LUENGO, EL DELANTERO QUE APRENDIÓ A VIVIR EL GOL ENTRE EL REAL MADRID INFANTIL A Y EL JUVENIL B DE GENTO
INFANCIA ENTRE BARRIOS, DESCAMPADOS Y UN SUEÑO QUE TENÍA FORMA DE ESCUDO BLANCO
En 1955 nació BENITO LUENGO delantero Real Madrid, en una España donde el fútbol llenaba las calles de chavales con rodillas peladas, botas desgastadas y balones que pasaban de mano en mano como si fueran un tesoro compartido, porque en cada barrio existía un descampado convertido en estadio imaginario, donde dos piedras marcaban la portería y donde la única regla innegociable consistía en seguir jugando hasta que la luz o las voces de casa obligaban a detener el partido.
Desde muy pronto, Luengo sintió que su lugar natural se situaba cerca del área rival, porque disfrutaba con esa sensación de oler el gol, de anticipar un centro, de engañar al defensa con un cambio de ritmo y de golpear la pelota con la esperanza de verla cruzar la línea improvisada, y ese instinto de buscar el remate, de vivir cada jugada como una oportunidad de marcar, empezó a perfilarse como delantero incluso antes de que nadie le asignara una posición de manera formal.
Mientras algunos amigos se especializaban en defender con orgullo, lanzarse al suelo para despejar balones complicados o ponerse bajo palos con valentía, Benito Luengo sentía que su responsabilidad pasaba por mirar siempre hacia adelante, por ofrecerse cuando el equipo recuperaba la pelota, por pedir el pase que parecía difícil y por asumir que fallar formaba parte del camino, porque solo quien se arriesgaba a rematar podía aspirar a convertirse en el jugador que decidía partidos en aquellos campos de tierra.
En esos partidos de barrio, sin árbitro ni redes, Luengo empezó a aprender lecciones que más tarde encontraría formuladas dentro de la cantera del Real Madrid, como la importancia de desmarcarse en el momento justo, de no caer continuamente en fuera de juego, de ofrecer una línea de pase cuando el compañero se veía rodeado y de entender que un buen delantero no desaparece cuando no recibe balones, sino que trabaja para generarse sus propias oportunidades.
El nombre del Real Madrid flotaba en la vida diaria de aquella generación, porque las gestas del equipo blanco llenaban radios, periódicos y conversaciones de adultos, que hablaban de finales europeas y de jugadores míticos, y para un niño como Benito Luengo la idea de vestir algún día la camiseta blanca parecía un sueño enorme, quizá inalcanzable, pero cada vez que marcaba un gol en el descampado, cada vez que imaginaba el rugido de un estadio en lugar de los gritos de sus amigos, ese sueño se acercaba un poco a su realidad.
LLEGADA A LA CANTERA DEL REAL MADRID Y DESCUBRIMIENTO DE UNA NUEVA MANERA DE ENTENDER EL FÚTBOL
El día en que Luengo entró en la estructura de la cantera del Real Madrid, el fútbol dejó de ser solo un juego de barrio para convertirse en un camino ordenado, con horarios de entrenamiento, campos perfectamente marcados, vestuarios con normas claras y entrenadores que observaban cada detalle, tanto con balón como sin él, porque el club entendía la formación como un proceso que mezclaba técnica, táctica, disciplina y mentalidad competitiva, desde los primeros pasos hasta las categorías juveniles.
En ese nuevo entorno, Benito Luengo descubrió que el rol de delantero iba mucho más allá de esperar la pelota dentro del área, porque los técnicos le explicaban que un atacante del Real Madrid debía aprender a moverse entre líneas, a caer a banda para arrastrar defensas, a ofrecer apoyos de espaldas para dar salida al equipo cuando estaba presionado y a convertirse en el primer defensor cuando el rival intentaba sacar el balón controlado desde atrás, entendiendo que el trabajo empezaba mucho antes del remate.
Los entrenamientos se llenaban de ejercicios específicos, pero siempre conectados con la idea colectiva, de modo que Luengo practicaba remates, regates, recepciones orientadas y disparos desde distintos ángulos, pero también participaba en tareas de posesión donde debía tocar y moverse, en rondos donde la presión resultaba clave y en sesiones tácticas donde se marcaban las zonas de influencia de cada jugador, porque la Fábrica quería delanteros capaces de entender el juego en su conjunto.
La disciplina de la casa le enseñó que el talento debía ir acompañado de hábitos, de puntualidad, de respeto hacia los compañeros y de una actitud constante de mejora, porque el Real Madrid no solo evaluaba lo que un jugador hacía en los partidos, sino también cómo entrenaba, cómo respondía a una corrección, cómo aceptaba una suplencia y cómo asumía que la competencia interna resultaba parte esencial del ecosistema de la cantera del Real Madrid.
En ese contexto, Luengo empezó a transformarse en un delantero más completo, que seguía buscando el gol con el mismo hambre que en los descampados, pero que ahora entendía mejor los movimientos de sus compañeros, las necesidades del equipo y los matices de un fútbol que ya se pensaba como un oficio, no solo como un entretenimiento, y esa combinación de instinto y comprensión del juego lo preparó para dar un salto importante dentro de la estructura blanca.
REAL MADRID INFANTIL A 1970-1971: UN DELANTERO DENTRO DE UN EQUIPO CAMPEÓN
La temporada 1970-1971 situó a BENITO LUENGO delantero Real Madrid en el Real Madrid Infantil A, un equipo que la memoria de la cantera blanca recuerda como una generación muy destacada, porque se proclamó campeón del Campeonato de Madrid, imponiéndose con autoridad a lo largo de la competición y coronando su año con una final frente al Atlético de Madrid en el histórico Campo del Plus Ultra, bajo la dirección del entrenador Basilio Pozo González y con Jesús Cornejo Jiménez como delegado.
En ese Real Madrid Infantil A 1970-1971, Luengo formó parte de una delantera rica en perfiles, junto a compañeros como DOMINGO (Miguel Domingo), BUENO (Juan Antonio Bueno), SAN JUAN (Pedro San Juan) y ORTIZ, dentro de un grupo que reunía también defensas solventes, mediocentros inteligentes y porteros fiables, de modo que el equipo representaba una síntesis perfecta de lo que la cantera del Real Madrid buscaba en la categoría infantil, combinando calidad individual y rigor colectivo.
Los entrenamientos de aquel Infantil A se diseñaban con una idea muy clara, porque la Fábrica quería que desde edades tempranas los jugadores aprendieran conceptos que marcarían su camino futuro, como la salida de balón controlada desde atrás, la ocupación racional de espacios, la presión tras pérdida y las transiciones rápidas entre defensa y ataque, y en ese esquema, los delanteros como Luengo debían entender que su papel incluía tanto la definición como el trabajo en la primera línea de presión.
Durante el Campeonato de Madrid, el Real Madrid Infantil A se enfrentó a rivales que veían en cada partido una oportunidad de medirse con la mejor cantera de la región, lo que elevaba la intensidad de los encuentros, y para un atacante como Benito Luengo esto significaba que cada ocasión en el área podía convertirse en una jugada decisiva, porque muchos equipos planteaban partidos cerrados, con defensas agrupadas y pocos espacios, obligando a los delanteros blancos a afinar movimientos y remates.
La final contra el Atlético de Madrid en el Campo del Plus Ultra representó el momento cumbre de aquella temporada, porque condensaba toda la presión acumulada y colocaba a niños como Luengo en un escenario que, salvando las distancias, se parecía ya a un día grande en la élite, con gradas pendientes, rival motivado y responsabilidad de defender un escudo que exigía, incluso en infantil, competir con la máxima seriedad.
En ese partido, los delanteros tuvieron que lidiar con defensas que daban un plus de intensidad, conscientes de la dimensión del rival, y Luengo aplicó todo lo aprendido sobre desmarques, cambios de ritmo y paciencia dentro del área, porque no se trataba solo de disparar en cuanto llegaba el balón, sino de elegir bien el momento, de atacar el espacio adecuado y de entender que un pase extra podía mejorar la ocasión para él o para un compañero mejor situado.
El título de campeón del Campeonato de Madrid dejó en Benito Luengo la certeza de que su trabajo en la Fábrica tenía sentido, porque veía cómo los conceptos trabajados durante la temporada se transformaban en resultado tangible, y comprendió que llevar la camiseta del Real Madrid Infantil A no significaba solo pertenecer a un equipo dominante, sino también asumir una forma de competir basada en el esfuerzo, la disciplina y el respeto por cada rival.

1970-1971 Real Madrid Infantil A
Arriba, CAMPOS (Emilio Campos Vara), VIDAL (José Luis Vidal), CRUZ (Francisco Cruz), SERRANO (Francisco Serrano), COMENDADOR (Ramón Comendador), AMAGO (José Paulino Amago Sánchez), LOSA (José Luis Losa), PÉREZ DURÁN (José Manuel Pérez Durán), GÓMEZ (José Luis Gómez), CABRERA (Manuel Cabrera)
Abajo, SAN JUAN (Pedro San Juan), CEJUDO (José Cejudo), LUENGO (Benito Luengo), BUENO (Juan Antonio Bueno), ROMERO (Juan Pedro Romero Fernández), DOMINGO (Miguel Domingo), ORTIZ (-), PÉREZ MUÑOZ (Juan Francisco Pérez Muñoz), SOBREVILLA (Antonio Sobrevilla)
REAL MADRID JUVENIL C 1971-1972: SALTO A JUVENIL Y CAMPEÓN DEL GRUPO 1
La temporada 1971-1972 condujo a BENITO LUENGO delantero Real Madrid al Real Madrid Juvenil C, que competía en el grupo 1 y terminó proclamándose campeón, señal de que la generación que venía desde el Infantil A seguía respondiendo en un entorno más exigente, con rivales físicamente más desarrollados, con planteamientos tácticos más elaborados y con partidos donde la potencia, el ritmo y la intensidad crecían de manera notable respecto a la etapa infantil.
Para un delantero como Benito Luengo, el salto a juvenil significó enfrentarse a defensas que ya sabían utilizar mejor el cuerpo, que dominaban el juego aéreo con más contundencia, que no se dejaban engañar con el primer amago y que castigaban cualquier exceso de confianza, lo que le obligó a afinar su técnica, a mejorar su manejo de la espalda del defensa y a escoger con más cuidado los momentos para encarar, disparar o descargar hacia un compañero.
El Real Madrid Juvenil C funcionó como un filtro importante dentro de la cantera del Real Madrid, porque el club quería comprobar qué jugadores eran capaces de trasladar al fútbol juvenil la disciplina, la inteligencia y la competitividad que habían mostrado en etapas anteriores, y el hecho de que el equipo se proclamara campeón del grupo 1 demostraba que muchos de ellos, entre los que se encontraba Luengo, respondían a la altura del reto planteado.
En muchos partidos del grupo, el equipo se encontraba con rivales que planteaban encuentros muy físicos, con marcajes duros y defensas cerradas, y en esos escenarios Benito Luengo tuvo que aprender a alternar el papel de rematador con el de generador de espacios, alejándose a veces unos metros del área para arrastrar a un central, combinando con los mediocentros y permitiendo que otros compañeros llegaran desde segunda línea para aprovechar los huecos que dejaba su movimiento.
La conquista del grupo 1 reforzó la confianza de Luengo en su propia evolución, porque comprobó que podía marcar diferencias en un contexto más duro sin perder la esencia de su juego, basada en la búsqueda del gol y en una implicación creciente en el trabajo colectivo, y al mismo tiempo le dejó claro que la Fábrica no detenía su exigencia en un título, sino que convertía cada éxito en un punto de partida para el siguiente escalón dentro de la pirámide formativa.
REAL MADRID JUVENIL B 1972-1973: CAMPEÓN DE 2ª DIVISIÓN JUVENIL – GRUPO 1 CON FRANCISCO GENTO
La temporada 1972-1973 supuso para BENITO LUENGO delantero Real Madrid la llegada al Real Madrid Juvenil B, un equipo que la historia de la cantera identifica como pieza clave dentro del esquema formativo blanco, porque competía en la 2ª División Juvenil – Grupo 1 y se proclamó campeón bajo la dirección de Francisco Gento López, una de las grandes leyendas del club, que trasladó al banquillo juvenil su experiencia como jugador de élite y su manera de entender la exigencia del escudo.
En la plantilla del Real Madrid Juvenil B 1972-1973, la línea ofensiva reunía a varios delanteros, entre los que destacaban nombres como MUÑOZ, MAGDALENO, ARANDA, LUENGO (Benito Luengo), PONCELA (Eduardo Poncela Melero), IÑARREA, CARRASCO, DOMINGO (Miguel Domingo), ROMERO (Juan Pedro Romero Fernández) y LÓPEZ (Jorge David López Fernández), es decir, una nómina amplia de atacantes que ilustraba el nivel de competencia interna que debía soportar un delantero para ganarse minutos y continuidad.
Trabajar bajo las órdenes de Francisco Gento significó para Benito Luengo convivir diariamente con la historia del club hecha persona, porque el técnico conocía desde dentro lo que suponía jugar finales, ganar títulos y soportar la presión de la máxima exigencia, y trasladaba esas vivencias a cada entrenamiento, pidiendo velocidad en las transiciones, valentía para encarar, pero también compromiso en el repliegue y seriedad en cada tarea, por pequeña que pudiera parecer.
En ese Juvenil B campeón, Luengo tuvo que asumir que su sitio como delantero no se regalaba, sino que se ganaba momento a momento, aprovechando cada oportunidad, mostrando eficacia cuando aparecía una ocasión clara, ayudando en la presión cuando el equipo quería robar arriba y aceptando que la competencia con otros atacantes formaba parte natural de su aprendizaje, porque la Fábrica entendía el talento como algo que debía convivir con la capacidad para soportar la lucha interna por un lugar en el once.
El título en la 2ª División Juvenil – Grupo 1 confirmó que aquel Real Madrid Juvenil B 1972-1973 dominaba tanto el juego como la mentalidad, porque superar una liga larga exigía constancia, capacidad para reaccionar a los baches, firmeza en campos difíciles y una concentración mantenida durante cada jornada, y Luengo formó parte de ese engranaje ofensivo que traducía en goles y ocasiones la idea de fútbol que Gento quería ver reflejada en el campo.[
Al terminar esa temporada, la trayectoria de Benito Luengo dentro de la cantera del Real Madrid aparecía marcada por tres hitos claros, el paso por el Real Madrid Infantil A campeón del Campeonato de Madrid, la pertenencia a un Real Madrid Juvenil C campeón del grupo 1 y la participación en un Real Madrid Juvenil B campeón de la 2ª División Juvenil – Grupo 1 con Francisco Gento López en el banquillo, es decir, una línea que unía formación, títulos y continuidad en la élite del fútbol base.
UN FUTURO SIN REGISTROS CONCRETOS Y EL PERFIL DE UN DELANTERO DE LA FÁBRICA
Más allá de la temporada 1972-1973 con el Real Madrid Juvenil B, no tenemos información precisa sobre la carrera futbolística posterior de BENITO LUENGO delantero Real Madrid, situación habitual en muchos jugadores de aquellas décadas que, tras completar una etapa importante en la cantera del Real Madrid, continuaron su trayectoria en equipos de fútbol regional, preferente o categorías semiprofesionales, donde los registros no se conservaron con la misma exhaustividad que en el ámbito profesional, dejando parte de sus pasos depositados en la memoria oral de compañeros, rivales y aficionados.
Sin embargo, el hecho de haber formado parte del Real Madrid Infantil A 1970-1971 campeón del Campeonato de Madrid, de un Real Madrid Juvenil C campeón del grupo 1 y de un Real Madrid Juvenil B 1972-1973 campeón de la 2ª División Juvenil – Grupo 1 dirigido por Francisco Gento López permite situar a Benito Luengo dentro del perfil de delantero que superó sucesivos filtros de exigencia, que compitió en equipos de referencia dentro de la estructura de la Fábrica y que adquirió una formación futbolística y mental de alto nivel.
Muchos jugadores con recorridos comparables llevaron posteriormente esa forma de entender el juego a clubes de la Comunidad de Madrid y de Castilla, donde el fútbol regional, la 1ª Regional o la Preferente Castellana se nutrían de futbolistas formados en canteras de élite, que aportaban orden táctico, hábitos de entrenamiento serios y una visión del juego más madura, y no resulta difícil imaginar a un delantero como Luengo encajando en ese tipo de proyectos, aunque no podamos asociarlo a equipos concretos sin pruebas documentales.
En esos campos de barrio, de pueblo o de ciudades medianas, un atacante con pasado en el Real Madrid solía convertirse en referencia, no solo por su capacidad para marcar, sino también por su manera de moverse, de orientar a sus compañeros, de pedir la pelota en momentos complicados y de asumir que el fútbol, incluso lejos de los grandes focos, seguía exigiendo profesionalidad, compromiso y respeto por el entrenamiento, algo que la cantera del Real Madrid había inculcado a jugadores como Benito Luengo desde etapas muy tempranas.
La historia de Luengo (Benito Luengo), tal y como la conocemos, se convierte así en ejemplo del valor silencioso de la Fábrica, porque muestra que la grandeza de la cantera del Real Madrid no se mide solamente por los nombres que llegan al primer equipo, sino también por todos aquellos delanteros que, después de formarse en equipos campeones como el Infantil A, el Juvenil C y el Juvenil B de Francisco Gento, llevan su aprendizaje a otros escenarios del fútbol español, sosteniendo desde abajo la estructura de un deporte que necesita tanto a las estrellas como a los obreros del gol.

1970-1971 Real Madrid Infantil A

1970-1971 Real Madrid Infantil A

1970-1971 Real Madrid Infantil A

1970-1971 Real Madrid Infantil A

1970-1971 Real Madrid Infantil A
la segunda que esta recortada y rota en color es la foto de campeones de Madrid en el campo del Plus Ultra (este equipo es el que al unirse al Real Madrid cambio su nombre por el actual Castilla) ganamos al ATLÉTICO DE MADRID


