SEBASTIÁN LOSADA BESTARD – delantero Real Madrid

Sebastián Losada: El delantero que nació en el corazón del Madrid

Madrid, el punto de partida

En una mañana templada de septiembre de 1967, entre el rumor incesante de una ciudad que ya era el corazón palpitante del fútbol español, SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid vino al mundo en Madrid, creciendo en un tiempo en el que las calles servían aún como primer campo de aprendizaje para miles de niños que soñaban con alcanzar la grandeza que los domingos se desplegaba en el Santiago Bernabéu, templo supremo de un fútbol que combinaba gloria, disciplina y una forma de entender el deporte como una extensión del carácter de un pueblo entero. Hijo de una familia madrileña de valores sólidos y educación exigente, Sebastián fue un niño observador y sensato, de una inteligencia precoz que se reflejaba no solo en sus estudios, sino en la manera en que comprendía el juego, en cómo leía los movimientos de los otros y en la naturalidad con la que se relacionaba con la pelota, tratándola no como un juguete sino como una prolongación de su cuerpo, como una herramienta viva con la que podía expresar algo tan esencial como la libertad.

El ambiente de Madrid en los años setenta era una mezcla de tradición y modernidad, y entre los barrios donde el fútbol callejero formaba carácter, el joven Sebastián encontraba siempre un pequeño espacio para imaginar que algún día vestiría esa camiseta blanca, impoluta, símbolo de una grandeza que no admitía errores ni distracciones. Su pasión por el balón nació sin imposiciones; nadie lo empujó hacia el fútbol profesional, pero el fútbol lo eligió a él casi desde los primeros toques en los colegios y los patios de recreo, donde su temple, su rapidez de pensamiento y su facilidad para encontrar el gol despertaban la admiración de compañeros y entrenadores, que empezaron pronto a hablar del niño que parecía tener siempre un segundo más que los demás para decidir.

Esa diferencia, casi imperceptible, entre el jugador que improvisa y el que anticipa, marcó la esencia de Sebastián Losada desde sus primeros pasos. En una época en la que los entrenamientos eran rudos, las canchas duras y los sueños debían demostrarse con trabajo constante, el joven madrileño se fue abriendo camino con una perseverancia que no buscaba el aplauso, sino la mejora continua, una característica que, con el tiempo, le convertiría en un delantero de inteligencia estratégica, de esos que no solo marcan goles, sino que entienden el sentido del juego y lo transforman en algo colectivo.

Cuando en 1980, con apenas trece años, el departamento de ojeadores del Real Madrid fijó sus ojos en él, lo hizo no sólo por su capacidad técnica o su instinto goleador, sino por una forma diferente de moverse dentro del campo, por ese algo que el club blanco siempre ha valorado en su cantera: la elegancia y la cabeza fría en los momentos decisivos. Así fue como Sebastián Losada ingresó en el Real Madrid Alevín para la temporada 1980-1981, bajo la dirección del entrenador Francisco Jiménez Martín, un técnico veterano acostumbrado a manejar grupos jóvenes, a moldear con paciencia los primeros pasos de quienes soñaban con convertirse en jugadores del club más exigente del mundo.

1980-1981 Real Madrid Alevín, 17/04/1981, Torneo en Milán (Italia), 2ª Edición Copa Europa Giuseppe Meaza, vs F.C. NANTES (Francia)

De pie : RODA (Antonio Ignacio Roda Melgar), PÉREZ YUSTE (Alberto Pérez Yuste), CASTRILLO (Miguel Castrillo Haavardsholm), MORENO (Jesús García Moreno), HERNANDO (Víctor Hernando Jerez).

Agachados : Francisco J. Pérez de la Cruz, GINÉS (Eduardo E. Fernández Ginés), GÓMEZ (Santiago Gómez García), GONZÁLEZ CASAS (Enrique González Casas), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), JOSITO (José Antonio Rodríguez Rodríguez)

Los entrenamientos en la Ciudad Deportiva eran duros y complejos, porque en aquella etapa el trabajo técnico se combinaba con la formación humana; el Real Madrid no solo buscaba futbolistas hábiles, sino muchachos con carácter, disciplina y sentido del equipo. Losada entendió desde el primer mes que el nivel de exigencia era altísimo, que la camiseta blanca pesaba más que cualquier otra, pero también sintió la motivación de pertenecer a una familia futbolística que respiraba victoria y responsabilidad. Jugaba como delantero centro, con un instinto natural para el desmarque y una serenidad impropia de su edad al definir. Sus entrenadores lo describían como un jugador que observaba cada jugada antes de intervenir, que parecía tener un mapa invisible del campo en la cabeza.

En los torneos y partidos amistosos de aquella temporada, Losada no era el más hablador del grupo ni el más vistoso, pero sí el más eficaz y equilibrado, un chico que entendía que el fútbol se construye tanto en el toque final como en el movimiento previo, que veía en el pase y la pared una oportunidad para hacer crecer la jugada. Esa forma de interpretar el deporte, tan racional pero cargada de pasión, llamó pronto la atención en las categorías del club, abriéndole el camino hacia la siguiente etapa de su formación: el Real Madrid Infantil A, donde comenzaría a transformar su intuición juvenil en técnica madura.

Aprendizaje en la cantera (1981–1983)

La llegada de SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, al Real Madrid Infantil A en la temporada 1981-1982 coincidió con un período de transición en las estructuras de formación del club. El Real Madrid empezaba a modernizar su cantera, integrando nuevas metodologías de entrenamiento y fortaleciendo su red de captación nacional. Aquello suponía un entorno de competencia feroz, donde cada posición se disputaba con intensidad, y solo los que mantenían la concentración y la mentalidad adecuada conseguían progresar entre categorías.

Dentro de ese escenario riguroso, el joven Losada se adaptó con naturalidad a la dinámica del equipo; sus entrenadores resaltaban su madurez táctica, su capacidad para mantener la calma incluso cuando el partido se jugaba al límite, y una fortaleza emocional que le permitía asimilar la presión sin perder frescura. Entrenar cada tarde en las instalaciones del Real Madrid era para él una mezcla de disciplina y propósito, porque cada sesión era una oportunidad para aprender algo nuevo, para mirar más allá del resultado inmediato y entender la lógica interna del juego.

Durante esa temporada, Losada amplió su repertorio técnico, mejoró su golpeo con ambas piernas y desarrolló una mayor capacidad para jugar de espaldas a la portería, sirviendo como referencia en ataque. El Real Madrid Infantil A tenía por objetivo formar jugadores antes que lograr títulos, pero en su caso, las victorias parecían llegar de manera natural, como consecuencia del entendimiento colectivo que crecía alrededor de su figura. En el vestuario, era respetado por su serenidad, y fuera del campo empezaba a recibir comentarios de los entrenadores de categorías superiores, que veían en él el molde exacto del delantero moderno que el fútbol español comenzaba a necesitar: técnico, paciente y capaz de decidir con precisión en el área.

1981-1982 Real Madrid Infantil A (1ª Regional)

Arriba, José Luis Rodríguez Laborda (entrenador), PÉREZ YUSTE (Alberto Pérez Yuste), RUIZ PÁRRAGA (Juan Carlos Ruiz Párraga), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), CEBRIÁN (César Cebrián *****), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), SAMPER (José Samper Bermúdez), Sr. Manuel San José Calvo (delegado)

Agachados, PÉREZ HURTADO (Luis Pérez Hurtado), CAMPO (Jesús Campo Cilleros), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), POLO (José Luis Polo Díaz), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), GONZÁLEZ CASAS (Enrique González Casas), GÓMEZ (Lorenzo Gómez Sanz).

Juvenil B (1982-1983)

Con el cambio de temporada, SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, pasó a integrar el Real Madrid Juvenil B (1982–1983), una categoría especialmente exigente por combinar jóvenes en formación con jugadores ya plenamente físicos, casi listos para competir a nivel profesional. En ese grupo, dirigido por Sebastián Fleitas, un histórico ex jugador del club paraguayo y del propio Real Madrid, Losada encontró un guía paciente, que le enseñó a leer los espacios desde la inteligencia, no desde la fuerza. Ese año, el Juvenil B compitió en el Grupo 1, proclamándose campeón, y Losada se convirtió en una pieza central del ataque, participando con goles y asistencias, pero sobre todo con una influencia táctica que ayudaba al conjunto a mantener equilibrio entre creación y finalización.

Bajo la tutela de Fleitas, comprendió que el delantero no vive solo del gol, que también es constructor de oportunidades, que su relación con el medio campo debe ser un canal constante de comunicación. Ese aprendizaje marcó su mentalidad para siempre: el gol, más que un fin, era una consecuencia del entendimiento total del juego. En ese momento, Sebastián Losada se encontraba ya firmemente instalado dentro de la estructura de la cantera merengue, preparado para dar un salto hacia categorías donde el fútbol adquiría un grado de intensidad completamente distinto. Los alardes desaparecían, los errores se pagaban caros y el margen para la improvisación se reducía drásticamente, porque el Castilla Juvenil A esperaba a aquellos que demostraran no solo calidad, sino personalidad y resistencia.

El niño de las calles de Madrid había dejado paso a un joven futbolista con mentalidad profesional, pero aún conservaba esa pureza del que juega movido por un impulso casi artístico. Cada entrenamiento en la Ciudad Deportiva era una lección de humildad y ambición, y en Sebastián Losada se empezaba a ver una convicción silenciosa de que su trayectoria podría llevarlo lejos, quizás hasta el primer equipo, ese sueño que todo canterano guardaba en el corazón sin atreverse a pronunciar en voz alta.

1982-1983 Real Madrid Juvenil B (1ª Regional)

De pie, IGLESIAS (Fernando Iglesias Chamorro), GÓMEZ (Lorenzo Gómez Sanz), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), PÉREZ (*** Pérez Criado), SAMPER (José Samper Bermúdez)

Agachados, ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López), RAMA (-), MARTÍNEZ C. (Fernando Martínez Corral), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), POLO (José Luis Polo Díaz), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), MARTÍNEZ R. (Valentín Martínez Reguera).

Del Juvenil A al Castilla

El verano de 1983 trajo para SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, un aire de madurez futbolística que lo situaba ya en la frontera entre la formación juvenil y el fútbol semiprofesional, esa etapa ambigua en la que el talento se enfrenta por primera vez al vértigo de la exigencia adulta. Su ingreso en el Real Madrid Castilla Juvenil A para la temporada 1983‑1984 representó no solo un ascenso deportivo sino el paso simbólico hacia el compromiso total con una idea de juego y con un estilo de vida en el que cada detalle contaba.

El equipo pertenecía al Grupo 4, una competición en la que los partidos resultaban intensos, poblados de adversarios formados también en canteras potentes y donde el margen de error se reducía hasta casi desaparecer. αl lado de nuevos compañeros que compartían la misma ambición convertirse algún día en jugadores del primer equipo, Losada asumió un rol más completo: ya no bastaba con marcar; debía participar en la presión, en la lectura del ataque rival, en los movimientos coralmente sincronizados que el cuerpo técnico exigía.

A diferencia de etapas anteriores, donde el aprendizaje se medía por la evolución técnica, en el Juvenil A la verdadera medida era la resistencia al desgaste moral. El entrenamiento se prolongaba más, las dobles sesiones se multiplicaban y los fines de semana se convertían en pequeños exámenes donde cada acción era observada por los responsables de cantera. Allí, entre gritos de entusiasmo juvenil y las instrucciones serenas de los entrenadores, Sebastián aprendió a convivir con la tensión continua que define al futbolista de élite.

El trabajo dio fruto. El Castilla Juvenil A terminó la temporada proclamándose campeón de su grupo, y Losada firmó varias actuaciones que consolidaron su reputación como delantero con cabeza fría y oficio prematuro. Era capaz de rematar con precisión incluso después de un esfuerzo prolongado, y su frialdad frente al portero contrastaba con la ansiedad de muchos rivales. Esa capacidad para decidir con calma en medio de la velocidad convenció a los técnicos de que se encontraba preparado para dar el salto definitivo.

1983-1984 Castilla Juvenil A (Liga Nacional de Juveniles)

De pie, SAMPER (José Samper Bermúdez), ILLANA (Pablo Domínguez Illana), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), TEIJO (Enrique Teijo Veiga), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), S. COBIÁN (Francisco Javier Sánchez Cobián), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), Sr. Francisco Alonso Fernández (entrenador)

Agachados, RUIZ PÁRRAGA (Juan Carlos Ruiz Párraga), VALVERDE (Roberto Valverde Maestra), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), ESTÉVEZ (Ángel Estévez *****), GARCÍA ARANDA (José Antonio García Aranda), CASAS (Enrique González Casas), ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López), PÉREZ GONZÁLEZ (Alejandro Pérez González).

Juvenil A (1984-1985)

Cuando empezó la temporada 1984‑1985, SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid se hallaba ya en el Real Madrid Juvenil A, dirigido por un cuadro técnico que equilibraba disciplina y creatividad. El grupo, encuadrado en el Grupo 1, volvió a proclamarse campeón, y las sensaciones que transmitía el joven delantero eran las de un jugador que pensaba dos jugadas por delante de los demás. Cada control, cada pausa, cada trazo en la diagonal mostraba una comprensión natural del ritmo interior del juego.

Aquellos meses coincidieron también con el sueño de entrenar ocasionalmente muy cerca del primer equipo, cuando las categorías juveniles compartían espacio en los campos anexos del Bernabéu. Ver a figuras consolidadas trabajar con la seriedad de un aprendiz marcó profundamente al muchacho madrileño, que comprendió que el prestigio se mantiene solo a través de la constancia. A partir de entonces su rutina cambió: más horas de gimnasio, más repaso táctico, menos distracciones.

El destino le reservaba un premio. Al término de esa campaña, su nombre apareció en las listas del Castilla C.F., filial que militaba en Segunda División, y donde se enfrentaría a futbolistas adultos que habían conocido ya la dureza del fútbol profesional. Tenía apenas dieciocho años y un presente cargado de promesas.

El salto al fútbol profesional (1985–1987)

El ingreso de SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, en el Castilla C.F. supuso una transformación total. Pasaba de los campos juveniles a estadios llenos de historia, de rivales de su edad a defensas veteranos curtidos en mil batallas. La temporada 1985‑1986 fue un curso de supervivencia acelerada: el filial blanco luchó en una Segunda División plagada de nombres ilustres y exigencias abrumadoras, cerrando la campaña en la duodécima posición, resultado digno para un equipo cuya misión principal era formar y proyectar.

En ese entorno, Losada alternó momentos de inspiración con fases de aprendizaje doloroso. Comprendió que cada metro de espacio era el resultado de una lucha invisible, que el control del balón en una zona de riesgo exigía tanto valor como técnica. Aprendió también a convivir con las primeras críticas, inevitables cuando un canterano asciende al escaparate mediano de la prensa deportiva. Su carácter reservado lo protegió; respondía en el campo, no con palabras.

El Castilla vivía una época de transición generacional, donde otros nombres como Míchel, Pardeza o Martín Vázquez comenzaban a empujar las puertas del primer equipo. Entrenar junto a ellos reforzó la competitividad interna: cada sesión se convertía en una demostración de talento juvenil al servicio de un proyecto que no admitía conformismo.

1985-1986 CASTILLA C.F. (2ª), 20/071985, pretemporada (30 jugadores)

De pie, MARTÍN GONZÁLEZ (Ángel Martín González), SERNA (José Antonio Serna Santos), GAY (José Aurelio Gay López), MARTOS (Juan José Jiménez Martos), GÁLVEZ (Pedro Gálvez López), GAMBÍN (José Ángel Gambín López), Sr. Pedro Zapata Cascales (presidente del Castilla), Sr. Ramón Mendoza Fontela (presidente del Real Madrid), MARÍN (Antonio Luis Marín Moreno), CANALES (Juan Garrido Canales), JULIO LLORENTE (Julio Llorente Gento), POMBO (Luis Pombo Lanza), VALDENEBRO (José Antonio Valdenebro Manso), HURTADO (Miguel Ángel Hurtado Godoy), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), FRANCIS (Francisco Javier Rodríguez Hernández), Sr. Miroslav Vorgić (preparador físico), Sr. Juan Santisteban Troyano (entrenador), Sr. Vicente Del Bosque González (entrenador ayudante)

Agachados, DE LAS HERAS (José Ángel De las Heras García), SOLANA (Jesús Ángel Solana Bermejo), CALLE (José Antonio de La Calle Ramírez), MEL (José Mel Pérez), DOMÍNGUEZ (Justo González Domínguez), PINKI (José García Juárez), CLEMENTE (Javier Sánchez-Clemente García), GENI (Eugenio Martínez de las Heras), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), LEÓN (Antonio León Blanco), SALMERÓN (José María Salmerón Morales), BLANCO VILA (José Benito Blanco Vila), BUGALLO (Manuel Bugallo Bouzada), AZCONA (Leonardo Azcona Fernández), PARDEZA (Miguel Pardeza Pichardo), Sr. Antonio Acedo Parró (A.T.S.).

En el dique seco se encuentrán Alcaraz, Verde, Solana y Valdenebro

La siguiente temporada, 1986‑1987, fue más dura y exigente. El filial descendió posiciones y terminó en el puesto 17, pero para Losada significó una etapa crucial en su consolidación. Jugó con menos margen de error, aprendiendo que incluso en las derrotas se forja el temple. Los entrenadores destacaban su capacidad para mantener la serenidad en partidos complicados, la misma calma que años después le permitiría ejecutar goles decisivos en estadios de Primera División.

A medida que avanzaba la temporada, los rumores sobre su posible cesión a un club de Primera se intensificaban. El Real Madrid buscaba foguear a sus jóvenes y dotarlos de experiencia competitiva inmediata. En el verano de 1987, se confirmó el paso que marcaría el inicio de su verdadera aventura profesional: Sebastián Losada sería cedido al R.C.D. Español, equipo de Primera División en plena expansión europea.

Para el delantero madrileño, el préstamo representaba una oportunidad y un riesgo. Dejar el entorno protector del Real Madrid suponía pasar a un vestuario de profesionales curtidos; enfrentarse a defensas de internacionales, sostener el físico y la mente durante un calendario largo. Sin embargo, en ese momento de euforia silenciosa, comprendió que toda su preparación en la cantera tenía un único propósito: llegar con dignidad a la élite

1986-1987 CASTILLA C.F. (2ª), Pretemporada

De pie, Sr. Miroslav Vorgić (preparador físico), Juan Santisteban Troyano (entrenador), GUILLERMO (Guillermo Alcázar Ocaña), MARTOS (Juan José Jiménez Martos), MEL (José Mel Pérez), Sr. Pedro Zapata Cascales (presidente del Castilla), Sr. Ramón Mendoza Fontela (presidente del Real Madrid), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), GAY (José Aurelio Gay López), CANALES (Juan Garrido Canales), VALDENEBRO (José Antonio Valdenebro Manso), Sr. Vicente Del Bosque González (entrenador ayudante)

Segunda fila, ALDANA (Adolfo José Aldana Torres), LOPETEGUI (Julen Lopetegui Argote), POVLSEN (Flemming Søgaard Povlsen), PINKI (José García Juárez), DE LA CALLE (José Antonio de La Calle Ramírez), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), CAMINERO (José Luis Pérez Caminero)

Agachados, ARAGÓN (Santiago Aragón Martínez), LEÓN (Antonio León Blanco), GENI (Eugenio Martínez de las Heras), JULIO LLORENTE (Julio Llorente Gento), MARÍN (Antonio Luis Marín Moreno), PACHI (Francisco Ramón Alonso Solórzano), SALMERÓN (José María Salmerón Morales), CLEMENTE (Javier Sánchez-Clemente García), Sr. Antonio Acedo Parró (A.T.S.).

Aprendizaje en la élite (1987–1991)

La temporada 1987‑1988 marcó el ingreso definitivo de Sebastián Losada en el universo del fútbol profesional, y su llegada al R.C.D. Español coincidió con una época singular del club barcelonés, que acababa de firmar una de las mejores campañas europeas de su historia y aún conservaba la huella de un vestuario experimentado, forjado en esfuerzos silenciosos y noches de Copa de la UEFA. Para el joven madrileño, aquel ambiente resultaba un desafío y una escuela de paciencia: debía ganarse el respeto de compañeros veteranos y de una hinchada exigente que valoraba la entrega tanto como los goles.

Las primeras jornadas le ofrecieron más minutos de observación que de protagonismo; el entrenador lo utilizaba como revulsivo en los tramos finales, buscando en su frescura juvenil una chispa extra para romper partidos tensos. Y aunque los goles tardaron en llegar, su actitud, su forma de moverse entre líneas, su lectura del juego maduraron partido a partido. En los entrenamientos se codeaba con delanteros contrastados que le transmitían el valor de la constancia. Aprendió a soportar el peso de la marca física, a moverse entre centrales y anticipar el choque en lugar de temerlo. Cada domingo era un aprendizaje silencioso, y cada derrota una lección de humildad.

Aquella temporada con el Español marcó el inicio del proceso que terminaría devolviéndolo, un año después, a la casa blanca. El Real Madrid, siempre atento al desarrollo de sus canteranos cedidos, observaba en Losada señales inequívocas de madurez. En el verano de 1988, después de un curso de crecimiento sostenido, regresó al club que lo había visto nacer futbolísticamente, dispuesto a pelear por un hueco en un vestuario que, bajo la genialidad de la Quinta del Buitre, dominaba la Liga con autoridad.

Real Madrid 1ª División consagración

Volver al Real Madrid C.F. no era sencillo: la plantilla contaba con delanteros consagrados y una dinámica ganadora que no admitía pausas. Sin embargo, la dirección técnica decidió mantenerlo porque veían en él un perfil complementario: joven, disciplinado, con sentido táctico y una serenidad que podía equilibrar el ímpetu de otros atacantes. Su debut en Primera con la camiseta blanca fue un momento cargado de simbolismo: detrás de aquel instante estaban los años de cantera, el esfuerzo de su familia, las miles de horas de entrenamiento silencioso en los campos de la Ciudad Deportiva.

Durante las campañas 1988‑1989, 1989‑1990 y 1990‑1991, Sebastián Losada alternó como suplente y titular, aprovechando las oportunidades que el calendario ofrecía. Pese a la dificultad de competir por minutos frente a nombres icónicos, respondió con profesionalidad y eficacia cada vez que tuvo ocasión, aportando goles en competiciones nacionales y europeas, participando en esa cadena de esfuerzos que sostienen el éxito colectivo de un equipo dominante.

La convivencia con jugadores como Butragueño, Hugo Sánchez, Míchel o Martín Vázquez le moldeó de manera definitiva. En el vestuario se respiraba una cultura de excelencia, un ritmo competitivo casi inhumano que obligaba a mantener la concentración incluso en los momentos de euforia. Aprendió de ellos el rigor en la preparación y la serenidad en la victoria. Pero también percibió que su espacio era limitado: la lógica del fútbol premiaba la continuidad y la adaptación, y el Real Madrid de aquellos años apenas concedía tregua a quien no tuviera la titularidad asegurada.

Por eso, cuando en el verano de 1991 surgió la oportunidad de defender los colores del Club Atlético de Madrid, el delantero madrileño la asumió con naturalidad. No era una ruptura emocional con su pasado blanco, sino un movimiento vital hacia la necesidad de jugar más, de sentir el balón bajo presión real, de ser protagonista. El cambio, pese a lo simbólicamente intenso que resultaba para cualquier canterano merengue, reforzó su identidad como futbolista profesional: ya no se trataba de pertenecer a un escudo, sino de desempeñar su oficio con dignidad allí donde el fútbol lo reclamara.

Consolidación y desafíos (1991–1995)

Instalado en el Atlético de Madrid durante la temporada 1991‑1992, Sebastián Losada descubrió un entorno competitivo radicalmente distinto. El club rojiblanco vivía uno de esos ciclos de efervescencia característicos, impulsado por una afición pasional y por un proyecto que mezclaba juventud y veteranía. Allí, el delantero encontró minutos y responsabilidad: debía adaptarse a un esquema táctico más vertical, donde el contraataque y la contundencia primaban sobre la posesión larga a la que se había habituado en el Real Madrid. Los primeros encuentros dejaron claro que podía reinventarse; su lectura del espacio le permitió adaptarse a las transiciones rápidas y convertirse en un relevo eficaz.

Sin embargo, el contexto institucional del Atlético era inestable. Cambios de entrenador, tensiones internas y una irregularidad general que afectaba al conjunto condicionaron su rendimiento. Aun así, Losada supo mantener su nivel competitivo, demostrando que su formación en la cantera blanca le había dotado de herramientas para resistir los altibajos. Fue una etapa breve pero reveladora: entendió que la carrera de un futbolista profesional es un camino de adaptación constante, que no siempre depende solo del talento sino también de la capacidad mental para sobrevivir a las turbulencias del vestuario.

Sevilla F.C. en la temporada 1992‑1993

El siguiente destino fue el Sevilla F.C. en la temporada 1992‑1993, una plaza tradicionalmente vibrante, de público exigente y fútbol técnico. En Nervión, Losada disfrutó de la libertad ofensiva que necesitaba: el sistema del equipo potenciaba su inteligencia táctica, y su entendimiento con compañeros de ataque fue inmediato. Aquella campaña ofreció al delantero la oportunidad de mostrar un repertorio más variado: asumía labores de enlace, caía a bandas, distribuía y remataba. Las gradas del Sánchez‑Pizjuán celebraban su entrega, y los periodistas locales destacaban su madurez, mezcla de elegancia en la definición y sobriedad en el esfuerzo.

R.C. Celta de Vigo en 1993

Cuando su ciclo sevillista terminó, el camino lo llevó al R.C. Celta de Vigo en 1993, equipo en progreso que representaba la ambición de consolidarse en Primera con un grupo joven e irreverente. Allí, Sebastián Losada halló un entorno cercano, una ciudad donde el fútbol se vivía con intensidad pero sin la presión mediática de Madrid. En el Celta jugó dos temporadas completas (1993‑1995) que pueden considerarse las más estables de su vida profesional. Disputó un número importante de encuentros, marcó goles determinantes y, sobre todo, se sintió parte de un proyecto que crecía con humildad.

Los años en Vigo le sirvieron para reconectar con la esencia del juego: el gusto por el balón, la camaradería de un vestuario menos expuesto, la satisfacción de ver recompensado el esfuerzo diario sin tanto ruido exterior. Por momentos, la prensa recordó que aquel delantero de elegante zancada que lideraba contraataques gallegos había sido uno de los mejores productos de la cantera madridista. La carrera de Sebastián Losada se completaba con la serenidad de quien conocía la amplitud del recorrido, desde los campos de tierra donde empezó a patear un balón hasta los estadios repletos en los que se disputaban los puntos de una liga implacable.

En 1995, tras una década completa en el profesionalismo, el madrileño decidió cerrar su etapa como jugador. Lo hizo sin estridencias, con esa discreción que siempre lo acompañó desde los días juveniles. Cada peldaño de su formación en el Real Madrid había dejado en él una marca profunda: la convicción de que el fútbol no era solo éxito o derrota, sino un aprendizaje continuo sobre disciplina, trabajo y serenidad.

Después del último partido

Cuando el calendario marcó el final de la temporada 1994‑1995, y con ella la despedida de Sebastián Losada de los campos de Primera División, el silencio reemplazó el ruido constante que había acompañado su vida desde los trece años. Por primera vez en mucho tiempo, los domingos ya no estaban organizados alrededor de un partido ni los lunes empezaban con el cansancio del entrenamiento. Su cuerpo, acostumbrado al rigor casi militar del fútbol profesional, le pedía descanso, pero su mente seguía girando al ritmo del balón, de las estrategias, de la rutina que le había formado desde niño.

La transición al retiro no resultó fácil; ningún futbolista preparado para competir durante una vida entera puede desprenderse de golpe de esa exigencia interior. Durante meses, Losada continuó entrenando por su cuenta, corriendo por las afueras de Madrid, reencontrándose con amigos y antiguos compañeros de vestuario, intentando ordenar todas las emociones acumuladas. Había sido canterano, profesional, internacional, y ahora, de pronto, era un hombre con un futuro abierto.

Con la calma que siempre lo caracterizó, decidió estudiar y reflexionar sobre lo vivido. Comprendió que su formación en la cantera blanca no solo le había enseñado a competir, sino también a pensar; el respeto por la táctica, la disciplina y la lectura del juego se transformaron en herramientas mentales útiles para cualquier ámbito. Esa capacidad introspectiva poco frecuente en un mundo regido por la inmediatez de los resultados le permitió mirar atrás sin nostalgia amarga, reconociendo los errores y agradeciendo las oportunidades.

Su nombre seguía asociado a aquella generación que había simbolizado una cantera estricta y meticulosa. Muchos años después, cuando los medios deportivos analizaban los procesos formativos del Real Madrid, el de Sebastián Losada aparecía como ejemplo de jugador con inteligencia de campo y serenidad interior, de aquellos que comprendían que la camiseta blanca no es solo un uniforme, sino un compromiso permanente con la excelencia.

En entrevistas posteriores relató con naturalidad cómo, tras abandonar el fútbol, se interesó por el derecho y por la gestión deportiva. Estudiar y afrontar nuevos retos le resultaba tan estimulante como marcar un gol decisivo. En esas etapas fuera de los estadios, permaneció fiel a su discreción: prefería el trabajo en silencio a la exposición mediática. Aquella actitud, tan coherente con su carrera, fortaleció la imagen de un hombre que nunca persiguió titulares, sino la satisfacción íntima de hacer las cosas bien.

El legado de una cantera

Con el paso de los años, la figura de SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, adquirió el valor simbólico de una generación de jugadores que entendieron la cantera del Real Madrid como un espacio de transformación integral. Su historia representa la síntesis de un modelo que no solo produce futbolistas, sino personas capaces de adaptarse y liderar en distintos contextos. Desde los alevines hasta el profesionalismo, atravesó todas las etapas del sistema blanco, y cada una dejó un rastro de aprendizaje.

El niño que comenzó soñando en los patios madrileños y creció en los campos de tierra del club terminó siendo un ejemplo de serenidad en un deporte cada vez más impaciente. Mientras otros buscaban la gloria efímera del gol, él perseguía la armonía del juego colectivo, convencido de que detrás de cada triangulación, de cada pase medido, existía un sentido más profundo que la simple victoria. Su obra, vista en perspectiva, fue la constancia.

En las conversaciones actuales sobre la formación de talentos, los técnicos del Real Madrid suelen mencionar la importancia de transmitir valores que acompañen al jugador más allá de su carrera deportiva. En ese ideario, la figura de Sebastián Losada aparece como ejemplo discreto: profesional que respetó cada etapa, supo escuchar, asimiló enseñanzas y mantuvo su identidad aun en clubes rivales. El paso por el Español, el Atlético, el Sevilla y el Celta no borró su origen; por el contrario, confirmó la solidez del método que había aprendido.

Quienes lo conocieron en el vestuario recordaban su calma contagiosa y su disposición para ayudar a los más jóvenes, cualidades que resume el espíritu formativo del Real Madrid Castilla: enseñar no solo a competir, sino a convivir y a representar. En retrospectiva, esa personalidad equilibrada fue su mayor triunfo.

Hoy, cuando los historiadores del fútbol madrileño revisan las décadas de los ochenta y noventa, descubren en el recorrido de Losada un camino lineal, honesto, que conecta con una época en la que la cantera era una escuela de vida. En él se funden talento y estudio, paciencia y determinación, humildad y orgullo por el escudo. Y también la certeza de que no todos los héroes deportivos se miden por la cantidad de títulos, sino por la coherencia con que han transitado su vocación.

Así, al narrar la biografía de Sebastián Losada, se narra también la de toda una generación de jugadores que dieron sentido a la palabra cantera, entendida no solo como cuna de futuros profesionales, sino como espacio donde se forjan principios, se aprende el sacrificio y se interioriza el respeto por el juego.

El eco de aquel niño madrileño que golpeaba el balón en 1980 resuena todavía en la memoria de los campos donde los entrenadores repiten las mismas consignas de concentración, de compañerismo y de humildad que él escuchó de sus maestros. Porque en el fondo, la historia de Sebastián Losada es la historia de un modo de entender el fútbol como educación, como cultura, como forma de vida que no termina en el último partido, sino que se prolonga en todo lo que viene después, allí donde el juego ya no es visible pero sigue latiendo.

El palmarés de Sebastián Losada Bestard

Títulos con el Real Madrid

  • Copa de la Liga: 1 título (1984‑1985).

  • Copa de la UEFA: 1 título (1984‑1985).

  • Liga (Primera División): 2 títulos (1988‑1989 y 1989‑1990).

  • Copa del Rey: 1 título (1988‑1989).

  • Supercopa de España: 3 títulos (1988, 1989 y 1990)

Títulos con el Atlético de Madrid

  • Copa del Rey: 1 título (1991‑1992).

Subcampeonatos y otros logros destacados

  • Subcampeón de la Copa de la UEFA con el RCD Español en la temporada 1987‑1988.

  • Subcampeón de la Copa del Rey con el Celta de Vigo en la temporada 1993‑1994.

Finalista del Mundial Sub‑20 de 1985 con España, siendo máximo goleador del torneo.

Epílogo – La huella blanca en el tiempo

El nombre de SEBASTIÁN LOSADA BESTARD delantero Real Madrid, continúa apareciendo, casi en voz baja, cada vez que en Valdebebas se habla del valor formativo que distingue al Real Madrid como institución. Entre los corredores silenciosos donde hoy entrenan los alevines y los juveniles de una era digital y vertiginosa, los técnicos veteranos evocan aquella generación que supo crecer sin prisas, que entendía el balón como un vehículo de pensamiento tanto como de emoción, y entre esos ejemplos, el del delantero madrileño destaca por su serenidad, por la constancia con la que transitó cada escalón sin perder la claridad sobre lo esencial.

En la cantera actual, donde la competencia global y la velocidad informativa pueden distorsionar cualquier proceso, su figura representa la prueba de que un futbolista formado en el respeto al juego y en la lectura inteligente del esfuerzo posee una ventaja invisible: la de resistir. Los instructores mencionan su caso a los jóvenes de la base cuando explican que no todos los caminos conducen al primer equipo, pero que todos, si se viven con profesionalidad, dejan una huella duradera en la persona. La historia de Sebastián Losada funciona, así, como síntesis de una filosofía: la de prepararse para la vida tanto como para el resultado inmediato.

En los archivos del club figuran las temporadas que marcaron su desarrollo 1980 a 1987, esas etapas sucesivas que lo llevaron del Alevín al Castilla y todavía hoy, en los informes internos que analizan la evolución de la cantera, su nombre aparece como caso de progresión ejemplar. No fue una estrella mediática, pero encarnó la esencia de lo que el Real Madrid espera de sus canteranos: disciplina, honestidad, adaptación y elegancia, virtudes que, con el paso de las décadas, siguen definiendo la identidad blanca.

Algunas entrevistas concedidas en los últimos años lo muestran reflexivo, analizando el sistema formativo con la perspectiva de quien lo ha vivido desde dentro y fuera. Habla del equilibrio entre formación académica y deportiva, de la necesidad de cultivar la mente tanto como el cuerpo, de la importancia de mantener el sentido de pertenencia sin caer en la complacencia. En su discurso se percibe la herencia invisible de aquellos entrenadores Francisco Jiménez Martín, Sebastián Fleitas y tantos otros que lo guiaron en los primeros años, transmitiéndole la paciencia que hoy escasea.

El fútbol contemporáneo, con toda su sofisticación tecnológica y su análisis estadístico, aún necesita historias humanas como la suya: relatos de constancia, de aprendizaje pausado, de respeto por las jerarquías naturales del crecimiento. En ese sentido, el ejemplo de Sebastián Losada trasciende generaciones. Su legado no se mide por los trofeos acumulados, sino por la huella que dejó en la memoria institucional y por la ética con que representó a cada club en que jugó.

Y mientras los nuevos talentos del Madrid se preparan cada mañana, quizá alguno mire el escudo del pecho y recuerde porque alguien se lo cuente que décadas atrás un joven madrileño de mirada tranquila recorrió esos mismos campos, creyendo en el poder del entrenamiento constante y en la dignidad del esfuerzo silencioso. Esa continuidad invisible es lo que mantiene viva la cantera, lo que vincula pasado y presente, lo que convierte a una simple trayectoria deportiva en una lección permanente de carácter.

Por eso, cuando se habla del Real Madrid como cuna de valores, no se citan solo los nombres de los grandes mitos, sino también el de aquellos que, como Sebastián Losada, construyeron con trabajo discreto la base de una tradición que aún hoy inspira. Su historia, escrita en las páginas serenas de la memoria blanca, recuerda que el fútbol, más allá del resultado, es una forma de educación y de identidad; y que cada generación de canteranos, al calzarse las botas y pisar el césped, vuelve a darle sentido a esa herencia que nunca termina de pertenecer a uno, porque pertenece a todos.

1980-1981 Real Madrid Alevín, Trofeo Giuseppe Meazza

De pie, Sr. Pedro Bejarano Garrido (utillero)

Sentados, de izquierda a derecha, PÉREZ YUSTE (Alberto Pérez Yuste), ARIZA (Juan Luis Ariza Rodríguez), CASTRILLO (Miguel Castrillo Haavardsholm), GINÉS (Eduardo Fernández Ginés), DE LA CRUZ (Francisco J. Pérez de la Cruz), HERNANDO (Víctor Hernando Jerez), GÓMEZ (Santiago Gómez García), RODA (Antonio Ignacio Roda Melgar), MIANA (Francisco Javier Miana Ortega), CASAS (Enrique González Casas), MORENO (Jesús García Moreno), PEQUE (Juan Carlos de las Heras Pons), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), FREDY (José Alfredo Díez Abejón), JOSITO (José Antonio Rodríguez Rodríguez), VILLALBA (Carlos Rodríguez Villalba)

1980-1981 Real Madrid Alevín, Trofeo Giuseppe Meazza

Arriba, HERNANDO (Víctor Hernando Jerez), RODA (Antonio Ignacio Roda Melgar), ARIZA (Juan Luis Ariza Rodríguez), JOSITO (José Antonio Rodríguez Rodríguez), PEQUE (Juan Carlos de las Heras Pons), MIANA (Francisco Javier Miana Ortega), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), Sr. Francisco Jiménez Martín (entrenador), guía asesor Italiano

Fila intermedia, Sr. Pedro Bejarano Garrido (utillero), YUSTE (Alberto Pérez Yuste), DE LA CRUZ (Francisco J. Pérez de la Cruz), GÓMEZ (Santiago Gómez García, CASAS (Enrique González Casas), GINÉS (Eduardo Fernández Ginés), MORENO (Jesús García Moreno), CASTRILLO (Miguel Castrillo Haavardsholm)

Delante, FREDY (José Alfredo Díez Abejón), VILLALBA (Carlos Rodríguez Villalba)

1981-1982 Real Madrid Infantil A (1ª Regional)

De pie, MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), SAMPER (José Samper Bermúdez).

Agachados, RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), CAMPO (Jesús Campo Cilleros), PÉREZ HURTADO (Luis Pérez Hurtado), CASAS (Enrique González Casas).

1981-1982 Real Madrid Infantil A, 17/04/1982, La Laguna, Tenerife (Estadio «Francisco Peraza), Campeonato de España Infantil, vs La Laguna C.D. Estrella

De pie, GÓMEZ SANZ (Lorenzo Gómez Sanz), GONZÁLEZ CASAS (Enrique González Casas), MARTÍNEZ CORRAL (Fernando Martínez Corral), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), SAMPER (José Samper Bermúdez).

Agachados, LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), POLO (José Luis Polo Díaz), CEBRIÁN (César Cebrián)

1981-1982 Real Madrid Infantil A, 08/04/1982, Palma de Mallorca (Campo Andraxt), I Trofeo Internacional de Fútbol Infantil Isla de Mallorca

Arriba, SAMPER (José Samper Bermúdez), CEBRIÁN (César Cebrián), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), FUENTES (Eusebio Fuentes Timoneda), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), GÓMEZ (Lorenzo Gómez Sanz), PÉREZ YUSTE (Alberto Pérez Yuste)

Abajo, POLO (José Luis Polo Díaz), MAÑAS (Miguel Mañas Carrillo), CASCUDO (Juan Domingo Cascudo García), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), RUÍZ PÁRRAGA (Juan Carlos Ruíz Párraga), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), GONZÁLEZ CASAS (Enrique González Casas)

1981-1982 Real Madrid Infantil A, 08/04/1982, Palma de Mallorca, I Trofeo Internacional de Fútbol Infantil Isla de Mallorca

1982-1983 Real Madrid Juvenil B (1ª Regional)

De pie, SAMPER (José Samper Bermúdez), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), IGLESIAS (Fernando Iglesias Chamorro)

Agachados, EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), GÓMEZ (Lorenzo Gómez Sanz), PÉREZ GONZÁLEZ (-)

1982-1983 Real Madrid Juvenil B (1ª Regional), 02/04/1983, Molenbeek (Bélgica), III Trofeo «CHALLENGE JEAN-BAPTISTE L’ÉCLUSE»

De pie, IGLESIAS (Fernando Iglesias Chamorro), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), EUSEBIO (Eusebio Fuentes Timoneda), MARTÍNEZ C. (Fernando Martínez Corral), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo)

Agachados, ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), GÓMEZ (Antonio Gómez González), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), SALMERÓN (José María Salmerón Morales) (jugador del Juvenil A)

 

 

 

 

1983-1984 Castilla Juvenil A (Liga Nacional de Juveniles), 11/12/1983, Cartagena (El Armanjal), LIGA NACIONAL JUVENIL, JORNADA 17ª, vs CARTAGENA C.F.

De pie, RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), ILLANA (Pablo Domínguez Illana), FÉREZ (Ángel Férez Crespo).

Agachados, LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López).

1983-1984 Castilla Juvenil A (Liga Nacional de Juveniles)

De pie, RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), FÉREZ (Ángel Férez Crespo).

Agachados, LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez), VALVERDE (Roberto Valverde Maestra), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), ARANDA (José Antonio García Aranda), COBIÁN (Francisco Javier Sánchez Cobián).

1983-1984 Castilla Juvenil A (Liga Nacional de Juveniles), Subcampeón del III Torneo de Fútbol Juvenil de Vall d’Aro (20-22 abril de 1984) (torneo amistoso, con las camisetas del Real Madrid)

Arriba, Sr. Francisco Alonso Fernández (entrenador), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), ARANDA (José Antonio García Aranda), ALCARÁZ (Miguel Ángel Alcaráz López), GÓMEZ (José Gómez), RODRI (Eugenio Rodríguez Martínez), RUIZ VILLAR (José Helios Ruiz Villar), COBIÁN (Francisco Javier Sánchez Cobián), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), SAMPER (José Samper Bermúdez)

Abajo, LOSADA (Sebastián Losada Bestard), ARAGÓN (Ramón Aragón Segura), PABLO (Pablo Domínguez Illana), MÁRQUEZ (José Abelardo Márquez Ruiz), LUCAS (Francisco Javier de Lucas Expósito), MARTÍNEZ (Fernando Martínez Corral), RAMÍREZ (Santos Ramírez Gómez).

1986-1987 CASTILLA C.F. (2ª), Pretemporada

De pie, Sr. Miroslav Vorgić (preparador físico), Juan Santisteban Troyano (entrenador), GUILLERMO (Guillermo Alcázar Ocaña), MARTOS (Juan José Jiménez Martos), MEL (José Mel Pérez), Sr. Pedro Zapata Cascales (presidente del Castilla), Sr. Ramón Mendoza Fontela (presidente del Real Madrid), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), GAY (José Aurelio Gay López), CANALES (Juan Garrido Canales), VALDENEBRO (José Antonio Valdenebro Manso), Sr. Vicente Del Bosque González (entrenador ayudante)
Segunda fila, ALDANA (Adolfo José Aldana Torres), LOPETEGUI (Julen Lopetegui Argote), POVLSEN (Flemming Søgaard Povlsen), PINKI (José García Juárez), DE LA CALLE (José Antonio de La Calle Ramírez), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), CAMINERO (José Luis Pérez Caminero)
Agachados, ARAGÓN (Santiago Aragón Martínez), LEÓN (Antonio León Blanco), GENI (Eugenio Martínez de las Heras), JULIO LLORENTE (Julio Llorente Gento), MARÍN (Antonio Luis Marín Moreno), PACHI (Francisco Ramón Alonso Solórzano), SALMERÓN (José María Salmerón Morales), SÁNCHEZ- (Javier Sánchez-Clemente García), Sr. Antonio Acedo Parró (A.T.S.).

1986-1987 CASTILLA C.F. (2ª), Pretemporada

De pie, Sr. Miroslav Vorgić (preparador físico), Juan Santisteban Troyano (entrenador), GUILLERMO (Guillermo Alcázar Ocaña), MARTOS (Juan José Jiménez Martos), MEL (José Mel Pérez), Sr. Pedro Zapata Cascales (presidente del Castilla), Sr. Ramón Mendoza Fontela (presidente del Real Madrid), LOSADA (Sebastián Losada Bestard), FÉREZ (Ángel Férez Crespo), GAY (José Aurelio Gay López), CANALES (Juan Garrido Canales), VALDENEBRO (José Antonio Valdenebro Manso), Sr. Vicente Del Bosque González (entrenador ayudante)

Segunda fila, ALDANA (Adolfo José Aldana Torres), LOPETEGUI (Julen Lopetegui Argote), POVLSEN (Flemming Søgaard Povlsen), PINKI (José García Juárez), DE LA CALLE (José Antonio de La Calle Ramírez), MANDIÁ (Juan Carlos Mandiá Lorenzo), CAMINERO (José Luis Pérez Caminero)
Agachados, ARAGÓN (Santiago Aragón Martínez), LEÓN (Antonio León Blanco), GENI (Eugenio Martínez de las Heras), JULIO LLORENTE (Julio Llorente Gento), MARÍN (Antonio Luis Marín Moreno), PACHI (Francisco Ramón Alonso Solórzano), SALMERÓN (José María Salmerón Morales), SÁNCHEZ- (Javier Sánchez-Clemente García), Sr. Antonio Acedo Parró (A.T.S.).

1986-1987 CASTILLA C.F., 06/12/1986, Madrid (Santiago Bernabéu), LIGA, 2ª DIVISIÓN, JORNADA 16ª, vs C.D. MÁLAGA

Arriba, VALDENEBRO (José Antonio Valdenebro Manso), JULIO LLORENTE (Julio Llorente Gento), MARTOS (Juan José Jiménez Martos), POVLSEN (Flemming Søgaard Povlsen), CAMINERO (José Luis Pérez Caminero), FÉREZ (Ángel Férez Crespo)

Abajo, GAY (José Aurelio Gay López), LEÓN (Antonio León Blanco), SALMERÓN (José María Salmerón Morales), GENI (Eugenio Martínez de las Heras), LOSADA (Sebastián Losada Bestard)

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