INFANCIA DE RICARDO ÁLVAREZ DE MENA EN MADRID, BALONES ENTRE BLOQUES Y SUEÑOS DE CANTERA
RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid nació el 26 de octubre de 1957 en Madrid, en una ciudad que se expandía hacia barrios llenos de bloques de viviendas, patios interiores y pequeñas plazas donde el fútbol se convertía cada tarde en el centro de la vida de muchos niños, porque bastaba un balón algo gastado, dos abrigos como porterías y un grupo de amigos con ganas de correr para que cualquier espacio se transformara en un estadio imaginario lleno de ruido, goles soñados y celebraciones espontáneas.
Desde muy pronto, el pequeño Álvarez descubrió que se sentía cómodo en el centro del campo, que le gustaba recibir el balón un poco lejos del área, girar la cabeza, mirar alrededor y decidir con calma dónde debía ir la jugada, y que disfrutaba tanto metiendo un pase al espacio como viendo cómo un compañero culminaba la acción, porque entendía que ordenar el juego podía ser tan emocionante como aparecer en la portada por un gol.
Su familia lo veía volver a casa con las rodillas marcadas por el suelo, la camiseta impregnada de sudor y la mirada aún encendida, y aunque le recordaban la importancia de estudiar, de respetar los horarios y de cumplir con las obligaciones, también comprendían que el fútbol no era un simple pasatiempo para Ricardo Álvarez de Mena, sino un hilo que unía su día a día con un sueño que empezaba a tomar forma, el de llegar algún día a la cantera del Real Madrid.
EL TORNEO SOCIAL DEL REAL MADRID, PRIMERA PUERTA A LA FÁBRICA
Antes de vestir la camiseta oficial de la cantera blanca, RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid pasó por el Torneo Social del Real Madrid, una competición interna que durante años funcionó como puerta de entrada para muchos jóvenes al universo de La Fábrica, porque allí se medían entre equipos formados por hijos de socios, amigos de empleados y chicos que llegaban recomendados, y los entrenadores del club observaban cada encuentro en busca de talentos que merecieran cruzar un escalón más.
En ese Torneo Social del Real Madrid, categoría infantil en la temporada 1971-1972, Álvarez compartió campo con chicos de distintos barrios, cada uno con sus historias, sus problemas y sus ilusiones, pero todos unidos por el deseo de sentirse parte del club, y los partidos, aunque no aparecían en grandes titulares, tenían un significado enorme para quienes los disputaban, porque sabían que un buen rendimiento podía abrirles las puertas de la verdadera cantera.
Los entrenadores, colocados en los laterales del campo o en pequeñas gradas, tomaban nota de nombres, posiciones y actitudes, y Ricardo Álvarez de Mena, que jugaba como centrocampista, empezó a destacar por su capacidad de ofrecerse siempre como línea de pase, por su calma con el balón incluso cuando el entorno era ruidoso y por su forma de organizar el juego como si comprendiera que el centro del campo era el corazón del equipo, señales que no pasaron desapercibidas para quienes tenían la responsabilidad de seleccionar a los futuros canteranos.
REAL MADRID INFANTIL B Y REAL MADRID INFANTIL A 1972-1973, ENTRADA PLENA EN LA CANTERA BLANCA
La temporada 1972-1973 supuso la entrada plena de RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid en la estructura de La Fábrica, con su presencia en el Real Madrid Infantil B y posteriormente en el Real Madrid Infantil A, donde el niño que jugaba en patios y en el Torneo Social pasó a formar parte de equipos que representaban de manera oficial la cantera del Real Madrid, con todo lo que eso implicaba en términos de exigencia, disciplina y orgullo por el escudo.
El primer día que Álvarez entró en los vestuarios del Real Madrid Infantil B vio las camisetas blancas colgadas en orden, los balones colocados junto a las paredes y a sus compañeros sentados, escuchando a los entrenadores hablar de trabajo, respeto y ilusión, y sintió que había cruzado una línea invisible entre el juego espontáneo y la formación seria, entendiendo que cada entrenamiento allí era una oportunidad valiosa que no podía desaprovechar.
Como centrocampista en el Real Madrid Infantil B, Ricardo Álvarez de Mena empezó a recibir instrucciones más concretas sobre cómo posicionarse entre la defensa y la delantera, cómo ofrecerse siempre como solución para sacar el balón desde atrás, cómo cambiar el ritmo del juego con un simple toque y cómo ayudar a los compañeros a sostener el orden táctico incluso cuando la emoción del partido invitaba a correr sin control, aprendiendo que pensar antes de actuar era parte esencial de su puesto.
El salto al Real Madrid Infantil A en esa misma temporada consolidó su lugar en la generación que terminaría campeona, porque el equipo logró imponerse en sus competiciones y el centro del campo, con jugadores como Álvarez, se convirtió en una pieza clave para que la pelota circulara de manera fluida, para que las transiciones fueran ordenadas y para que el estilo del club, basado en el control y la intensidad, empezara a reflejarse incluso en categorías infantiles.
1972-1973 Real Madrid Infantil A, 08/07/1973, V Torneo Internacional de fútbol infantil en San Adrián del Besós, Final, vs C.F. Barcelona
De pie, PAMPYN (Enrique Pampyn Martínez), BARAJAS (Luis Barajas López), RUESCAS (Juan Sánchez Ruescas), ANADÓN (Fernando Ángel García Anadón), NIETO (-), ÁLVAREZ (Ricardo Álvarez de Mena) (infantil B), MUÑOZ (José Muñoz) (Castilla Infantil), GEA (Antonio de Gea), ?
Agachados, FERNÁNDEZ (Antonio Fernández), MARIANO (Mariano Rodríguez Reiris), BLANCO (Vicente Blanco Brazales), JOAQUÍN (Joaquín Pérez Fernández) (Castilla Infantil), ESCOBAR (Carlos Escobar González), JAVI AGUILERA (Francisco Javier Aguilera Toledo), MUR (José Antonio Mur Capelo), Masajista,
Aquí hay jugadores del infantil B, que fueron invitados con jugadores del A :Ricardo Álvarez de Mena (infantil B) , Joaquín Pérez Fernández y José Muñoz (Castilla Infantil)
REAL MADRID JUVENIL C 1973-1974, PRIMER PASO JUVENIL Y APRENDIZAJE BAJO ENTRENADORES EXIGENTES
La temporada 1973-1974 llevó a RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid al Real Madrid Juvenil C, el primer nivel juvenil dentro de la pirámide blanca, donde el cuerpo, la mente y el juego empezaban a cambiar, porque los rivales eran más fuertes, más rápidos y más conscientes de lo que significaba competir, y donde los entrenadores exigían no solo técnica, sino también comprensión profunda del sistema, actitud y capacidad de adaptación a diferentes tipos de encuentros.
En el Real Madrid Juvenil C, Álvarez reforzó su papel como centrocampista, porque se le pedía que fuera enlace constante entre la defensa y el ataque, que se colocara en zonas donde pudiera recibir y distribuir con claridad, que supiera cuándo ordenar el balón y cuándo permitir que la jugada fluyera por bandas, y que entendiera que su posición implicaba una responsabilidad doble, ofensiva y defensiva, que no podía eludir en ningún minuto.
Los partidos de ese Real Madrid Juvenil C en el grupo correspondiente fueron una escuela real para Ricardo Álvarez de Mena, porque se enfrentaba a equipos que se defendían con intensidad, que presionaban el centro del campo y que obligaban a variar los ritmos, brindando la oportunidad de aprender a gestionar los tiempos de un encuentro, a aceptar la dureza física de algunos duelos y a mantener la cabeza fría cuando los marcadores se ajustaban.
REAL MADRID JUVENIL B 1974-1975, SUBIR UN ESCALÓN Y MANTENER EL EQUILIBRIO
La temporada 1974-1975 significó para RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid un nuevo paso adelante, con su presencia en el Real Madrid Juvenil B, otro escalón dentro de la estructura juvenil blanca, donde el juego se hacía más rápido, los rivales tenían más experiencia y la competencia interna por el puesto se agudizaba, porque muchos jugadores empezaban a ser observados desde categorías superiores y soñaban con acercarse al fútbol sénior.
En el Real Madrid Juvenil B, Álvarez siguió ejerciendo como centrocampista, pero con cargas adicionales, porque debía aceptar la presión de saber que el error podía tener consecuencias mayores, que los entrenadores valoraban la regularidad y que el centro del campo era el lugar donde muchas veces se decidía si el equipo lograba imponer su estilo o caía en el ritmo que marcaba el rival, y eso le obligó a trabajar aún más en su concentración y en su lectura de juego.
Las sesiones de entrenamiento del Real Madrid Juvenil B incluían trabajo físico más intenso, ejercicios de táctica grupal, situaciones simuladas de partido y correcciones detalladas, y Ricardo Álvarez de Mena empezó a notar que cada día sobre el césped era una oportunidad de pulir detalles, de mejorar su posición corporal, de ajustar su primer toque y de fortalecer su resistencia mental para no descomponerse cuando el encuentro se volvía complejo.
REAL MADRID JUVENIL A 1975-1976, CIMA DE LA FORMACIÓN JUVENIL
La temporada 1975-1976 llevó a RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid al Real Madrid Juvenil A, la cima de la formación juvenil dentro del club, en el grupo primero B, donde el equipo terminó como campeón, y donde muchos jugadores empezaban a ver de cerca la posibilidad de dar el salto a equipos sénior, ya fuera dentro del propio organigrama blanco o en clubes donde el fútbol profesional exigía un nivel de compromiso diferente.
En el Real Madrid Juvenil A, Álvarez asumió su papel como centrocampista con madurez creciente, entendiendo que su función no consistía solamente en tocar el balón, sino en liderar silenciosamente desde el juego, en ofrecer soluciones cuando el equipo se quedaba sin ideas, en ayudar a sostener la calma en momentos de presión y en tomar decisiones con criterio, conscientes de que afectarían al conjunto entero, porque el centro del campo es el punto donde se cruzan muchas voluntades.
La conquista del grupo primero B dejó una huella profunda en Ricardo Álvarez de Mena, porque sentía que ese título juvenil cerraba un ciclo formativo dentro de la cantera del Real Madrid, un ciclo que había comenzado en el Torneo Social, continuado en Infantil y seguido en las diferentes categorías juveniles, y ahora se abría una etapa nueva, la del fútbol sénior, donde tendría que demostrar que todo lo aprendido en la estructura blanca podía sostenerlo en escenarios más duros.
REAL MADRID AMATEUR 1976-1978, FRONTERA ENTRE JUVENTUD Y FÚTBOL SÉNIOR
Las temporadas 1976-1977 y 1977-1978 situaron a RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid en el Real Madrid Amateur, en 1ª Regional Preferente, un equipo que funcionaba como puente entre la etapa juvenil y el fútbol sénior, donde muchos jugadores que habían completado su ciclo formativo en juveniles se probaban en competiciones más duras, con rivales veteranos y campos que, a veces, no se parecían en nada a las instalaciones cuidadas de la Ciudad Deportiva.
En el Real Madrid Amateur, Álvarez descubrió que el fútbol sénior exigía otra forma de resistencia, porque los rivales no eran chicos de instituto, sino hombres con trabajos, con familias, con años de experiencia acumulada en ligas regionales, y cada partido era un choque entre aspiraciones juveniles y realidad adulta, una prueba continua de si los hábitos de entrenamiento y la mentalidad adquirida en la cantera eran suficientes para competir en ese nuevo contexto.
Como centrocampista en un equipo que ocupó posiciones como noveno y tercero en la clasificación en esas dos temporadas, Ricardo Álvarez de Mena tuvo que aprender a valorar la importancia de cada punto, de cada empate y de cada victoria, porque la tabla se movía rápidamente y los objetivos del club dependían de la capacidad de sus jugadores para enfrentar campos difíciles, aficiones intensas y rivales que no daban nada por perdido.
G. MELILLA 1978-1979, SERVICIO MILITAR Y FÚTBOL EN 3ª DIVISIÓN
La temporada 1978-1979 llevó a Ricardo Álvarez de Mena lejos de Madrid, hasta la ciudad de Melilla, donde compaginó el servicio militar con el fútbol en el G. Melilla de 3ª División, viviendo una etapa particular en la que sus días se repartían entre obligaciones castrenses y entrenamientos y partidos en un club que representaba el orgullo futbolístico de la ciudad, con aficiones que llenaban las gradas para ver a su equipo.
En Melilla, Álvarez descubrió que el fútbol podía ser también un refugio dentro de una vida marcada por horarios estrictos y disciplina militar, porque cada tarde de entrenamiento y cada encuentro de liga representaban un espacio donde podía volver a ser simplemente un centrocampista, concentrado en el balón, en el campo y en sus compañeros, olvidando por un rato el ruido de las órdenes y el peso del uniforme.
CASTILLA C.F. EN 2ª DIVISIÓN 1979-1981, AÑOS DE CONSOLIDACIÓN Y MADUREZ PARA RICARDO ÁLVAREZ DE MENA
Cuando RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid se asentó en el Castilla C.F., filial del Real Madrid en 2ª División, sintió que daba un paso decisivo en su carrera, porque el equipo ya no se movía en categorías formativas o regionales, sino en el terreno profesional, donde cada partido se analizaba, cada punto se discutía y cada temporada se recordaba en las gradas y en las conversaciones de aficionados que acudían al estadio con expectativas claras.
El vestuario del Castilla C.F. reunía a jóvenes que venían de la cantera blanca, muchos con años de formación en Infantil, Juvenil y Amateur, y también a futbolistas que se incorporaban desde otros clubes, y en ese entorno Álvarez encontró un grupo que mezclaba ilusión por acercarse al primer equipo con la realidad de competir semana tras semana contra rivales de gran nivel, lo que convertía cada jornada en una prueba de carácter y consistencia.
Como centrocampista, Ricardo Álvarez de Mena asumió que en 2ª División la responsabilidad se multiplicaba, porque el juego era más rápido, las presiones más intensas y los errores más determinantes, y debía combinar la serenidad aprendida en la cantera con una capacidad de adaptación constante, ajustando su posición, su ritmo de pase y su manera de interpretar los espacios según el rival, el estado del campo y la situación de cada encuentro.
ENTRENAMIENTOS EN CASTILLA C.F., PULIENDO DETALLES DE UN CENTROCAMPISTA PROFESIONAL
Los entrenamientos del Castilla C.F. en aquellos años eran sesiones exigentes, diseñadas para preparar a los jugadores para la dureza del fútbol profesional, y Ricardo Álvarez de Mena se acostumbró a días en los que la carga física, la táctica y la técnica se mezclaban de manera intensa, comenzando con calentamientos largos, continuando con ejercicios de posesión, presión y salida de balón, y concluyendo con simulaciones de situaciones reales de partido que los técnicos querían pulir.
En muchos ejercicios, el centro del campo era la zona de mayor atención, porque los entrenadores sabían que allí se decidía gran parte del rendimiento del equipo, y Álvarez repetía una y otra vez movimientos de recepción, giros rápidos, cambios de orientación y apoyos al compañero en apuros, corregido cuando hacía falta, felicitado cuando encontraba la línea de pase adecuada y consciente de que esos detalles influían luego en noventa minutos de competición oficial.
Las reuniones previas y posteriores a los entrenamientos ayudaban a Ricardo Álvarez de Mena a comprender la importancia de la preparación mental, porque se analizaban rivales, se señalaban fortalezas y debilidades propias, se hablaba del ritmo de la categoría y se insistía en que cada jugador debía llegar al partido con las ideas claras, sabiendo qué se esperaba de su posición y qué tipo de respuestas debía ofrecer según se desarrollara el encuentro.
PARTIDOS DEL CASTILLA C.F. EN 2ª DIVISIÓN, CAMPOS, RIVALES Y AMBIENTES
Los partidos del Castilla C.F. en 2ª División llevaron a Ricardo Álvarez de Mena por estadios de toda España, algunos con gradas amplias y otros más modestos, pero todos llenos de aficiones que vivían el fútbol con pasión, y cada desplazamiento era una experiencia diferente, porque el ambiente cambiaba según la ciudad, el momento de la temporada y la situación del rival, añadiendo matices que un centrocampista debía aprender a leer también fuera del césped.
En casa, el filial blanco jugaba ante seguidores que conocían bien la historia de la cantera, que veían en muchos jugadores del Castilla C.F. futuros candidatos a vestir la camiseta del primer equipo, y Álvarez sentía esa responsabilidad en cada balón que tocaba, sabiendo que su rendimiento no se medía solo en ojos de entrenadores, sino también en la mirada de aficionados que seguían con atención los pasos de La Fábrica, orgullosos de ver a jóvenes competir en una categoría tan exigente.
Fuera, los rivales del Castilla C.F. solían recibir al filial con una mezcla de respeto y deseo de demostrar que podían derrotar a un equipo vinculado al Real Madrid, y Ricardo Álvarez de Mena vivió partidos en campos donde el ambiente era hostil, con gradas que presionaban desde el calentamiento, con defensas y mediocentros contrarios que utilizaban todos sus recursos para impedir el juego habitual del filial blanco, y tuvo que aprender a proteger el balón, a soportar entradas duras y a mantener la mente concentrada pese al ruido exterior.
ROL DE RICARDO ÁLVAREZ DE MENA EN EL CENTRO DEL CAMPO DEL CASTILLA C.F.
Como centrocampista del Castilla C.F., Ricardo Álvarez de Mena se convertía muchas veces en el jugador que conectaba líneas, porque su capacidad para recibir entre centrales, ofrecerse al lateral y enlazar con los delanteros permitía que el equipo mantuviera una estructura reconocible, y sus compañeros sabían que encontrarlo en el centro del campo era una manera de recuperar orden cuando el partido se desordenaba o cuando el rival imponía un ritmo incómodo.
Su trabajo no se veía solo en los pases, sino también en la forma de cerrar espacios, en las ayudas a los defensas cuando el equipo se veía obligado a replegar, y en la manera de acompañar las transiciones, llegando a zonas avanzadas cuando la jugada lo pedía y regresando con rapidez cuando el equipo perdía el balón, asumiendo que un centrocampista profesional debía equilibrar la balanza del juego, incluso a costa de un desgaste físico elevado.
Los entrenadores del Castilla C.F. valoraban especialmente que Álvarez no se escondiera en partidos difíciles, que se ofreciera cuando la presión rival aumentaba y que mantuviera la calma al recibir, sin dejarse arrastrar por precipitaciones, porque esa serenidad y esa voluntad de participar activamente en la salida de balón eran cualidades que se consideran imprescindibles en un mediocampista que aspira a sostener equipos de alto nivel competitivo.
VIDA COTIDIANA DE ÁLVAREZ DURANTE SUS AÑOS EN CASTILLA C.F.
Más allá de los partidos, los años de Ricardo Álvarez de Mena en el Castilla C.F. estuvieron llenos de rutinas diarias que construyen la vida de un futbolista profesional, porque los entrenamientos ocupaban gran parte del tiempo, pero también había sesiones de recuperación, trabajos específicos de fuerza, reuniones de análisis y viajes que, sumados, dibujaban un calendario exigente, en el que debía cuidar alimentación, descanso y concentración para poder rendir al nivel requerido.
La relación con sus compañeros se forjaba en vestuarios, autobuses, hoteles y campos de entrenamiento, y Álvarez aprendió que el centrocampista no solo se comunica dentro del césped, sino también fuera, compartiendo impresiones, escuchando problemas ajenos, aportando palabras de ánimo y recibiendo consejos de jugadores con más experiencia, creando un tejido humano que sostiene a los equipos durante las temporadas, especialmente en momentos de racha negativa o de presión alta.
La convivencia con técnicos y staff del Castilla C.F. ayudó a Ricardo Álvarez de Mena a entender mejor la estructura del club, porque veía de cerca cómo se planificaban las sesiones, cómo se organizaban las estrategias para cada rival y cómo se tomaban decisiones sobre alineaciones y rotaciones, y esa visión más amplia del funcionamiento de un equipo profesional enriquecía su comprensión del fútbol, más allá de la pura ejecución individual de su puesto.
IMPACTO DE LA ETAPA EN CASTILLA C.F. EN LA CARRERA POSTERIOR DE RICARDO ÁLVAREZ DE MENA
La etapa en el Castilla C.F. tuvo un impacto decisivo en la carrera posterior de Ricardo Álvarez de Mena, porque le permitió demostrar que podía rendir con continuidad en 2ª División, enfrentando clubes importantes y soportando la presión propia de una categoría profesional, y esa experiencia fue clave cuando llegaron cesiones y fichajes por equipos como el Racing Club de Santander, el Hércules C.F., el Palencia C.F., la Cultural y Deportiva Leonesa y el Real Ávila C.F., que confiaban en un centrocampista curtido en el filial blanco.
Cada partido jugado con el Castilla C.F. se convirtió, con los años, en un recuerdo que Álvarez llevaba consigo a nuevas ciudades, porque sabía que allí había aprendido a reaccionar bajo presión, a mantener el orden táctico en medio de la intensidad y a convivir con la exigencia de un club grande, pero desde la posición de un equipo filial, que debía construir su propia identidad sin dejar de ser reflejo de valores de la entidad matriz.
La combinación entre formación inicial en el Torneo Social y en las categorías infantiles y juveniles del Real Madrid, más la experiencia en Real Madrid Amateur y en el Castilla C.F., hizo de Ricardo Álvarez de Mena un centrocampista capaz de entender el juego desde muchos ángulos, y esa riqueza de vivencias se volvió evidente en sus posteriores etapas, donde se le veía como un futbolista con bagaje, capaz de aportar orden en medio de circunstancias cambiantes.
RACING CLUB DE SANTANDER, HÉRCULES C.F., PALENCIA C.F., CULTURAL Y DEPORTIVA LEONESA Y REAL ÁVILA C.F., UNA CARRERA LARGA ENTRE CIUDADES Y CATEGORÍAS
Después de su etapa en Castilla C.F., la trayectoria de Ricardo Álvarez de Mena se extendió por diferentes clubes y categorías, entre ellos el Racing Club de Santander, el Hércules C.F., el Palencia C.F., la Cultural y Deportiva Leonesa y el Real Ávila C.F., donde siguió ejerciendo como centrocampista, adaptando su estilo a contextos diversos, a aficiones distintas y a objetivos cambiantes, siempre con la base formativa adquirida en el Real Madrid.
En cada uno de esos equipos, Álvarez aportó lo que había aprendido desde niño, la capacidad de leer el juego, de ofrecerse siempre como línea de pase, de entender que el centro del campo es lugar de responsabilidad y de aceptar que el fútbol no es solo brillo y títulos, sino también trabajo constante en clubes que luchan por mantenerse, por crecer y por dar alegrías a aficiones que viven el deporte como una parte esencial de su identidad.
LEGADO DE RICARDO ÁLVAREZ DE MENA, CENTROCAMPISTA QUE UNIÓ TORNEO SOCIAL, CANTERA BLANCA Y FÚTBOL PROFESIONAL
Al repasar la trayectoria de RICARDO ÁLVAREZ DE MENA Centrocampista Real Madrid, aparece la figura de un centrocampista que empezó en el Torneo Social del Real Madrid, que creció en el Real Madrid Infantil B, el Real Madrid Infantil A, el Real Madrid Juvenil C, el Real Madrid Juvenil B y el Real Madrid Juvenil A, que dio el salto al Real Madrid Amateur, que vivió experiencias únicas en G. Melilla durante el servicio militar, que se consolidó en Castilla C.F. y que extendió su carrera por clubes como Racing Club de Santander, Hércules C.F., Palencia C.F., Cultural y Deportiva Leonesa y Real Ávila C.F., dejando huellas en cada lugar donde jugó.
Su historia recuerda que la cantera del Real Madrid no solo produce estrellas que alcanzan la fama mundial, sino también jugadores que construyen el tejido del fútbol profesional y semiprofesional en diferentes ciudades y categorías, aportando orden, trabajo y conocimiento del juego, y que el camino de un centrocampista como Álvarez, que recorre infantil, juvenil, amateur, filial y varios clubes de España, es parte esencial de la memoria del fútbol, aunque no siempre ocupe portadas, porque sin carreras como la suya el deporte perdería buena parte de su profundidad y de su humanidad.

1972-1973 Real Madrid Infantil A, Julio de 1973, V Torneo Internacional de fútbol infantil en San Adrián del Besós, CAMPEONES
De pie, Masajista, ?, MARIANO (Mariano Rodríguez Reiris), NIETO (-), ANADÓN (Fernando Ángel García Anadón), DE GEA (Antonio de Gea), PAMPYN (Enrique Pampyn Martínez), FERNÁNDEZ (Antonio Fernández), MUR (José Antonio Mur Capelo)
Agachados, BLANCO (Vicente Blanco Brazales), José (utillero), RUESCAS (Juan Sánchez Ruescas), MUÑOZ (José Muñoz) (Castilla Infantil), JOAQUÍN (Joaquín Pérez Fernández) (Castilla Infantil), ESCOBAR (Carlos Escobar González), ÁLVAREZ (Ricardo Álvarez de Mena) (infantil B), JAVI AGUILERA (Francisco Javier Aguilera Toledo), BARAJAS (Luis Barajas López).

































