera gran prueba de fuego para un portero que todavía estaba en plena adolescencia, con mucho por aprender pero también con una enorme ilusión. Los entrenamientos en el San Benito no sólo se centraban en la técnica de blocaje, en las salidas por alto o en la colocación bajo palos, sino también en la disciplina, la puntualidad, la seriedad con la que se debía afrontar cada sesión y la actitud competitiva que todos los jugadores debían mostrar, aunque sus partidos no salieran en la prensa ni atrajeran a grandes multitudes, porque el verdadero examen estaba en la mirada de los entrenadores y en los informes que, poco a poco, iban moldeando el futuro de cada futbolista.
Durante la temporada 1968-1969, el C.D. San Benito Infantil siguió siendo su casa futbolística y el lugar donde consolidó muchos de los fundamentos que luego serían clave en su carrera, ya que la continuidad en un mismo equipo le permitió afianzar automatismos, mejorar la comunicación con sus defensas y comprobar cómo la experiencia acumulada en un año de competición empezaba a darle más seguridad en situaciones de presión. En estos años, Sergio aprendió que el portero no vive sólo de paradas espectaculares, porque también debe dominar los momentos invisibles del partido, esos en los que el balón está lejos de la portería pero el guardameta tiene que mantener la concentración, dirigir a la defensa, ordenar las marcas y anticipar posibles jugadas, para que nada le sorprenda cuando la pelota vuelva a acercarse a su área. La cantera del Real Madrid, incluso en sus filiales más modestos, se caracterizaba por inculcar un estilo serio y competitivo, donde se valoraba la sobriedad, la regularidad y la capacidad de resistir la presión, y todo eso fue moldeando el carácter deportivo de Sergio, que entendía que cada día de trabajo con el San Benito era un paso más hacia el sueño de jugar en categorías superiores.
Chamartín C.F. Juvenil: primer salto competitivo y madurez temprana
El siguiente peldaño en la trayectoria de JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid llegó cuando, en la temporada 1969-1970, se incorporó al Chamartín C.F. Juvenil, otro equipo filial del Real Madrid que reunía a jóvenes con condiciones para competir a un nivel superior al infantil, lo que suponía enfrentarse a rivales más fuertes, con más ritmo y con una comprensión del juego más avanzada. En aquel grupo 1 de Madrid, el Chamartín C.F. Juvenil A terminó la temporada en cuarta posición bajo la dirección del entrenador Francisco Lacuesta Salazar, y ese contexto competitivo sirvió para que el joven portero entendiera que ya no bastaba con tener buenas condiciones, sino que debía ofrecer rendimiento continuo, minimizar errores y adaptarse a la exigencia táctica que imponían los técnicos de la cantera blanca.
Lo que marcó estos años juveniles no fue sólo la clasificación del equipo o los resultados en la tabla, sino el proceso de maduración que experimentó Sergio, que empezó a adquirir una visión más amplia del fútbol, a leer mejor las jugadas y a tomar decisiones más rápidas en situaciones límite, porque en la categoría juvenil, un despiste podía costar goles decisivos. La temporada 1970-1971 reforzó esta sensación de crecimiento colectivo e individual, ya que el Chamartín C.F. Juvenil A se proclamó subcampeón del grupo 1 de Madrid, de nuevo con Francisco Lacuesta Salazar en el banquillo, y esa campaña confirmó que la generación de jugadores a la que pertenecía Sergio tenía nivel para seguir escalando hacia los equipos de mayor jerarquía en la estructura del Real Madrid.
En esas categorías, los porteros debían lidiar con delanteros más poderosos físicamente y con equipos mejor organizados, lo que obligaba a Sergio a perfeccionar aspectos como el juego aéreo, la colocación en los centros laterales y la rapidez en las salidas a los pies del rival, porque cada error se notaba mucho más y la competencia por un sitio en los siguientes escalones del club era feroz. Para cualquier jugador de cantera, y más todavía para un guardameta, esos años juveniles representaban una especie de criba silenciosa, en la que muchos talentos se quedaban en el camino, por lo que mantenerse firme y seguir avanzando hacia el siguiente equipo era ya un logro que hablaba de constancia, resiliencia y capacidad para soportar la presión.

1969-1970 Chamartín C.F. Juvenil
De pie, SERGIO (José Sergio Fernández Romero), ARIAS (Francisco M. Arias), COLOSCOU (Manuel Hernández Coloscou), ?, JIMÉNEZ DÍAZ (José Luis Jiménez Díaz), MORERA (-)
Agachados, ?, PEPITO (José Sánchez Martínez), MEDINA (-), CARRASCO (-), FERNÁNDEZ (Ángel Luis Fernández González).
Real Madrid Amateur: entrar en la antesala del profesionalismo
La temporada 1971-1972 marcó un punto de inflexión en la carrera de JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid, que llegó al Real Madrid Amateur, un equipo que funcionaba como puente entre la cantera y el fútbol semiprofesional, y que servía para dar minutos a aquellos jugadores que todavía no habían encontrado su hueco definitivo pero que seguían mostrando condiciones interesantes para competir a buen nivel. Bajo la dirección del mítico Juan Santisteban Troyano, figura clave en el desarrollo de la cantera blanca, el Real Madrid Amateur se proclamó subcampeón, lo que reforzó la sensación de que el grupo de futbolistas que conformaban aquel equipo tenía talento y capacidad competitiva, y que dentro de esa plantilla se encontraba un portero dispuesto a hacer todo lo posible por apurar su sueño en el club de su vida.
En esta etapa, Sergio convivió con la mezcla de ilusión y presión que acompaña a los jugadores que se encuentran en esa franja intermedia, muy cerca de la élite pero aún sin un sitio garantizado en el primer equipo o en su filial principal, de modo que cada entrenamiento y cada partido se convertían en una oportunidad para demostrar que podían seguir avanzando. Para un guardameta, la exigencia era aún mayor, porque la competencia se concentraba en muy pocos puestos y los responsables de la cantera debían decidir qué perfil de portero se ajustaba mejor a las necesidades del club, valorando tanto las cualidades técnicas como la personalidad, el carácter y la capacidad de liderazgo bajo palos. Aunque el sueño de vestir la camiseta del primer equipo del Real Madrid quedaba todavía lejos, la presencia de Sergio en el Real Madrid Amateur significaba que había superado varias de las cribas que dejaban a muchos compañeros por el camino, y que se había ganado el respeto de sus entrenadores gracias a su seriedad y a su dedicación en cada etapa formativa.
Etapa de cesiones: C.D. Cieza y Lorca Deportiva, el reto del fútbol regional murciano
Concluida su etapa en el Real Madrid Amateur, José Sergio Fernández Romero inició un ciclo de cesiones que le llevó a diferentes equipos del fútbol español, comenzando por su paso al C.D. Cieza en la temporada 1972-1973, donde compitió en la Primera Preferente Murciana, una categoría en la que el fútbol era duro, físico y directo, y en la que los porteros debían responder a un tipo de juego muy distinto al de las categorías juveniles o a la dinámica de la cantera blanca. En este contexto, Sergio se encontró con campos más pequeños, con terrenos de juego a menudo irregulares y con rivales que cargaban el área con insistencia, lo que le obligó a reforzar su capacidad para salir por alto, para soportar el contacto en las jugadas de estrategia y para mantener la concentración en partidos que, en ocasiones, se decidían por detalles mínimos.
La temporada 1973-1974, en la que militó en el Lorca Deportiva, también en Primera Preferente Murciana y de nuevo en calidad de cedido, representó una continuación de ese aprendizaje intenso en el fútbol regional, ya que se trataba de una categoría muy competitiva en la que muchos equipos peleaban por ascender y en la que los aficionados vivían los partidos con una pasión desbordante. Para un portero formado en la disciplina de la cantera del Real Madrid, adaptarse a estos entornos significaba demostrar que sabía responder tanto al fútbol más técnico como al más combativo, y que podía ser sólido bajo palos incluso cuando las condiciones del entorno no eran las ideales ni en lo deportivo ni en lo material. Estos años en Cieza y Lorca consolidaron la imagen de Sergio como un guardameta fiable, capaz de integrarse en nuevos vestuarios y de asumir la responsabilidad de ser el último hombre en equipos que dependían mucho de mantener su portería a buen recaudo para aspirar a objetivos ambiciosos dentro de su categoría.
A.D. Ceuta y el servicio militar: compatibilizar el deber y el fútbol
Uno de los episodios más singulares en la trayectoria de Sergio se produjo en la temporada 1974-1975, cuando fue cedido a la A.D. Ceuta, club que competía en Tercera División, al mismo tiempo que cumplía con el servicio militar, una obligación que en aquella época condicionaba la vida de muchos futbolistas españoles, que debían encontrar la manera de compaginar su carrera deportiva con las exigencias de la mili. Durante seis meses, Sergio vivió una etapa en la que las rutinas de entrenamiento se adaptaban a un calendario marcado por guardias, maniobras y obligaciones castrenses, lo que hacía aún más meritorio el esfuerzo por mantener un buen nivel de rendimiento, porque el cuerpo y la mente debían responder en situaciones de cansancio acumulado y de carga física adicional.
La A.D. Ceuta ofrecía un escenario competitivo muy distinto al de la cantera blanca, ya que el club representaba a una ciudad con una identidad futbolística propia, con una afición entregada y con una manera de entender el juego marcada por la lucha, el orgullo y el deseo de hacerse respetar en cada partido, especialmente como local. En este contexto, el portero debía ser una figura de estabilidad, alguien capaz de transmitir calma a la defensa incluso en momentos de máxima tensión, cuando el rival apretaba y el ambiente se volvía hostil, y todo ello con la dificultad añadida de un calendario personal condicionado por la disciplina militar. Esta experiencia reforzó la capacidad de sacrificio de Sergio, que demostró que podía sostener su compromiso con el fútbol incluso en circunstancias que exigían una organización milimétrica del tiempo y una mentalidad fuerte para no venirse abajo ante las dificultades cotidianas.
A.D. Arganda y C.D. Leganés: consolidación en el fútbol madrileño de Preferente
Tras su etapa en Ceuta, José Sergio Fernández Romero regresó al entorno de la Comunidad de Madrid y encadenó nuevas cesiones que mantuvieron viva su carrera, empezando por su participación en la A.D. Arganda durante la temporada 1975-1976, donde compitió en Primera Preferente Castellana, una categoría que reunía a clubes con mucha tradición en el fútbol regional, con campos siempre difíciles y con una competencia feroz por las plazas de ascenso. En la A.D. Arganda, el portero encontró un entorno en el que su experiencia previa en categorías exigentes le permitió asumir el rol de guardián de un equipo que necesitaba seguridad atrás para construir resultados desde la solidez defensiva, sabiendo que, en estas ligas, encajar un gol temprano podía condicionar por completo el desarrollo del partido.
La temporada 1976-1977 le llevó al C.D. Leganés, que militaba en Primera Regional Preferente, y allí Sergio volvió a comprobar que el fútbol modesto madrileño tenía un nivel competitivo muy alto, con mucha intensidad, con partidos de ritmo elevado y con rivales que no regalaban ni un solo balón. En estos clubes, el portero debía acostumbrarse a recibir más disparos, a participar de forma constante en el juego y a lidiar con situaciones de máxima exigencia en campos que, en muchas ocasiones, no tenían las comodidades de los grandes estadios, lo que hacía aún más importante la concentración y la capacidad de adaptación. Estas temporadas en Arganda y Leganés consolidaron la imagen de José Sergio Fernández Romero como un portero trabajador, serio y comprometido, dispuesto a defender la portería de cualquier club con la misma entrega que había mostrado en sus años de formación en la cantera del Real Madrid.
Castilla C.F.: el regreso al entorno blanco en Segunda B
La temporada 1977-1978 marcó un nuevo giro significativo en la carrera de JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid, que se incorporó al Castilla C.F., el filial del Real Madrid que competía en Segunda División B y que representaba la categoría más alta dentro del escalafón formativo del club blanco, justo antes del salto al primer equipo. Jugar en el Castilla C.F. suponía situarse en un escaparate de primer nivel dentro del fútbol español, porque muchos de los partidos del filial eran seguidos de cerca por los técnicos del club y por ojeadores de otras entidades, conscientes de que el conjunto castillista reunía a algunos de los jóvenes más prometedores del país.
En este contexto, Sergio convivió con una plantilla en la que se mezclaban futbolistas que aspiraban a debutar en el primer equipo del Real Madrid con otros que buscaban consolidarse como profesionales en el fútbol de élite o en categorías cercanas, lo que generaba una competencia interna enorme y obligaba a todos a rendir al máximo en cada entrenamiento. Para un portero, esta etapa era especialmente delicada, porque cualquier error quedaba muy expuesto, pero al mismo tiempo, una buena actuación podía abrir puertas importantes, ya que muchos clubes seguían de cerca la evolución de los guardametas que salían de la fábrica blanca. Aunque el paso de Sergio por el Castilla C.F. no se tradujo en un salto definitivo al primer equipo, su presencia en Segunda B confirmó que había alcanzado un nivel competitivo muy respetable dentro de la estructura del club y que su nombre formaba parte de esa generación de porteros que llevaron el sello de la cantera madridista por numerosos campos de España.
C.D. Pegaso y A.D. Torrejón: un guardián veterano en la Segunda B y Tercera
Tras su paso por el Castilla C.F., la carrera de Sergio entró en una fase marcada por su vinculación con clubes que se convertirían en escenarios fundamentales de su vida futbolística, empezando por el C.D. Pegaso, una entidad del área de Madrid que, en aquellos años, tuvo una presencia continuada en Segunda B y Tercera. En la temporada 1978-1979, Sergio jugó cedido en el C.D. Pegaso en Segunda B, consolidando su experiencia en una categoría que exigía una mezcla de calidad técnica y fortaleza mental, ya que muchos equipos luchaban por ascender a Segunda División y los márgenes entre éxito y fracaso eran muy estrechos.
La campaña 1979-1980 fue especialmente intensa, porque Sergio comenzó el curso en el C.D. Toledo, que militaba en Tercera División, y poco después, a partir del 9 de octubre de 1979, pasó a la A.D. Torrejón, club de Segunda B en el que encontraría un nuevo espacio para demostrar su valía. Esa doble experiencia en un mismo año refleja la movilidad que caracterizaba a muchos jugadores del fútbol español de la época, que debían adaptarse a cambios de club, de ciudad y de categoría con rapidez, manteniendo siempre la competitividad y el compromiso con sus nuevos compañeros. La A.D. Torrejón se convirtió en su equipo durante dos temporadas completas, 1979-1980 y 1980-1981, ambas en Segunda B, y allí Sergio se consolidó como un portero veterano dentro del vestuario, alguien capaz de aportar serenidad en momentos difíciles y de guiar a compañeros más jóvenes en la gestión de la presión y de los partidos complicados.
A partir de la temporada 1981-1982, la relación entre Sergio y el C.D. Pegaso se intensificó, ya que el guardameta encadenó varias campañas consecutivas en el club: 1981-1982, 1982-1983, 1983-1984, 1984-1985, 1985-1986 y 1986-1987, todas ellas en Tercera División, lo que convirtió a la entidad en uno de los destinos más prolongados e importantes de su trayectoria. En estos años, Sergio se consolidó como un pilar defensivo para el C.D. Pegaso, asumiendo el rol de portero experimentado, conocedor de la categoría y capaz de sostener al equipo en partidos ajustados, en campos difíciles y en temporadas en las que los objetivos podían ir desde la lucha por ascender hasta la permanencia en un grupo exigente. La repetición de su nombre durante tantas campañas seguidas en el club refleja una confianza mutua, porque el C.D. Pegaso apostó por su continuidad y Sergio respondió con compromiso, regularidad y profesionalidad, convirtiéndose en una referencia para los aficionados que acudían cada fin de semana al campo.
U.D. San Sebastián de los Reyes y los últimos años de su carrera
En la temporada 1987-1988, Sergio se incorporó a la U.D. San Sebastián de los Reyes, un club madrileño que competía en Segunda B y que representaba otro capítulo importante en el recorrido del portero por las categorías semiprofesionales del fútbol español. La U.D. San Sebastián de los Reyes se encontraba en una etapa de crecimiento y consolidación, y contar con un guardameta de experiencia contrastada resultaba clave para sostener las aspiraciones del equipo en una categoría siempre complicada, donde cada punto costaba mucho esfuerzo y donde la solidez defensiva era un factor determinante.
Las temporadas 1988-1989 y 1989-1990 presentan lagunas documentales en cuanto al detalle de los equipos en los que jugó José Sergio, pero el contexto del fútbol español de la época permite imaginar a un portero veterano que seguía ligado al juego, ya fuera en clubes de Tercera División o en equipos regionales con aspiraciones, manteniendo su nivel competitivo mientras el cuerpo y la motivación se lo permitieran. En aquellos años, muchos jugadores con largas trayectorias en Segunda B y Tercera prolongaban su carrera en clubes modestos, donde aportaban experiencia, oficio y una mentalidad profesional que ayudaba a los más jóvenes a entender la seriedad con la que debía vivirse el fútbol, incluso lejos de los focos mediáticos.
Lo que sí aparece vinculado a este tramo final de su trayectoria es su presencia en el Getafe C.F. en la temporada 1990-1991, en el contexto de la Segunda B, lo que indica que Sergio seguía siendo un portero útil para equipos con aspiraciones relevantes, dispuesto a competir en una categoría donde la exigencia física y táctica seguía siendo muy alta. Formar parte del Getafe C.F. en aquellos años suponía integrarse en un club que comenzaba a construir la base de lo que, con el tiempo, sería una entidad de referencia en el fútbol profesional español, por lo que la experiencia aportada por un guardameta con tantos kilómetros en sus guantes resultaba especialmente valiosa.
El legado de un portero de cantera en el fútbol modesto español
La carrera de JOSÉ SERGIO FERNÁNDEZ ROMERO portero Real Madrid, no se mide por portadas de periódico ni por grandes focos mediáticos, sino por un recorrido largo, coherente y lleno de esfuerzo a través de la cantera del Real Madrid y de numerosos clubes del fútbol español, desde filiales infantiles hasta equipos de Segunda B y Tercera que encontraron en él a un guardameta fiable, trabajador y comprometido. Cada etapa, desde el C.D. San Benito Infantil hasta el Castilla C.F., pasando por la A.D. Ceuta, la A.D. Arganda, el C.D. Leganés, el C.D. Pegaso, la A.D. Torrejón, la U.D. San Sebastián de los Reyes y el Getafe C.F., dibuja el perfil de un jugador que nunca dejó de luchar por mantenerse en un nivel competitivo alto, aunque su nombre no figurara entre las grandes estrellas mediáticas del fútbol español.
Su historia representa el itinerario de tantos porteros que, formados en una cantera de élite como la del Real Madrid, se convierten en pilares silenciosos de clubes modestos y de categorías intermedias, sosteniendo proyectos deportivos, ayudando a sus compañeros más jóvenes y manteniendo vivo el espíritu competitivo que aprendieron en su adolescencia. El legado de José Sergio Fernández Romero se entiende como el de un guardián silencioso, un futbolista que honró la portería en cada campo en el que jugó, y que encarna el valor de esas carreras discretas pero fundamentales para el tejido del fútbol español, donde no todos brillan bajo los focos, pero muchos construyen, con trabajo diario, la base de este deporte.


