Infantiles del Real Madrid 1916-1917: el origen blanco bajo la tierra de O’Donnell
Madrid, 1916: el balón rueda entre humo y barro
En el otoño de 1916, la ciudad de Madrid respiraba el ritmo pausado de una capital en transición. La Gran Guerra en Europa mantenía a España neutral pero expectante. Mientras los periódicos hablaban de política exterior, de la monarquía y de la situación social, los niños de la ciudad comenzaban a escribir una historia completamente distinta en los solares de tierra.
En una época donde el deporte aún no tenía estructura federativa clara para las edades más jóvenes, el Madrid Foot-Ball Club ya vislumbraba un futuro diferente. Mientras otros equipos se concentraban exclusivamente en sus primeros planteles, el Madrid comenzó a tejer una red formativa, silenciosa y sin focos, pero esencial. Así nacieron sus equipos de reservas, terceros equipos y, por debajo de todos ellos, el equipo infantil.
El fútbol infantil en aquel momento no era un producto mediático ni un escalón comercial. Era un privilegio para unos pocos. Entrenar con el club significaba vivir el deporte desde sus raíces. Los campos eran de tierra. Las camisetas, de algodón. Las porterías, de madera transportada al hombro. Pero para esos chicos, era todo lo que necesitaban. Y en esa sencillez, se estaba gestando una cultura deportiva basada en la constancia, la educación y el compañerismo.
La historia que aquí comienza es la de uno de los primeros equipos infantiles estructurados del Real Madrid, cuya imagen quedó inmortalizada en una fotografía de febrero de 1917. Fue un equipo formado por escolares madrileños, muchos procedentes del Colegio del Pilar, que encontraron en el club blanco un espacio donde crecer como futbolistas y como personas. Esta es la historia del Madrid Infantil 1916-1917, un grupo de pioneros que, sin saberlo, fundó las bases de una cantera que marcaría época.
La primera generación blanca
En febrero de 1917, una fotografía detuvo el tiempo. En ella, once niños, sentados en primera fila, observan a la cámara con firmeza. Llevan camisetas blancas, calcetas desparejas, el pelo peinado con esfuerzo. Son los infantiles del Madrid. Delante de ellos, el futuro; detrás, el Recreativo Español, su rival de ese día.
Los nombres al pie de foto son un poema del inicio:
Gandarias, Juan, Monjardín, Barroso, Gutiérrez, Soto, Bernardi, Caballero, Gandarias (hermano), Chapalo, Pérez Mínguez
Con esas botas, con ese barro, con esas rodillas temblando, sembraban los cimientos de algo que todavía no se llamaba cantera. Pero ya lo era.
El guardián de la imagen: Gutiérrez
Durante mucho tiempo se atribuyó la portería del Madrid infantil a otros nombres. Pero la imagen y los registros desmienten las dudas: el portero, con la mirada firme en el centro de la imagen, era Luis Gutiérrez. Al igual que muchos de sus compañeros, estudiaba en el Colegio del Pilar, semillero blanco por excelencia. Allí, entre pupitres y campos, compartió generación con René Petit, Monjardín y Muñagorri.
Gutiérrez fue portero titular en varios partidos oficiales, como el disputado el 25 de febrero de 1917. Sin guantes, sin rodilleras, sin protección, volaba sobre la tierra como símbolo de un fútbol valiente y puro.
De la tierra a los nombres: partidos y alineaciones
La historia no se inventa, se encuentra. Y en los registros de la prensa de la época, especialmente en Madrid Sport, se conservan varias alineaciones que permiten reconstruir la columna vertebral del equipo infantil:
22 de octubre de 1916: Luis Gutiérrez, Monjardín, Caballero, José Gandarías, Muñagorri
25 de febrero de 1917: Gutiérrez, Monjardín, Caballero, Pérez Mínguez, Pedro Gandarías, Barroso, Bernáldez, José Gandarías
5 de abril de 1917: Monjardín, Heredia, J.M. Gandarías, F. Bernáldez, A. Bernáldez, Bilbao, Elorrio, Pastor
Los nombres se repiten. El grupo se mantiene. El bloque es reconocible. En aquellos días, formar parte del infantil del Madrid era más que un logro: era el inicio de una identidad.
Una familia llamada Gandarías
Nunca antes ni después un equipo blanco contó con tres hermanos jugando simultáneamente. Pedro, Juan Manuel y José Gandarías coincidieron en la temporada 1916-1917. Cada uno con su estilo: defensa, interior, extremo. Cada uno con su destino.
Pedro Gandarías fue un delantero que dejó huella en la cantera
Juan Manuel, defensor recio, participó en múltiples partidos
José, el menor, llegó más lejos fuera del campo: presidió el Arenas Club de Guecho, fundó el Real Club Náutico de Madrid, y se convirtió en figura clave del deporte español entre guerras
Jugaron juntos, rieron juntos, y defendieron el blanco juntos. Fueron más que hermanos. Fueron historia.
Juan Monjardín: el niño que sería estrella
Nacido en 1903, Juan Monjardín aparece en al menos cinco alineaciones del infantil. Fue defensa, medio, y más tarde delantero. Su ascenso al primer equipo fue natural, orgánico. Desde esa foto de febrero hasta la internacionalidad con España, su carrera fue la historia de la cantera en marcha.
Rafael Sánchez-Guerra: el presidente que cargaba porterías
Antes de discursos y despachos, Rafael Sánchez-Guerra fue un niño más. Formó parte del infantil del Madrid. Era hijo de político, pero lo suyo era el campo. En palabras recogidas por su familia, él mismo recordaba:
“Yo era uno de los que cargaban las porterías de madera desde la caseta hasta el campo de O’Donnell.”
Años después, en 1935, fue elegido presidente del Real Madrid. Pero su historia no comenzó con votos, sino con barro en los zapatos y el escudo sobre el pecho.
Legado: la cantera antes de la palabra cantera
Aquellos chicos no sabían que hacían historia. No buscaban ser profesionales, ni soñar con contratos. Solo querían jugar. Pero al hacerlo, forjaron la primera estructura real de formación en el club. En ellos comienza la cantera. En ellos empieza el Madrid formativo.
Su legado no se mide en trofeos, sino en huella. En cada jugador que hoy sale de Valdebebas, hay algo de Gutiérrez, de Monjardín, de los Gandarías, de Barroso, de Caballero, de Sánchez-Guerra. Ellos fueron los primeros.
Conclusión: una foto, un club, una eternidad
La historia del fútbol está hecha de imágenes, pero pocas tan valiosas como aquella capturada en febrero de 1917. En ella no hay focos, ni medallas, ni estadios llenos. Solo once niños sentados con orgullo, representando con sus gestos y miradas la esencia pura del fútbol.
Eran Gutiérrez, Monjardín, los hermanos Gandarías, Barroso, Caballero, Pérez Mínguez, Chapalo, y otros tantos cuyos nombres todavía resisten al olvido. Jugaron sin saber que hacían historia. Pero la hicieron. Porque fueron los primeros. Porque fueron cantera antes de que la palabra existiera.
Su huella está presente en cada generación que pasó después por el Real Madrid. En cada entrenamiento de Valdebebas. En cada niño que sueña con vestir de blanco. En cada portería que se alza, ya no a hombros, sino con tecnología. En cada balón que cruza una línea de cal. Porque todo eso comenzó aquí. En tierra. Con barro. Con ilusión. Y sobre todo, con once niños que jugaron por amor al juego, y terminaron sembrando la leyenda.
Esta historia no pertenece solo al Real Madrid. Pertenece al fútbol. Porque fue escrita por los pioneros del balón. Y como toda gran historia, empezó sin saber que sería contada.

1916-17 Real Madrid Infantil
Gandarias, Juan, Monjardín, Barroso, Gutiérrez, Soto, Bernardi, Caballero, Gandarias (hermano), Chapalo, Pérez Mínguez

Canteranos del Real Madrid Categoría Infantil Año 1916

