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LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA, EL DEFENSA MADRILEÑO QUE LLEVÓ LA DISCIPLINA DE LA CANTERA DEL REAL MADRID HASTA LOS CAMPOS MÁS DUROS DEL FÚTBOL CASTELLANO
INFANCIA EN MADRID, COLEGIO, BARRIO Y LOS PRIMEROS APRENDIZAJES DE UN DEFENSA
El 10 de abril de 1955 nació en Madrid LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid, un muchacho que creció en una ciudad que ya respiraba fútbol en cada esquina, entre patios escolares, descampados sin líneas pintadas y porterías improvisadas con piedras, mochilas o chaquetas dobladas, en una época en la que muchos niños soñaban con el gol, pero algunos, como él, empezaban a descubrir muy pronto que también existía una belleza sobria y exigente en el oficio de defender.
Durante la temporada 1970-1971, todavía muy ligado al mundo del colegio, Luis Eduardo Alonso Diezma fue moldeando su relación con el balón en un entorno donde el juego y la formación académica convivían con naturalidad, porque el recreo se convertía en campo, la salida de clase abría otra jornada de partidos improvisados y el simple hecho de competir contra chicos mayores le iba enseñando que el fútbol premia tanto al valiente como al que aprende a colocarse bien antes de lanzarse al choque.
En aquellos partidos escolares y de barrio, Diezma fue mostrando rasgos que suelen distinguir a un buen defensa, como la atención constante a lo que ocurre a su alrededor, la tendencia a corregir la posición de un compañero sin aspavientos, la facilidad para leer la trayectoria de un balón largo y una forma de ir al cruce que no nacía solo del impulso, sino también de una intuición muy temprana sobre el momento exacto en que convenía intervenir.
Su infancia madrileña transcurrió en un paisaje donde el fútbol era diversión, competencia, refugio y lenguaje común, y en ese marco fue creciendo Diezma, comprendiendo, quizá sin ponerle aún palabras, que el puesto de defensa exige una mezcla singular de coraje, paciencia, orgullo y humildad, porque el acierto en esa zona del campo casi nunca recibe aplauso largo, pero el error se recuerda durante días.
DEL COLEGIO A LA CANTERA DEL REAL MADRID, EL PRIMER SALTO HACIA UN FÚTBOL MÁS EXIGENTE
El paso desde el fútbol del colegio hasta la estructura del Real Madrid supuso para LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid una transformación profunda, porque significó abandonar un entorno de espontaneidad relativa para entrar en otro donde todo se medía con más precisión, desde la puntualidad en la llegada hasta el modo de colocarse en un ejercicio táctico, y donde la camiseta blanca imponía, incluso en edades tempranas, una responsabilidad que los chicos percibían desde el primer entrenamiento.
Ver la Ciudad Deportiva, pisar campos mejor cuidados, cambiarse en vestuarios donde el escudo del club presidía el ambiente y escuchar las primeras correcciones serias de entrenadores acostumbrados a formar a jóvenes con gran potencial, debió de producir en Diezma una mezcla intensa de orgullo y respeto, porque no estaba entrando en cualquier equipo, sino en una de las canteras más observadas del país, un lugar donde cada detalle podía inclinar el futuro hacia un lado u otro.
Para un muchacho que ya apuntaba maneras de defensa, la entrada en la cantera blanca suponía además el acceso a un aprendizaje mucho más fino del puesto, con conceptos como coberturas, escalonamientos, vigilancia sobre el delantero centro, lectura del fuera de juego y salida ordenada desde atrás, elementos todos ellos que en el fútbol del barrio aparecen de forma intuitiva, pero que dentro del Real Madrid se convertían en parte de una pedagogía constante y rigurosa.
Aquella llegada a la casa blanca no solo amplió el horizonte deportivo de Diezma, sino que también le enseñó pronto que el talento necesita disciplina, que el nombre del club no protege de la competencia y que cada entrenamiento se parece mucho a un examen silencioso, donde el cuerpo técnico observa cómo se mueve un jugador sin balón, cómo reacciona a una corrección y cómo se comporta cuando la jugada sale mal.
REAL MADRID JUVENIL B 1971-1972, APRENDER A DEFENDER EN UN ENTORNO DE COMPETENCIA INTERNA
La temporada 1971-1972 colocó a LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid en el Real Madrid Juvenil B, un escalón que, para muchos jóvenes de la cantera, funcionaba como un territorio decisivo de crecimiento, porque allí no bastaba con prometer, sino que había que demostrar cada semana que se podía competir con la intensidad, la concentración y la personalidad que exigía el club, sabiendo que el siguiente peldaño estaba cerca y que muchos compañeros deseaban ocupar el mismo espacio.
En ese Juvenil B, Diezma tuvo que profundizar en el oficio de defensa, entendiendo que la tarea no consistía solo en quitar el balón o despejar cuando llegaba el peligro, sino también en orientar al rival hacia donde convenía, en anticipar la jugada antes de que se hiciera visible para todos y en hablar con claridad a quienes tenía alrededor, porque una línea defensiva funciona bien cuando sus integrantes se mueven como si compartieran una sola intuición.
Los entrenamientos en el Real Madrid Juvenil B seguramente combinaron exigencia física, ejercicios posicionales y tareas colectivas en las que los errores se corregían al instante, de modo que Luis Eduardo Alonso Diezma fue afinando su colocación, su capacidad para medir distancias y su serenidad para salir jugando cuando el rival presionaba, algo muy valioso en un contexto donde muchos jóvenes defensas, por nervios o por precipitación, preferían quitarse la pelota de encima sin pensar demasiado.
Ese paso por el Juvenil B debió de fortalecer en Diezma una convicción fundamental, que para progresar en la cantera del Real Madrid no bastaba con cumplir, sino que había que destacar desde el orden, desde la fiabilidad y desde esa sensación de seguridad que un buen defensa transmite a su entrenador, a sus compañeros y hasta a la grada, aunque a menudo el público no sepa explicar exactamente por qué se siente más tranquilo cuando cierto jugador está atrás.

1971-1972 Real Madrid Juvenil B
De pie, GALINDO (José Pedro Galindo), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), TORREJÓN (José Pedro Torrejón), GIRÓN (-), CASTELLANOS (Juan Emilio Castellanos Macua), LISARDO (Lisardo García Bueno)
Agachados, MINGO (-), MATE (Francisco Ramón Mate Rodríguez), ROFSO (Luis Miguel Blázquez Rofso), CASTRO (José Manuel García Castro), CALLES (Rafael Calles)
REAL MADRID JUVENIL A 1971-1972, CAMPEONES DEL GRUPO 1 CON ANTONIO RUIZ CERVILLA
Dentro de esa misma temporada 1971-1972, LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid también apareció vinculado al Real Madrid Juvenil A, conjunto dirigido por Antonio Ruiz Cervilla y campeón del grupo 1, una circunstancia que habla muy bien del nivel competitivo que había alcanzado, porque no era sencillo pasar a un equipo de máxima exigencia juvenil en el club blanco y hacerlo, además, dentro de una campaña donde la obligación de ganar acompañaba cada jornada como una segunda piel.
En aquel Real Madrid Juvenil A, el papel de un defensa adquiría una importancia enorme, aunque no siempre vistosa, porque un equipo que aspira a dominar la competición necesita seguridad atrás para sostener su propuesta, necesita centrales y zagueros laterales que sepan cuándo anticipar, cuándo temporizar, cuándo romper una presión rival con un envío bien medido y cuándo imponerse en un duelo aéreo para cortar una amenaza antes de que se convierta en ocasión de gol.
Trabajar bajo la dirección de Antonio Ruiz Cervilla debió de suponer para Diezma una escuela muy valiosa en términos tácticos y mentales, ya que un entrenador de esa categoría no solo corrige la posición del defensa, sino también su manera de entender el partido, su relación con la responsabilidad y su respuesta emocional ante el error, enseñándole que la serenidad no se improvisa, sino que se construye a través de cientos de entrenamientos y muchas situaciones incómodas bien gestionadas.
La condición de campeones del grupo 1 dio a esa temporada un brillo competitivo evidente, pero para Diezma debió de significar algo aún más profundo, porque lo situó dentro de un equipo que supo responder a la presión, que mantuvo el nivel durante meses y que aprendió a convivir con rivales que salían especialmente motivados por enfrentarse al Real Madrid, contexto en el que un defensa fiable vale casi tanto como un gran goleador.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 02/07/1972, Madrid (Ciudad Deportiva del Real Madrid), Campeonato de España, vs ATHLETIC CLUB DE BILBAO
De pie, ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo)
Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).
REAL MADRID JUVENIL A 1972-1973, OTRO TÍTULO Y MÁS MADUREZ CON MANUEL SANCHÍS MARTÍNEZ
La temporada 1972-1973 mantuvo a LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid en el Real Madrid Juvenil A, ahora con Manuel Sanchís Martínez al frente, y el equipo volvió a proclamarse campeón del grupo 1, confirmando que aquella generación no había vivido un éxito aislado, sino una continuidad competitiva muy seria, fruto de la calidad del grupo, de la exigencia diaria y de una cultura de cantera que empujaba a sus futbolistas a no relajarse nunca.
Con Manuel Sanchís Martínez, Diezma debió de encontrar un enfoque quizá distinto en matices, pero igual de duro en la disciplina, porque los grandes formadores insisten en los mismos fundamentos con acentos propios, y para un defensa eso significa pulir todavía más la lectura de las distancias, la firmeza en el marcaje, la coordinación con el resto de la línea y la capacidad de sacar el balón con criterio, incluso cuando el partido amenaza con convertirse en un intercambio de golpes.
Ese segundo año de éxito en el Real Madrid Juvenil A tuvo que fortalecer en Diezma la percepción de que el fútbol de élite, incluso en su fase formativa, se sostiene en la repetición constante de hábitos exigentes, porque ser campeón una vez puede deberse a muchos factores, pero repetir el título exige una regularidad que solo aparece cuando el jugador entiende su oficio de verdad y acepta que cada semana debe empezar casi de cero.
Para un defensa joven, vivir dos campañas seguidas en un equipo campeón del Real Madrid no solo aporta prestigio interno, sino también una formación emocional muy fuerte, ya que obliga a sostener expectativas, a responder bajo mirada ajena y a convivir con la idea de que cualquier bajón puede alterar el sitio de uno dentro del grupo, de manera que el aprendizaje va mucho más allá de la técnica y entra de lleno en el carácter.
REAL MADRID AMATEUR 1973-1974, EL SALTO HACIA EL FÚTBOL DE HOMBRES
En la temporada 1973-1974, LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid pasó al Real Madrid Amateur, equipo dirigido por Juan Santisteban Troyano Troyano y ubicado en un espacio competitivo mucho más cercano al fútbol adulto, donde el conjunto terminó en sexto puesto, resultado que refleja tanto la dureza del contexto como la función de ese escalón dentro del club, porque el objetivo no era solo ganar, sino probar si los jóvenes podían sostenerse ante rivales hechos.
El cambio desde el fútbol juvenil hacia el Real Madrid Amateur exigía a un defensa como Diezma una adaptación inmediata a una realidad más física, más áspera y menos indulgente, con delanteros veteranos que usaban el cuerpo con oficio, con campos donde el bote del balón complicaba cualquier salida limpia y con arbitrajes que permitían un contacto más continuo, de modo que cada duelo enseñaba algo sobre dureza, concentración y supervivencia competitiva.
Bajo la dirección de Juan Santisteban Troyano Troyano, Luis Eduardo Alonso Diezma debió de afinar aspectos esenciales de su puesto, como el manejo de la línea en situaciones más rápidas, la contundencia en el despeje cuando no había margen para adornos y la capacidad de elegir entre jugar o destruir según lo exigiera la acción, porque un defensa que pretende progresar no puede enamorarse de una sola solución, sino adaptarse a la lógica cambiante de cada partido.
La experiencia en el Real Madrid Amateur tuvo también una dimensión psicológica muy fuerte, ya que situó a Diezma frente al espejo real del fútbol sénior, lejos ya de los privilegios relativos de la adolescencia, obligándolo a responder en vestuarios más secos, en partidos con otro tipo de tensión y ante la certeza de que la carrera de un jugador se decide muchas veces en esta clase de escalones intermedios, donde el margen para seguir avanzando se estrecha de verdad.
DEL REAL MADRID AFICIONADOS A LA 1ª REGIONAL PREFERENTE, EL CAMBIO DE ESCENARIO
Después de su paso por el Real Madrid Amateur, la trayectoria de Luis Eduardo Alonso Diezma lo condujo fuera del paraguas directo del club blanco, hacia categorías en las que el fútbol se vivía con menos brillo institucional, pero con una intensidad quizá más áspera y más pegada a la realidad de los barrios y municipios, y ese desplazamiento de escenario representa una de las experiencias más reveladoras para muchos futbolistas de cantera grande.
Abandonar la estructura del Real Madrid no significaba perder todo lo aprendido, sino ponerlo a prueba en entornos donde ya no bastaba con haber pasado por una cantera prestigiosa, porque cada vestuario, cada afición y cada rival exigen pruebas nuevas de compromiso, personalidad y rendimiento, y ahí un defensa como Diezma debía convertir su formación en recursos concretos, útiles y reconocibles para compañeros que no juzgaban un pasado, sino un presente inmediato.
R.S.D. ALCALÁ 1974-1975, DEFENDER EN LA 1ª REGIONAL PREFERENTE
La temporada 1974-1975 llevó a Luis Eduardo Alonso Diezma a la R.S.D. Alcalá, en 1ª Regional Preferente, un club con peso histórico en el fútbol madrileño y con un entorno que, sin el foco mediático de la capital grande, respiraba fútbol con intensidad propia, de modo que el defensa madrileño se encontró ante la tarea de demostrar que todo lo adquirido en la cantera del Real Madrid podía traducirse en seguridad real sobre céspedes más ingratos y partidos más broncos.
En la R.S.D. Alcalá, cada encuentro debía de presentar desafíos distintos, desde delanteros poderosos que cargaban el área con decisión hasta rivales más veloces que obligaban a medir muy bien el momento de la entrada, y en todos esos escenarios Diezma debía aportar orden, firmeza y una lectura pausada de la jugada, cualidades que suelen sostener los equipos cuando el juego amenaza con romperse en demasiadas direcciones a la vez.
La 1ª Regional Preferente madrileña ofrecía, además, un tipo de ambiente muy característico, con gradas cercanas, comentarios que se escuchaban desde la banda y una tensión competitiva nacida de la proximidad, porque todos se conocían o creían conocerse, y por eso un defensa que respondía con seriedad, concentración y dureza bien entendida terminaba ganándose un respeto muy sólido entre compañeros, rivales y aficionados.
A.D. ALCORCÓN 1975-1976, OTRO CURSO DE OFICIO, BARRIO Y RESISTENCIA
En la temporada 1975-1976, Luis Eduardo Alonso Diezma vistió la camiseta de la A.D. Alcorcón, también en 1ª Regional Preferente, ampliando así su recorrido por el fútbol madrileño más competido y menos visible, un espacio donde la figura del defensa resulta especialmente importante, porque cada partido se mueve entre el orden y el caos, entre la disciplina táctica y la emoción desbordada de ligas donde los errores suelen castigarse mucho.
Jugar en Alcorcón suponía integrarse en otro vestuario, en otra cultura de club y en otra comunidad de aficionados, lo que obligaba a Diezma a repetir el mismo proceso de adaptación que tantos futbolistas viven a lo largo de su carrera, escuchar primero, entender los códigos del grupo, demostrar en el campo y lograr, poco a poco, que el resto vea en uno una pieza fiable cuando aprieta el calendario o cuando el partido entra en su tramo más delicado.
Para un defensa formado en el Real Madrid, estas temporadas fuera del gran escaparate no debieron de vivirse como una caída simple, sino como una reubicación dentro del fútbol real, donde el oficio se mide sin adornos y donde la calidad formativa solo adquiere valor verdadero si ayuda a competir mejor, a sufrir mejor y a sostener al equipo en jornadas donde el balón no circula con limpieza y el duelo individual se convierte en el núcleo de todo.
CULTURAL DEPORTIVA CEBREREÑA 1977-1978, EL FÚTBOL DE PROXIMIDAD Y COMARCA
La temporada 1977-1978 situó a Luis Eduardo Alonso Diezma en la Cultural Deportiva Cebrereña, dentro de la 2ª Regional Castellana, una categoría que acercaba todavía más el fútbol a la escala local, al orgullo de la comarca y a la relación casi íntima entre equipo y afición, porque allí los jugadores no representaban solo una entidad deportiva, sino a una comunidad que se reconocía en ellos cada domingo.
En un entorno así, el papel del defensa adquiere una dimensión especialmente visible, ya que cualquier despeje, cualquier cruce a tiempo o cualquier error se percibe de inmediato, con la grada tan cerca que casi forma parte del partido, de modo que Diezma debió de llevar a Cebreros toda esa educación táctica recibida en la cantera blanca, adaptándola a un fútbol más directo, más emocional y más dependiente del coraje colectivo.
La experiencia en la Cultural Deportiva Cebrereña puede leerse como otro capítulo importante en la difusión silenciosa de lo aprendido en el Real Madrid, porque muchos jugadores formados en grandes estructuras terminaron repartiendo ese conocimiento por clubes modestos, elevando el rigor interno, la comprensión del juego y la profesionalidad cotidiana de equipos que rara vez salían en los periódicos, pero que daban sentido al fútbol en muchísimas localidades.
C.D. VALDEPEÑAS 1978-1979, LLEGADA A UN CLUB DE PESO EN LA TERCERA DIVISIÓN
En la temporada 1978-1979 comenzó la etapa más prolongada y reconocible de la carrera posterior de Luis Eduardo Alonso Diezma, al incorporarse al C.D. Valdepeñas en 3ª División, un club que representaba con fuerza a una ciudad castellano‑manchega con identidad muy marcada, donde el fútbol convivía con la cultura del vino, con la vida de plaza y con una afición que encontraba en el equipo una expresión pública de orgullo local y pertenencia compartida.
Llegar a Valdepeñas significó para Diezma entrar en un ecosistema competitivo más estable que el de algunas etapas anteriores, pero no menos duro, porque la 3ª División de entonces reunía equipos muy incómodos, viajes largos, campos exigentes y delanteros que sabían aprovechar cualquier mínima duda del defensa, por lo que su bagaje de cantera y sus años previos en categorías regionales debieron de resultar esenciales para asentarse con autoridad desde el principio.
En un club como el C.D. Valdepeñas, el defensa madrileño podía aportar algo más que contundencia o buen juego aéreo, podía ofrecer orden, lectura de partido, comunicación constante y una serenidad táctica muy útil para sostener al equipo en jornadas cerradas, donde la precipitación suele volverse enemiga y donde la simple capacidad de mantener la línea compacta ya supone una diferencia competitiva importante.
C.D. VALDEPEÑAS 1979-1982, CUATRO TEMPORADAS DE CONSTANCIA, ORDEN Y LIDERAZGO DEFENSIVO
Las campañas 1979-1980, 1980-1981 y 1981-1982 prolongaron la relación entre Luis Eduardo Alonso Diezma y el C.D. Valdepeñas, consolidando un tramo de cuatro temporadas consecutivas en 3ª División que debió de convertirlo en una presencia reconocible para compañeros, técnicos y aficionados, porque permanecer varios años en una misma estructura siempre habla de adaptación, de rendimiento suficiente y de un grado de confianza que no se concede por casualidad.
Durante ese ciclo, el trabajo de un defensa como Diezma tuvo que sostener al equipo en partidos muy distintos entre sí, algunos de dominio territorial, otros de resistencia, algunos jugados sobre céspedes más nobles y otros en superficies complicadas que obligaban a simplificar, pero en todos ellos seguía siendo esencial la capacidad de ordenar la zaga, de medir el momento del despeje, de imponer el cuerpo cuando hacía falta y de transmitir calma a quienes lo rodeaban.
La continuidad en Valdepeñas también sugiere una integración profunda en la vida cotidiana del club y de la ciudad, porque cuatro temporadas no se explican solo desde lo futbolístico, sino también desde la relación con el vestuario, con la afición y con un entorno humano que termina reconociendo a quienes se entregan de verdad, y es fácil imaginar a Diezma convertido en uno de esos jugadores que, sin hacer ruido, terminan siendo una referencia estable dentro del grupo.
En la 3ª División, donde las clasificaciones cambian con rapidez y cada punto pesa de manera concreta, un defensa con experiencia vale casi tanto como una racha goleadora, porque protege al equipo de las tardes torcidas, ordena el sufrimiento y ayuda a sostener la dignidad competitiva incluso cuando el rival aprieta, de manera que la aportación de Diezma al C.D. Valdepeñas debió de sentirse muchas veces en esos detalles que no llenan crónicas, pero deciden temporadas.
EL OFICIO DE DEFENSA, DEL BARRIO DE MADRID A LOS CAMPOS DE CASTILLA
La trayectoria de LUIS EDUARDO ALONSO DIEZMA defensa Real Madrid dibuja muy bien el camino de tantos futbolistas de la cantera del Real Madrid que no alcanzaron el gran foco profesional, pero que sí trasladaron a numerosos clubes una forma seria de entender el juego, una disciplina táctica aprendida en la juventud y una cultura competitiva que, lejos de diluirse, encontró nuevos escenarios en la 1ª Regional Preferente, en la 2ª Regional Castellana y en la 3ª División.
Desde el colegio en Madrid hasta el Real Madrid Juvenil B, el Real Madrid Juvenil A, el Real Madrid Amateur, la R.S.D. Alcalá, la A.D. Alcorcón, la Cultural Deportiva Cebrereña y el C.D. Valdepeñas, Diezma encarnó un tipo de defensa que rara vez ocupa grandes titulares, pero que resulta imprescindible para cualquier equipo, porque sostiene, ordena, corrige y, muchas veces, salva partidos sin necesidad de protagonismo visible.
Su historia pertenece a ese fútbol español profundo que se jugaba lejos de las cámaras, pero muy cerca de la pasión popular, en campos donde el barro, el viento o la dureza del rival obligaban a recordar que este deporte también se construye desde atrás, desde la vigilancia, desde el sacrificio y desde la inteligencia posicional, cualidades todas ellas que Luis Eduardo Alonso Diezma debió de llevar consigo desde los días en que aprendió a defender bajo el escudo del Real Madrid.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS
Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)
Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS
Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)
Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).


