IZAGUIRRE, EL DELANTERO MADRILEÑO QUE APRENDIÓ A VIVIR EL GOL ENTRE LA FÁBRICA BLANCA Y LOS CAMPOS DEL FÚTBOL REGIONAL CASTELLANO

INFANCIA EN MADRID, 1956, Y LOS PRIMEROS GOLES ENTRE CALLES, COLEGIOS Y DESCAMPADOS

El 14 de agosto de 1956 nació en Madrid JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid, en una ciudad que respiraba fútbol por cada esquina, donde los niños convertían las calles tranquilas, los patios de colegio y los descampados polvorientos en pequeños estadios improvisados, con porterías marcadas con abrigos o mochilas y con un balón gastado que se convertía en el centro de la vida diaria, porque cada tarde significaba una oportunidad nueva para jugar, competir y soñar con los nombres que sonaban por la radio los fines de semana.

Desde muy pronto, José Manuel Izaguirre Araque descubrió que su lugar natural estaba cerca de la portería rival, porque le gustaba encarar, rematar, buscar el tiro decisivo y sentir cómo sus compañeros le miraban con expectativa cada vez que recibía el balón cerca del área, y esa inclinación le fue definiendo como delantero, incluso cuando nadie hablaba todavía de sistemas tácticos, porque los niños simplemente se repartían por el campo según sus preferencias y capacidades, y él regresaba siempre a la zona donde nacen los goles.

En aquellos partidos de barrio, sin árbitro y sin más normas que las acordadas antes de empezar, Izaguirre empezó a pulir instintos propios de un atacante, como la capacidad para anticipar dónde caería un rechace, el olfato para situarse un segundo antes que el defensa en el punto exacto donde podía aparecer el pase definitivo y la sangre fría para elegir, en fracciones de segundo, si convenía chutar fuerte, colocar el balón con suavidad o cederlo a un compañero mejor situado para asegurar el tanto.

Mientras algunos amigos se enamoraban del papel de portero, disfrutando al lanzarse sobre el suelo, y otros se sentían cómodos en la defensa, imponiendo su físico para recuperar el balón, Izaguirre vivía para esas carreras en diagonal, para los regates cortos dentro del área, para los remates casi sin ángulo que sorprendían al portero rival, y poco a poco fue entendiendo que esa vocación de delantero exigía también aprender a soportar la frustración, porque quien busca siempre el gol vive rodeado de ocasiones falladas que no pueden hundirle.

En medio de esa rutina de partidos interminables, el nombre del Real Madrid se encontraba siempre presente, porque las narraciones radiofónicas, las fotografías en los periódicos y las conversaciones de los adultos hablaban de un club que parecía pertenecer a una dimensión deportiva superior, con grandes delanteros que marcaban goles decisivos, con remontadas memorables y con noches europeas que alimentaban la imaginación de niños como Izaguirre, que sin saberlo aún, se acercaba poco a poco a la estructura formativa de esa entidad que dominaba tantas páginas y ondas.

TORNEO SOCIAL DEL REAL MADRID: LA PRIMERA PUERTA INTERNA HACIA LA FÁBRICA

Antes de pasar a los equipos federados, muchos jóvenes madrileños que soñaban con vestir la camiseta blanca debían acudir al Torneo Social del Real Madrid, una competición interna que reunía a hijos de socios, a chicos del entorno del club y a muchachos que se habían destacado en escuelas o equipos de barrio, y allí los partidos ya no se jugaban en descampados anónimos, sino en campos de la Ciudad Deportiva, bajo la mirada atenta de entrenadores y ojeadores que evaluaban cada jugada con intención formativa.

Para un chico como Izaguirre, entrar en el Torneo Social del Real Madrid significó pisar por primera vez unos terrenos donde el escudo blanco aparecía en las instalaciones, donde los balones tenían mejor estado, donde los rivales vestían equipaciones cuidadas y donde los técnicos se fijaban en detalles que en el fútbol callejero pasaban inadvertidos, como la forma de perfilarse antes de recibir, la capacidad de levantar la cabeza antes de pasar o la disciplina mostrada sin balón.

En esa competición social, Izaguirre comenzó a diferenciarse como delantero con recursos, no solo por su facilidad para rematar, sino porque entendía cuándo desmarcarse a la espalda del defensa, cuándo caer a banda para abrir huecos y cuándo ofrecerse en apoyo para dar aire al equipo, y ese conjunto de gestos llamó la atención de quienes decidían qué jugadores merecían pasar al siguiente escalón, el de los equipos infantiles federados que ya competían oficialmente en las ligas madrileñas.

El Torneo Social del Real Madrid actuaba como un filtro silencioso pero decisivo, porque permitía que los responsables de la cantera del Real Madrid vieran a muchos jóvenes en acción, compararan perfiles, analizaran actitudes y detectaran a aquellos futbolistas que mostraban rasgos compatibles con el estilo del club, y el salto de Izaguirre hacia el Real Madrid Infantil B demostraba que su forma de moverse, de rematar y de entender el juego había superado con éxito esa primera gran prueba.

REAL MADRID INFANTIL B 1970-1971: PRIMERA TEMPORADA FEDERADA COMO DELANTERO BLANCO

La temporada 1970-1971 situó a Izaguirre en el Real Madrid Infantil B, uno de los dos equipos infantiles del club, que compartía filosofía y método con el Real Madrid Infantil A, porque la Fábrica concebía ambos conjuntos como partes de un mismo proyecto, donde el énfasis se ponía en la evolución técnica, en la educación táctica y en la formación de carácter competitivo, más que en la diferencia jerárquica entre uno y otro equipo dentro de la categoría.

En el Real Madrid Infantil B 1970-1971, JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid debía adaptarse a una rutina completamente nueva, con entrenamientos estructurados, sesiones específicas para trabajar el control, el pase, el tiro y los movimientos coordinados del ataque, además de partidos oficiales de liga infantil madrileña, donde los rivales enfrentaban al equipo blanco con una motivación especial, porque para cualquier club de la ciudad, medirse a la cantera madridista resultaba un desafío cargado de orgullo y responsabilidad.

Durante esa temporada, el trabajo del delantero se volvía más complejo que en el fútbol de barrio, porque Izaguirre debía aprender a coordinar sus desmarques con los mediocentros, a presionar al inicio del bloque defensivo, a entender cuándo convenía fijar a los centrales, cuándo caer a la banda para generar superioridades y cuándo atacar el primer palo o el segundo en función del perfil del centrador, dejando atrás la improvisación para abrazar una interpretación más consciente del juego.

Los partidos del Real Madrid Infantil B mostraban a menudo una dicotomía curiosa, porque el equipo, acostumbrado a llevar la iniciativa, generaba muchas ocasiones de gol, pero a la vez debía gestionar la ansiedad que produce ese dominio cuando los balones no entran, y un delantero como Izaguirre aprendía entonces que el oficio del atacante no se mide solo por los goles marcados, sino por la constancia con la que sigue ofreciéndose incluso después de varios fallos.

La temporada 1970-1971, en definitiva, dejó en Izaguirre la certeza de que la vida de un delantero en la cantera del Real Madrid exigía mucho más que talento, porque se trataba también de asumir la presión de representar a un club grande, de soportar el peso de las expectativas en cada partido y de trabajar cada día con la idea de que su evolución se evaluaba constantemente, con la mirada puesta en los siguientes escalones de la estructura.

1970-1971 Real Madrid Infantil B

De pie, BLANCO (-), IGLESIAS (Nazario Iglesias Urdiales), LLORENTE (-), BARRERO (Miguel Ángel Barrero Velasco), OBIOL (-), ALVIRA (Salvador Alvira Rodríguez), SEPTIÉN (-), SÁINZ (Francisco Sáinz Fernández), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz), GRELA (-)

Agachados, PULIDO (Javier Pulido), RIBAGORDA (-), PRIOR (-), LACUESTA (-), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), CASCAJOSA (-), RECIO (Pedro Recio de la Torre), MENDOZA (-).

REAL MADRID JUVENIL B 1971-1972: CAMPEÓN DEL GRUPO 1 Y CONFIRMACIÓN DE UN DELANTERO EN CRECIMIENTO

La temporada 1971-1972 supuso un salto importante para JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid, porque pasó a formar parte del Real Madrid Juvenil B, que competía en el grupo 1 y terminó proclamándose campeón, un logro cargado de significado para cualquier jugador de cantera, pero especialmente para un delantero, que vive tan ligado a las cifras, a los goles y a la percepción externa sobre su capacidad para decidir partidos cuando las fuerzas se igualan.

En ese Real Madrid Juvenil B 1971-1972, el nivel físico y táctico del juego se elevaba de manera notable respecto a la etapa infantil, porque los rivales ya presentaban defensores más fuertes, medios más agresivos y estructuras defensivas mejor organizadas, y Izaguirre debía mejorar sus recursos para encontrar espacios, perfeccionar su juego de espaldas, resistir cargas, proteger el balón en situaciones de uno contra dos y rematar con la precisión que exigen las oportunidades cada vez más contadas.

La condición de campeones del grupo 1 indicaba que el equipo había conseguido mantener una regularidad muy alta a lo largo de la temporada, sacando puntos en campos complicados y resolviendo partidos ajustados donde cada ocasión valía oro, y en ese contexto Izaguirre aprendió que el delantero del Real Madrid no solo debía marcar, sino también entender cuándo debía arrastrar marcas para liberar a un compañero, cuándo debía aguantar el balón para que el equipo respirara y cuándo debía presionar con entrega para liderar el esfuerzo colectivo desde la primera línea.

Los entrenamientos en esa etapa juvenil insistían en conceptos avanzados, como la sincronización entre extremos y nueves, las diagonales para atacar espacios libres, las combinaciones rápidas en la frontal y la lectura de las segundas jugadas, y el joven Izaguirre se empapaba de esas ideas, consciente de que cada ejercicio, cada corrección y cada partido ponían a prueba su capacidad para convertirse en un delantero capaz de invertir la balanza de un encuentro con un solo gesto acertado.

Ser campeón del grupo 1 con el Real Madrid Juvenil B representó, por tanto, una especie de confirmación silenciosa para Izaguirre, porque demostraba que formaba parte de un grupo ganador, que había crecido en un entorno de alta exigencia y que estaba listo para afrontar los siguientes capítulos de su formación, ya fuera dentro de la estructura inmediata del club o en equipos vinculados que mantenían la misma filosofía.

MAGERIT C.F. JUVENIL 1972-1973: GRUPO 1, SEXTO PUESTO Y UNA TEMPORADA DE APRENDIZAJE BAJO JUAN CALVO PEREGRINA

La temporada 1972-1973 llevó a JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid al Magerit C.F., denominación utilizada para uno de los equipos juveniles vinculados al entorno del Real Madrid, que competía en el grupo 1 y terminó en la sexta posición, bajo la dirección del entrenador Juan Calvo Peregrina, lo que supuso para muchos jugadores, incluido Izaguirre, una experiencia distinta, porque ya no se trataba de pelear únicamente por el título, sino de aprender también a convivir con temporadas donde la clasificación no situaba al equipo en lo más alto.

En ese Magerit C.F. Juvenil 1972-1973, el delantero formado en la Fábrica debía adaptarse a un contexto donde los rivales resultaban complicados, donde las derrotas aparecían de vez en cuando y donde el peso emocional de los partidos variaba según el momento del torneo, de modo que Izaguirre aprendió que su papel no podía reducirse a celebrar goles en las tardes luminosas, sino que debía sostener su carácter, su esfuerzo y su liderazgo ofensivo incluso en aquellos encuentros donde las cosas no salían bien.

El trabajo de Juan Calvo Peregrina insistía en que el equipo no perdiera la ambición ni el estilo, aunque la clasificación situara al Magerit C.F. lejos de los primeros puestos, y dentro de esa filosofía, Izaguirre seguía afinando su repertorio de delantero, perfeccionando la lectura de las defensas rivales, aprendiendo a aprovechar errores ajenos, ajustando su capacidad de remate en distintos perfiles de disparo y reforzando su resistencia mental frente a rachas de mala fortuna.

La sexta posición en el grupo 1 no reflejaba falta de calidad, sino la igualdad de la categoría y las dificultades propias de un torneo largo, y para Izaguirre supuso una enseñanza sobre la realidad del fútbol, que no siempre concede títulos, pero sí ofrece oportunidades constantes para crecer como jugador y como persona, especialmente en un puesto como el suyo, donde la confianza y la perseverancia se convierten en pilares fundamentales de la carrera deportiva.

REAL MADRID C. D. SAN BENITO JUVENIL 1973-1974: CONTINUIDAD FORMATIVA EN EL GRUPO 1

La temporada 1973-1974 encontró a JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid integrado en el Real Madrid C. D. San Benito Juvenil, equipo que competía también en el grupo 1 y que representaba otra pieza dentro del entramado juvenil blanco, donde distintas denominaciones convivían bajo el paraguas de la misma idea formativa, dando cabida a diferentes generaciones y perfiles que debían asumir la responsabilidad de defender el estilo del club en cada categoría.

En el C.D. San Benito Juvenil, Izaguirre seguía desempeñando su rol de delantero, pero ya con una experiencia acumulada que le permitía comprender mejor los códigos del vestuario, las necesidades del equipo en cada fase de los partidos y la importancia de su comportamiento incluso cuando no marcaba, porque la madurez dentro de la cantera del Real Madrid implicaba aceptar que el liderazgo se construye tanto con goles como con actitudes.

Los encuentros del grupo 1 seguían ofreciendo campos exigentes, rivales motivados y una mezcla de estilos que obligaban al delantero a adaptarse, ya que algunas defensas preferían el marcaje al hombre agresivo, mientras otras planteaban bloques más hundidos que dejaban menos espacios, y Izaguirre aprendía a encontrar soluciones en ambos escenarios, ya fuera buscando apoyos para combinar o atacando huecos pequeños con decisiones rápidas.

Ese paso por el C.D. San Benito Juvenil representó la consolidación de Izaguirre como atacante preparado para abandonar poco después la estricta órbita formativa y afrontar retos en el fútbol regional, donde los nombres de los clubes cambiaban, pero la esencia del juego, la necesidad de competir cada domingo y la responsabilidad del delantero frente al gol seguían siendo las mismas.

MAGERIT C.F. JUVENIL 1974-1975: ÚLTIMA PARADA JUVENIL ANTES DEL SALTO A LA REGIONAL

La temporada 1974-1975 devolvió a JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid al entorno del Magerit C.F. (Real Madrid Juvenil), donde completó su ciclo como jugador juvenil, viviendo una etapa que funcionó como puente entre la formación estricta de la cantera y la realidad más cruda del fútbol regional, porque en esos meses los entrenadores ya hablaban abiertamente de posibles salidas, de cesiones y de futuros destinos en clubes que no pertenecían directamente a la estructura blanca.

En ese último tramo juvenil, Izaguirre seguía asumiendo la responsabilidad ofensiva desde su puesto de delantero, pero también empezaba a entender que su carrera daría un giro inevitable, alejándole del día a día de la Ciudad Deportiva y acercándole a campos donde sus rivales quizá no conocieran su historia en la Fábrica, aunque sí respetaran el hecho de que llegaba de una escuela considerada de máximo nivel.

Los entrenamientos en el Magerit C.F. Juvenil 1974-1975 insistían en la preparación física, en la velocidad de ejecución, en la presión coordinada y en la capacidad para decidir en espacios reducidos, y Izagirre se llevaba todo ese bagaje consigo al abandonar la categoría juvenil, sabiendo que su identidad como delantero se encontraba sólidamente construida sobre esos años de trabajo paciente y constante.

A.D. CHAMARTÍN-E.M.T. 1975-1976: PRIMER CONTACTO CON LA 1ª REGIONAL CASTELLANA

La temporada 1975-1976 marcó el inicio de la vida de JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid en el fútbol regional, con su incorporación a la A.D. Chamartín-E.M.T., que competía en la 1ª Regional Castellana, una categoría donde el fútbol se vivía con una intensidad distinta, más cercana, más directa y más ligada al entorno de barrio, con aficionados que seguían al equipo cada domingo y que comentaban las jugadas en los bares y plazas durante toda la semana.

En la A.D. Chamartín-E.M.T., Izaguirre descubrió que ser delantero en la 1ª Regional Castellana exigía adaptar su juego a defensas más duras, acostumbradas al contacto, a terrenos de juego que no siempre ofrecían botes limpios y a árbitros que permitían un nivel de choque superior al que conocía en juveniles, de modo que la técnica depurada debía combinarse con valentía y con capacidad para soportar golpes y agarrones sin perder la lucidez dentro del área.

Los partidos en esa categoría mezclaban talento con orgullo local, porque muchos futbolistas combinaban el fútbol con trabajos o estudios y, sin embargo, competían con una pasión intensa, y Izaguirre entendió que marcar un gol en 1ª Regional Castellana significaba también regalar una alegría fuerte a un grupo de seguidores que se identificaban profundamente con su club, algo que añadía una capa emocional especial a cada remate exitoso.

C.D. LEGANÉS 1975-1976: PASO POR LA 1ª REGIONAL PREFERENTE

En esa misma temporada 1975-1976, el camino de Izaguirre le llevó también al C.D. Leganés, que competía en la 1ª Regional Preferente, una categoría considerada un escalón por encima dentro del fútbol territorial, donde se reunían clubes con proyectos más ambiciosos, plantillas construidas con mayor cuidado y aficiones que soñaban con ver a su equipo acercarse a categorías nacionales.

En el C.D. Leganés, José Manuel Izaguirre Araque volvió a ejercer como delantero de referencia, enfrentándose a defensas especialmente motivadas por frenar a un equipo que empezaba a ganar peso en el mapa futbolístico madrileño, y la exigencia semanal se traducía en partidos intensos, en viajes a campos donde la presión ambiental resultaba fuerte y en una necesidad constante de aprovechar las pocas ocasiones claras que se presentaban, porque la 1ª Regional Preferente castigaba con dureza la falta de eficacia.

La estancia en la A.D. Chamartín-E.M.T. y en el C.D. Leganés durante la temporada 1975-1976 dibujó para Izaguirre la realidad del fútbol regional madrileño, donde el prestigio de haber pasado por la cantera del Real Madrid abría puertas, pero el respeto se ganaba cada domingo, a base de carreras, de remates, de esfuerzo y de una entrega que el público reconocía más allá de las etiquetas.

ATLÉTICO DE PINTO 1976-1978: DOS TEMPORADAS ENTRE 1ª REGIONAL Y 1ª ORDINARIA CASTELLANA

Las temporadas 1976-1977 y 1977-1978 situaron a José Manuel Izaguirre Araque en el Atlético de Pinto, primero en la 1ª Regional Castellana y después en la 1ª Ordinaria Castellana, dentro de un proyecto de club que representaba muy bien la fuerza del fútbol del sur madrileño, con una afición comprometida, un entorno que vivía cada partido con intensidad y una estructura deportiva que trataba de mantener al equipo en posiciones dignas dentro de las competiciones territoriales.

En el Atlético de Pinto, Izaguirre encontró continuidad, algo muy valioso para un delantero, porque le permitió conocer bien a los compañeros, entender los movimientos de los mediocentros, anticipar los centros de sus extremos y desarrollar complicidades ofensivas que resultan imposibles cuando los cambios de equipo se producen de forma demasiado frecuente, y esa estabilidad le ayudó a consolidar su papel como referencia en la punta de ataque.

Los partidos en Pinto y en los campos rivales de 1ª Regional y 1ª Ordinaria Castellana ofrecían un repertorio inmenso de experiencias, desde encuentros dominados con claridad hasta duelos trabados en los que cada balón dividido generaba una pequeña batalla, y en todos ellos Izaguirre se reafirmaba como un atacante que no rehuía el contacto, que sabía buscar su momento dentro del área y que aceptaba, semana tras semana, la responsabilidad de intentar cambiar el resultado con un gol.

ATLÉTICO VALDEMORO C.F. 1978-1979: 1ª PREFERENTE CASTELLANA COMO ESCENARIO PRINCIPAL

La temporada 1978-1979 llevó a Izaguirre al Atlético Valdemoro C.F., en la 1ª Preferente Castellana, una categoría donde coincidían clubes con aspiraciones de ascenso, plantillas experimentadas y una mezcla de jóvenes y veteranos que convertían cada jornada en una prueba de fuego, exigente tanto desde el punto de vista físico como desde el emocional, porque el margen entre el éxito y el fracaso se volvía muy estrecho.

En el Atlético Valdemoro C.F., José Manuel Izaguirre Araque afrontó la Preferente como un reto a su altura, sabiendo que la etiqueta de ex canterano del Real Madrid le colocaba en el foco, porque la afición esperaba de él un plus de determinación y de calidad, y las defensas rivales lo señalaban como hombre a vigilar, lo que hacía que cada gol suyo tuviera un peso especial tanto para el equipo como para el entorno.

El fútbol en esa categoría se caracterizaba por partidos intensos, por marcajes estrechos, por entrenadores que estudiaban a los atacantes más peligrosos del rival y por campos donde el público exprimía al máximo la cercanía, comentando cada jugada a pocos metros del terreno de juego, y en medio de ese clima, Izaguirre se mantenía fiel a su papel de delantero constante, dispuesto a aprovechar la mínima oportunidad para cambiar el signo de la tarde.

PEDRO MUÑOZ C.F. 1979-1980: PREFERENTE CASTELLANA ENTRE VIAJES, GOLES Y BARRO

La temporada 1979-1980 encontró a José Manuel Izaguirre Araque defendiendo los colores del Pedro Muñoz C.F., también en la 1ª Preferente Castellana, lo que implicó un nuevo cambio de entorno, de compañeros, de entrenador y de campo base, pero no de esencia, porque el fútbol regional, con sus viajes por carreteras secundarias, sus madrugones y sus tardes de calor o de frío extremo, seguía exigiendo del delantero el mismo compromiso y la misma voluntad de competir.

En el Pedro Muñoz C.F., Izaguirre se encontró con un ambiente de club de pueblo que vivía con intensidad el paso de los domingos, con aficionados que conocían el nombre de cada jugador, que comentaban jugadas en la plaza y que valoraban tanto el esfuerzo como el talento, y eso reforzó su convicción de que el fútbol no se mide únicamente por el número de espectadores, sino por la profundidad del vínculo entre equipo y comunidad.

La 1ª Preferente Castellana en aquellos años exigía al delantero una combinación muy precisa de coraje, inteligencia y calidad, porque se enfrentaba a centrales experimentados, a campos donde el balón no siempre rodaba limpio y a partidos donde las ocasiones claras se contaban con los dedos de una mano, y Izaguirre  continuó perfeccionando esa mezcla, adaptando su juego a las circunstancias y manteniendo como objetivo innegociable la búsqueda del gol.

A.D. ALCOBENDAS 1980-1981: UN PASO POR LA TERCERA DIVISIÓN

La temporada 1980-1981 llevó a Izaguirre a la A.D. Alcobendas, en la Tercera División, un nivel que suponía un nuevo reto dentro de su trayectoria, porque se trataba de una categoría nacional, donde el nivel de los equipos, la visibilidad de los partidos y la exigencia general se situaban un peldaño por encima de la competición regional, obligando al delantero a demostrar que su experiencia acumulada podía sostenerle en un contexto más exigente.

En la A.D. Alcobendas, Izaguirre compartía vestuario con futbolistas que aspiraban a consolidarse en Tercera División, con jóvenes que buscaban llamar la atención de clubes superiores y con veteranos que aportaban oficio, y en ese marco, su pasado en la cantera del Real Madrid y en la Preferente castellana le otorgaba un respeto inicial, pero también una obligación de estar a la altura, aprovechando sus oportunidades, trabajando a gran nivel y adaptándose a un tipo de partido donde los errores se pagaban incluso más caros.

El tiempo en Tercera División reforzó en Izaguirre la certeza de que el fútbol ofrecía múltiples caminos, que no todos los jugadores formados en grandes canteras llegaban a la élite mediática, pero que muchos construían carreras sólidas en categorías de enorme exigencia, aportando su experiencia y su talento a clubes que necesitaban referentes para sostener sus proyectos deportivos.

PEDRO MUÑOZ C.F. Y VALLECAS C.F. 1981-1984: ÚLTIMOS TRAMOS ENTRE PREFERENTE Y ORDINARIA

Tras su paso por la A.D. Alcobendas, Izaguirre regresó al Pedro Muñoz C.F. en la temporada 1981-1982, de nuevo en la 1ª Preferente Castellana, y afrontó luego el inicio de la campaña 1982-1983 en la 1ª Ordinaria Castellana, donde disputó solo los dos primeros encuentros antes de enlazar su camino con el del Vallecas C.F., club en el que completaría la temporada 1982-1983 y la 1983-1984 en la 1ª Preferente Castellana.

Ese regreso al Pedro Muñoz C.F. y la breve participación en la temporada 1982-1983 mostraban la realidad cambiante del fútbol regional, donde las circunstancias deportivas, las decisiones técnicas o incluso las situaciones personales podían modificar el recorrido de un jugador dentro de una misma campaña, y donde un delantero debía estar preparado para asumir esos cambios sin perder la motivación ni la profesionalidad.

La llegada al Vallecas C.F. abrió a Izaguirre las puertas de un club con fuerte identidad de barrio, con una afición que vivía los partidos con pasión y con un entorno en el que el fútbol se convertía en un elemento más de la vida cotidiana, porque las conversaciones sobre el equipo se entrelazaban con la rutina de cada día, y cualquier gol marcado o encajado encontraba eco en las calles del distrito.

En el Vallecas C.F., Izaguirre seguía siendo delantero, con toda la carga que ese puesto implica, porque el equipo necesitaba sus desmarques, sus remates y su experiencia para afrontar las temporadas de 1ª Preferente Castellana, y él correspondía intentando aplicar todo lo aprendido desde sus días en el Real Madrid Infantil B, pasando por los juveniles campeones y por cada uno de los clubes regionales que había defendido a lo largo de los años.

EL LEGADO DE JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE, DELANTERO DE LA CANTERA DEL REAL MADRID EN EL FÚTBOL REGIONAL

La trayectoria de JOSÉ MANUEL IZAGUIRRE ARAQUE delantero Real Madrid, nacido el 14 de agosto de 1956 en Madrid, desde sus primeros pasos en el Torneo Social del Real Madrid, pasando por el Real Madrid Infantil B 1970-1971, el Real Madrid Juvenil B 1971-1972 campeón del grupo 1, el Magerit C.F. Juvenil 1972-1973 en el grupo 1 con Juan Calvo Peregrina, el Real Madrid C. D. San Benito Juvenil 1973-1974, el Magerit C.F. Juvenil 1974-1975, y después por la A.D. Chamartín-E.M.T., el C.D. Leganés, el Atlético de Pinto, el Atlético Valdemoro C.F., el Pedro Muñoz C.F., la A.D. Alcobendas y el Vallecas C.F., dibuja el perfil de un delantero que supo convertir la formación recibida en la cantera del Real Madrid en una carrera larga, honesta y comprometida dentro del denso tejido del fútbol regional castellano.

Su historia recuerda que la Fábrica blanca no se mide únicamente por los jugadores que alcanzan el primer equipo y las portadas, sino también por aquellos que, como José Manuel Izaguirre Araque, llevan ese sello formativo a campos de 1ª Regional, de Preferente y de Tercera División, sosteniendo proyectos modestos con su profesionalidad, transmitiendo hábitos de entrenamiento exigentes y aportando una forma de entender el juego en la que cada carrera, cada desmarque y cada remate se asumen con la misma seriedad que si el estadio estuviera lleno.

En los recuerdos de compañeros, entrenadores y aficionados de clubes como el Atlético de Pinto, el Atlético Valdemoro C.F., el Pedro Muñoz C.F., la A.D. Alcobendas o el Vallecas C.F., la figura de Izaguirre queda asociada a la de un delantero que nunca dejó de buscar el gol, que entendió que la carrera futbolística también se construye lejos de los grandes focos y que, en cada domingo de regional, encontraba un motivo para demostrar que la escuela del Real Madrid late también en los campos más humildes, donde el fútbol mantiene intacta su esencia más pura.

 

 

1970-1971 Real Madrid Infantil B

De pie, GRELA (-), LLORENTE (-), OBIOL (-), BARRERO (Miguel Ángel Barrero Velasco), SEPTIEN (-), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz), BLANCO (-)

Agachados, CASCAJOSA (-), IGLESIAS (Nazario Iglesias Urdiales), SÁINZ (Francisco Sáinz Fernández), RIBAGORDA (-), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), LACUESTA (-), RECIO (Pedro Recio de la Torre), MENDOZA (-)

 

1970-1971 Real Madrid Infantil B

De pie, Sr. Francisco Arjona Sánchez (entrenador), BLANCO (-), LLORENTE (-), SÁINZ (Francisco Sáinz Fernández), BARRERO (Miguel Ángel Barrero Velasco), OBIOL (-), SEPTIEN (-), ADEVA (Eugenio Adeva Magdaleno), MARCIAL (Marcial de Gracia Muñoz), GRELA (-)

Abajo, IGLESIAS (Nazario Iglesias Urdiales), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), PULIDO (Javier Pulido), CASCAJOSA (-), LACUESTA (-), RECIO (Pedro Recio de la Torre), MENDOZA (-)

1970-1971 Real Madrid Infantil B

Delantera del infantil «B», IGLESIAS (Nazario Iglesias Urdiales), SÁINZ (Francisco Sáinz Fernández), IZAGUIRRE (José Manuel Izaguirre Araque), LACUESTA (-), RECIO (Pedro Recio de la Torre).

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