JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ, EL DEFENSA EXTREMEÑO QUE APRENDIÓ A MANDAR DESDE LA TRINCHERA BLANCA DE LA CANTERA DEL REAL MADRID

INFANCIA EN ALMENDRALEJO Y LOS PRIMEROS PARTIDOS ENTRE VIÑEDOS, TIERRA SECA Y CAMPOS IMPROVISADOS

En la mañana calurosa del 7 de junio de 1955 nació en Almendralejo, en plena provincia de Badajoz, un niño llamado JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid, que crecería rodeado de campos de vides, calles polvorientas, plazas donde el ruido de las conversaciones se mezclaba con el sonido metálico de los cántaros y, sobre todo, con el bote desigual de balones que rodaban sobre terrenos irregulares, convirtiendo casi cualquier espacio libre en un estadio improvisado donde los niños aprendían, sin manuales ni pizarras, el lenguaje secreto del fútbol.

En aquella Almendralejo de los años sesenta, el tiempo se medía muchas veces por los partidos que se jugaban durante la semana y por las historias que se contaban después, y el joven Juan Leñador de la Cruz empezó a ser conocido en su entorno como un chico serio, más atento a cerrar huecos que a inventar regates, más interesado en impedir goles que en marcarlos, porque desde muy pronto sintió que su lugar natural se encontraba unos metros por detrás de los demás, allí donde el equipo necesitaba alguien dispuesto a frenar embestidas, a poner el cuerpo y a tomar decisiones que rara vez cabían en los periódicos, pero que definían silenciosamente el resultado.

Mientras muchos compañeros preferían imaginarse como delanteros de remontadas imposibles, subiendo las escaleras del colegio con la mente ocupada por goles gloriosos, Juan Leñador de la Cruz se fijaba en los defensas veteranos del equipo del pueblo, observaba cómo se colocaban, cómo anticipaban, cómo hablaban con el portero y cómo, en los momentos de mayor tensión, mantenían una calma obstinada, que no era falta de nervio, sino una forma de respeto hacia la responsabilidad que les tocaba asumir en cada encuentro.

C.D. SABIO 1967-1971, EL COLEGIO COMO PRIMERA UNIVERSIDAD DEL DEFENSA

A los doce años, edad en la que muchos niños siguen dudando sobre si el fútbol será solo un pasatiempo o algo más serio, Leñador entró en el C.D. Sabio, un equipo de colegio que funcionaba como auténtica escuela de vida, porque allí se aprendía tanto dentro del campo como fuera, bajo la vigilancia de profesores que hacían de entrenadores, de delegados y, a veces, de psicólogos improvisados, capaces de consolar una derrota escolar con la misma intensidad con la que corregían una entrada fuera de tiempo.

En el C.D. Sabio, entre 1967 y 1971, el joven defensa se acostumbró a convivir con normas estrictas, horarios marcados, entrenamientos compatibles con los estudios y partidos en los que representaba no solo a un equipo, sino también a un centro educativo, a unos colores que se confundían con el nombre del colegio y que daban al fútbol un tono de responsabilidad académica, como si cada despeje y cada anticipación formaran parte de un examen continuo que se repetía cada fin de semana.

Los campos donde jugaba el C.D. Sabio no tenían el orden geométrico que más tarde encontraría en Madrid, pero sí poseían una riqueza que no se mide en césped ni en dimensiones exactas, porque allí aprendió a defender sin pedirle nada al campo, sin excusas sobre botes extraños, entendiendo que el balón podía girar de manera caprichosa y que la única forma de responder era estar más atento que el resto, calcular mejor las trayectorias y aceptar que la dureza del terreno formaba parte del entrenamiento invisible del carácter.

Fue también en ese equipo de colegio donde Leñador empezó a ejercer un liderazgo silencioso sobre sus compañeros, no tanto a través de discursos grandilocuentes, sino mediante gestos pequeños, como colocarse medio paso por delante para corregir un hueco, animar al portero después de un gol encajado o salir al cruce cuando veía que otro compañero dudaba, entendiendo que el trabajo del defensa consiste, en buena medida, en asumir riesgos para que los demás puedan respirar.

DEL C.D. SABIO A LA CIUDAD DEPORTIVA, EL VIAJE DESDE ALMENDRALEJO HASTA LA CANTERA BLANCA

El salto desde Almendralejo hasta la cantera del Real Madrid no se produce de golpe, como un trueno que cae de repente sobre el cielo despejado, sino que suele llegar precedido de rumores, conversaciones discretas, informes recogidos por alguien que ha visto jugar al chico en un torneo escolar o en un amistoso de final de curso, y en el caso de Leñador ese proceso de observación culminó cuando, todavía adolescente, se le abrió la puerta de la Ciudad Deportiva, el lugar donde la vocación se convertía en exigencia diaria y el sueño tomaba la forma concreta de horarios, rutinas y jerarquías.

El viaje a Madrid significó para él dejar atrás las calles conocidas de Almendralejo, las voces familiares del pueblo, el acento exacto de su gente y la comodidad de saber siempre quién le vería jugar cada fin de semana, para entrar en un ambiente donde nadie le conocía, donde su apellido, Leñador, sonaba distinto en boca de compañeros de procedencias muy diversas y donde la única forma de ganarse un lugar pasaba, otra vez, por aquello que ya había aprendido en los años del colegio, estar dispuesto a competir cada día sin esperar trato especial.

La primera vez que pisó uno de los campos de la Ciudad Deportiva, con las líneas trazadas con exactitud y las porterías perfectamente alineadas, Leñador debió sentir que el fútbol entraba en una fase nueva, menos sujeta al azar del terreno y más atenta a detalles que antes pasaban desapercibidos, como la posición del cuerpo antes de un salto, la orientación del control o la forma de agruparse tras una pérdida, elementos que en la cantera del Real Madrid no se dejaban al instinto, sino que se trabajaban durante horas.

REAL MADRID JUVENIL A 1971-1972, CAMPEONES DEL GRUPO 1 CON ANTONIO RUIZ CERVILLA

La temporada 1971-1972 situó a JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid en el Real Madrid Juvenil A, un equipo que competía en el grupo 1 y que terminó proclamándose campeón bajo la dirección de Antonio Ruiz Cervilla, un entrenador que conocía a la perfección el tejido de la casa blanca y que entendía el fútbol formativo como una mezcla precisa de exigencia táctica, cuidado del detalle y respeto absoluto por la pelota, incluso cuando se trataba de entrenar la acción más defensiva.

En ese Real Madrid Juvenil A, Leñador tuvo que aprender a ser una pieza más dentro de una estructura pensada para dominar los partidos desde el orden, lo que significaba que, como defensa, no bastaba con despejar el balón lejos, sino que debía elegir el momento exacto para cortar, decidir si convenía anticipar o temporizar y asumir que, muchas veces, el mejor gesto defensivo no era la entrada espectacular, sino el paso silencioso que cerraba la línea de pase y obligaba al rival a retroceder.

La competencia en ese vestuario resultaba feroz, porque cada entrenamiento suponía un examen continuo frente a otros jugadores que también soñaban con seguir subiendo escalones dentro del club, y en ese contexto Leñador descubrió que la serenidad se convertía en una virtud clave para un defensa, ya que los delanteros más hábiles buscaban precisamente aprovechar la precipitación, el exceso de ímpetu o la distracción, mientras que él debía mantenerse firme, medir con calma y actuar en el instante justo, ni un segundo antes ni un segundo después.

Cuando aquel Real Madrid Juvenil A levantó el título del grupo 1, la alegría se repartió entre goleadores, mediocampistas creativos y también defensas que, como Leñador, habían sostenido muchas victorias sin necesidad de acaparar portadas, y es probable que en ese momento, al observar la foto de equipo, muchos no repararan en él durante los primeros segundos, ocupados como estarían en identificar a los atacantes más destacados, pero quienes compartieron aquellos meses sabían que su presencia había significado una garantía constante en la retaguardia.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A

De pie, LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), PÉREZ VICENTE (-), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo).

Agachados, MAESTRO (Mariano Martín-Maestro), LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), FERNÁNDEZ MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), FRANCO (-).

REAL MADRID JUVENIL A 1972-1973, UN SEGUNDO TÍTULO BAJO LA MIRADA DE MANUEL SANCHÍS MARTÍNEZ

La siguiente temporada, 1972-1973, el camino de JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid permaneció en el mismo escalón, pero bajo un nuevo entrenador, porque el Real Madrid Juvenil A pasó a las órdenes de Manuel Sanchís Martínez, otra figura fundamental de la historia blanca, que heredó un grupo ganador y supo mantenerlo en lo alto, logrando de nuevo el campeonato, esta vez con matices distintos, porque cada técnico imprime un sello diferente, tanto en el juego como en la relación con los jugadores.

Con Manuel Sanchís Martínez, el trabajo defensivo adquirió todavía más importancia estratégica, porque la experiencia del técnico como jugador le permitía entender desde dentro las necesidades de una zaga que debía combinar firmeza con capacidad para iniciar el juego, de modo que Leñador se vio obligado a perfeccionar su salida de balón, su precisión en los envíos medios y su lectura de las coberturas, aceptando que el defensa de la cantera blanca no podía limitarse a despejar, sino que debía participar activamente en la construcción del equipo.

La repetición del título no significó una repetición exacta de sensaciones, porque si el primer campeonato había estado marcado por el descubrimiento y la sorpresa, este segundo estuvo impregnado por un grado mayor de responsabilidad, ya que el Real Madrid Juvenil A de Manuel Sanchís Martínez jugaba con la carga de defender una corona, sabiendo que todos los rivales le exigían un punto más de intensidad y de concentración, deseosos de ser quienes rompieran la racha del campeón anterior.

En ese contexto, Leñador consolidó su papel como defensa que aportaba estabilidad, porque sus compañeros sabían que, cuando el partido se desordenaba, podían mirar hacia atrás y encontrar en él una referencia fiable, alguien capaz de ganar un duelo aéreo complicado, de frenar una contra con una entrada limpia o de corregir una descolocación momentánea del equipo, demostrando que su carácter, tranquilo pero firme, encajaba perfectamente en la idea de una defensa que debía imponer respeto sin necesidad de gestos teatrales.

DEL JUVENIL AL REAL MADRID AMATEUR 1973-1974, NUEVO ESCALÓN Y NUEVO TIPO DE RIVAL

La temporada 1973-1974 llevó a JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid a un territorio diferente dentro de la estructura blanca, porque pasó al Real Madrid Amateur, un equipo que ya competía en un contexto más adulto, con rivales experimentados, campos particulares y situaciones de juego menos previsibles, en las que el talento juvenil debía mezclarse con la capacidad para soportar impactos físicos más duros y con la necesidad de tomar decisiones en escenarios que no siempre respondían al guion ideal de la Ciudad Deportiva.

Bajo la dirección de Juan Santisteban Troyano Troyano, figura clave en la formación de generaciones enteras de futbolistas, el Real Madrid Amateur de aquella temporada terminó en el sexto puesto, un resultado que mostraba que el equipo sabía competir, aunque no dominara la categoría de forma aplastante, y en ese cuadro de mandos Juan Leñador de la Cruz se encontró con una versión más compleja del juego, en la que los rivales mezclaban juventud y veteranía, y donde cada delantero sabía muy bien cómo probar la fortaleza de un defensa que venía de la cantera.

En los campos donde se disputaban aquellos encuentros, ya no bastaba con anticipar y despejar, porque el ambiente, el estado del terreno y la picardía de los atacantes exigían al defensa un repertorio más amplio de respuestas, desde la corrección sutil en un cuerpo a cuerpo hasta la firmeza absoluta cuando el partido se calentaba, de manera que Leñador fue añadiendo a su juego una capa de oficio que no se aprende en los libros, sino en choques reales, en tardes complicadas y en viajes de vuelta silenciosos.

A pesar de que la clasificación final situaba al equipo en la mitad alta y no en la cima, aquel año en el Real Madrid Amateur sirvió para que el defensa extremeño entendiera que el camino hacia el fútbol profesional no era una escalera perfectamente alineada, sino una senda llena de curvas, en la que cada temporada podía traer una mezcla distinta de alegrías y frustraciones, y que el verdadero valor residía en seguir compitiendo con la misma intensidad, independientemente de si el objetivo inmediato era un título o una permanencia.

REAL MADRID AMATEUR 1974-1975, CON JUAN CALVO PEREGRINA Y LA 1ª REGIONAL PREFERENTE COMO CAMPO DE BATALLA

La temporada 1974-1975 mantuvo a JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid en el Real Madrid Amateur, pero bajo la dirección de Juan Calvo Peregrina, en una campaña en la que el equipo terminó en el octavo puesto, todavía en la exigente 1ª Regional Preferente, una categoría donde el escudo blanco no garantizaba la superioridad, porque muchos rivales veían en el enfrentamiento contra el conjunto madridista una oportunidad especial para reivindicarse, apretando con fuerza en cada acción y convirtiendo los partidos en luchas constantes por cada balón dividido.

En este contexto, el trabajo de un defensa como Leñador se volvía aún más delicado, porque debía equilibrar el deseo de imponer jerarquía con la necesidad de terminar los partidos sin expulsiones ni sanciones que perjudicaran a un equipo con objetivos competitivos claros, y eso le obligaba a refinar su sentido del límite, sabiendo cuándo podía entrar con mayor dureza y cuándo convenía medir el contacto para evitar una tarjeta que, en categorías tan igualadas, podía inclinar una temporada entera.

Los desplazamientos a campos rivales en aquella 1ª Regional Preferente mostraron a Leñador una versión del fútbol muy distinta de la que había conocido en los años de juvenil, con vestuarios más austeros, gradas más cercanas y una relación con el juego menos envuelta en teoría y más anclada en la necesidad inmediata de sumar puntos, algo que fue añadiendo capas de realismo a su mirada, sin borrar la influencia formativa de la cantera del Real Madrid, pero integrándola en una experiencia más amplia.

A medida que la temporada avanzaba, el defensa extremeño fue convirtiéndose en uno de esos jugadores que, aunque no aparezcan en las crónicas con grandes titulares, resultan indispensables para sostener el entramado del equipo, porque su presencia aseguraba una línea de continuidad entre el entusiasmo juvenil y el pragmatismo necesario en una categoría donde los fallos se pagan con dureza y los aciertos se celebran con la serenidad de quien sabe que, al domingo siguiente, habrá otro partido igual de exigente.

C.D. GUADALAJARA 1975-1976, CEDIDO PARA GANAR MINUTOS EN OTRA REALIDAD COMPETITIVA

La temporada 1975-1976 supuso para Juan Leñador de la Cruz una cesión al C.D. Guadalajara, también en 1ª Regional Preferente, movimiento que respondía a una lógica habitual en aquel tiempo, la de buscar más minutos, más protagonismo y una nueva prueba lejos del entorno diario de la Ciudad Deportiva, enfrentándose a otro tipo de retos, en un club con historia propia, con una afición diferente y con objetivos marcados según su propia realidad deportiva y económica.

En Guadalajara, el defensa extremeño llevó consigo todo lo absorbido en la estructura blanca, desde los automatismos tácticos básicos hasta la forma de entrenar con intensidad cada ejercicio, y pronto descubrió que esa formación previa resultaba muy valiosa en un vestuario donde no todos los compañeros habían pasado por canteras de élite, lo que le permitió ejercer un liderazgo más maduro, basado en el ejemplo, en la constancia y en la facilidad para interpretar las indicaciones del entrenador y trasladarlas al campo sin necesidad de demasiadas palabras.

La 1ª Regional Preferente vivida con la camiseta del C.D. Guadalajara mostraba, una vez más, un fútbol de proximidad, en el que la grada reconocía de vista a los jugadores y en el que cada acción defensiva, cada despeje bien medido y cada entrada al corte se convertían en argumentos para fortalecer la relación de confianza entre el equipo y la afición, algo que Leñador supo entender desde el principio, consciente de que la entrega y la seriedad rara vez pasan desapercibidas en ese tipo de contextos.

Aunque las estadísticas de aquella temporada no hayan perdurado con el mismo detalle que las de las grandes ligas, la cesión al C.D. Guadalajara puede leerse como una prolongación coherente del camino iniciado en el C.D. Sabio y consolidado en la cantera del Real Madrid, porque en todos esos lugares Leñador ejerció la misma identidad, la de un defensa dispuesto a trabajar en silencio, a asumir la dureza de su puesto y a hacer de cada partido una oportunidad para cumplir con una responsabilidad que siempre vivió como algo profundo.

EL DEFENSA EXTREMEÑO QUE APRENDIÓ A SER MADRIDISTA DESDE ATRÁS

Si se observa en conjunto la trayectoria de JUAN LEÑADOR DE LA CRUZ defensa Real Madrid, desde los días de colegio en el C.D. Sabio hasta las temporadas en el Real Madrid Juvenil A, el Real Madrid Amateur y la cesión al C.D. Guadalajara, aparece el retrato de un defensa que vivió el fútbol como una mezcla de raíz extremeña y educación blanca, alguien que supo unir la dureza aprendida en los campos de Almendralejo con la finura táctica y la exigencia disciplinaria de la cantera del Real Madrid, y que luego llevó todo ese bagaje a categorías donde el juego se impregnaba de una autenticidad que solo puede encontrarse lejos de los grandes focos.

Su historia encarna la realidad de muchos futbolistas que pasaron por la Fábrica sin llegar al escaparate del primer equipo, pero que mantuvieron vivo el estilo, el rigor y la mentalidad aprendida allí, esparciéndola por clubes que sostienen el entramado del fútbol español desde divisiones regionales y nacionales menos visibles, y en ese sentido Leñador pertenece a esa generación silenciosa de defensas formados en la Cantera Blanca, chicos de la vieja Ciudad Deportiva que, al abandonar las instalaciones blancas, no dejaron de ser, en cierto modo, madridistas de trinchera.

Cada vez que un balón voló hacia su zona, tanto en los campos de Almandralejo como en los rectángulos de Madrid, Guadalajara o cualquier lugar donde se enfundó una camiseta competitiva, Juan Leñador de la Cruz respondió con la misma premisa básica, hacer todo lo posible para que esa pelota no encontrara camino hacia la portería, porque entendía que la felicidad del equipo empezaba muchas veces en ese gesto sencillo, casi siempre discreto, que define el trabajo del defensa y que, cuando se realiza con constancia, acaba transformándose en un legado que permanece más tiempo del que uno imagina en la memoria de quienes lo vieron jugar.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, Elche (Campo de Altabix), Trofeo Festa D’elx.

Arriba, BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos).

Abajo, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo)

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 23/04/1972, Madrid (Ciudad Deportiva), Campeonato de España de Juveniles, 1/16 Final (ida), vs ELCHE C.F.

De pie, ACEDO (José María Acedo Ramos), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle)

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

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