MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE, EL CENTROCAMPISTA CÁNTABRO QUE APRENDIÓ A MANDAR DESDE LA FÁBRICA DEL REAL MADRID

INFANCIA EN SANTANDER Y LOS PRIMEROS BALONES ENTRE BRUMA, MAR Y BARRIO

El 7 de octubre de 1953 nació en Santander un niño llamado MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE centrocampista Real Madrid, en una ciudad donde el mar parecía abrazar las casas, donde el viento húmedo se colaba por las esquinas y donde las tardes de cielo gris se llenaban con el eco de balones golpeando contra paredes, barandillas y muros de colegios públicos, porque el fútbol formaba parte de la respiración diaria de muchos chavales que intuían, sin saberlo, que aquel juego les enseñaba mucho más que cómo marcar un gol o evitar una derrota.

En los barrios donde creció Manuel Ramón Rodríguez Del Valle, la calle funcionaba como patio común y como improvisado campo de entrenamiento, porque bastaba un trozo de asfalto limpio, dos chaquetas como postes y un balón algo gastado para que de repente apareciera un partido, con equipos formados a gritos, sin sorteos ceremoniosos y con reglas pactadas en segundos, de manera que cada tarde se convertía en una escuela clandestina de técnica, picardía y convivencia que ningún plan de estudios habría sido capaz de diseñar con tanta exactitud.

Fue en ese entorno, donde el olor a salitre se mezclaba con el aroma de pan recién hecho y con el murmullo constante de radios encendidas, donde Del Valle comenzó a comprender que su lugar natural sobre el campo no se encontraba en la portería ni en la delantera más adelantada, sino en un territorio intermedio, en ese espacio del centro del campo donde las decisiones se multiplicaban, donde un pase bien elegido podía cambiar el rumbo de una jugada y donde el ritmo del equipo se marcaba, casi siempre, con toques aparentemente sencillos, pero llenos de intención.

Mientras otros compañeros perseguían el balón de manera casi instintiva, corriendo detrás de él en cada jugada, Del Valle empezó a destacarse por algo distinto, por su capacidad para detenerse un segundo, levantar la mirada y colocar el cuerpo de tal manera que el siguiente pase no fuera solo una salida urgente del problema, sino el inicio de una nueva ventaja para los suyos, una pequeña ventana de control dentro del caos, lo que ya apuntaba a ese futuro como centrocampista que la vida terminaría confirmando con el tiempo.

DEL NORTE A LA CAPITAL, LA RUTA QUE LLEVA A LA CANTERA DEL REAL MADRID

El talento silencioso de Del Valle, su capacidad para ver el juego un segundo antes que muchos compañeros y su forma de tratar el balón con respeto, sin estridencias, llamaron la atención de entrenadores y observadores que no se limitaban a mirar cuántos goles marcaba un chaval, sino que se fijaban en cosas menos evidentes, como su manera de colocarse entre líneas, de ofrecer apoyos y de no esconderse cuando el partido se complicaba, rasgos que, con el tiempo, abrieron una puerta decisiva hacia la cantera del Real Madrid.

El viaje desde Santander hasta Madrid no fue solo un desplazamiento geográfico para Del Valle, sino también un salto emocional enorme, porque significaba dejar atrás la comodidad de la ciudad conocida, la cercanía de la familia y la seguridad de los campos de barrio para entrar en un mundo donde casi nada resultaba previsible, donde los compañeros venían de lugares muy distintos y donde el escudo que se llevaba en el pecho pesaba de manera diferente, recordando cada día que allí se escribían historias que luego leía media España.

La primera vez que Del Valle pisó las instalaciones del Real Madrid, vestido todavía con la mezcla de ilusión y nervios de quien sabe que está entrando en un lugar importante, debió sentir que todo se hacía más grande, desde los campos hasta los vestuarios, desde los pasillos llenos de fotografías hasta las palabras de los técnicos, que hablaban de conceptos como posición, equilibrio, tempo y responsabilidad, términos que quizá ya intuía en su juego, pero que allí adquirían una estructura, una exigencia y un método completamente nuevos.

REAL MADRID JUVENIL C.F. 1970-1971, PRIMER CONTACTO OFICIAL CON LA FÁBRICA

La temporada 1970-1971 situó a MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE centrocampista Real Madrid en el Real Madrid Juvenil C.F., paso inicial dentro de la estructura juvenil que le permitió conectar su intuición del fútbol norteño con la disciplina metódica de la casa blanca, porque en ese equipo se entrenaba casi a diario, se trabajaban automatismos de salida de balón, se repetían ejercicios de circulación rápida y se insistía una y otra vez en la importancia de ofrecer siempre una línea de pase limpia al compañero presionado.

En el Real Madrid Juvenil C.F., Del Valle empezó a sentir el peso de ser centrocampista de un club que valoraba mucho esa zona del campo, porque desde ahí se ordenaba el ataque, se protegía la defensa y se marcaba el ritmo del encuentro, lo que exigía pensar con velocidad, tocar con precisión y tener el coraje suficiente para pedir el balón incluso cuando las cosas no iban bien, sabiendo que el centro del campo, en este tipo de equipos, no podía esconderse nunca.

Los partidos de aquella temporada eran laboratorios prácticos donde Del Valle ponía a prueba lo que se trabajaba en la semana, desde la manera de recibir entre líneas girando sobre sí mismo hasta la forma de encontrar al extremo con un cambio de orientación medido, pasando por la responsabilidad de ayudar en tareas defensivas cuando el rival dominaba el balón, una responsabilidad que le enseñó que el centrocampista de la cantera del Real Madrid no podía limitarse a crear, sino que también debía destruir cuando el equipo lo exigía.

La convivencia en el vestuario del Real Madrid Juvenil C.F. le mostró a Del Valle la diversidad de caminos que se cruzaban en la Fábrica, porque allí se reunían jóvenes procedentes de distintas regiones, con acentos variados y con historias personales distintas, pero todos unidos por el mismo objetivo de aprovechar cada entrenamiento, cada ejercicio y cada minuto de partido, sabiendo que el margen de error era menor que en cualquier otro lugar, porque el club esperaba lo máximo de todos y cada uno de ellos.

REAL MADRID JUVENIL A 1971-1972, CAMPEÓN DEL GRUPO 1 CON ANTONIO RUIZ CERVILLA

La temporada 1971-1972 marcó un nuevo escalón en la carrera formativa de MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE centrocampista Real Madrid, porque pasó a formar parte del Real Madrid Juvenil A, un equipo que competía en el grupo 1 y que terminó proclamándose campeón bajo la dirección de Antonio Ruiz Cervilla, un entrenador que conocía a la perfección los mecanismos internos del club y que entendía el centro del campo como el corazón del juego, ese lugar donde un segundo de lucidez podía cambiar por completo el rumbo de un encuentro.

En el Real Madrid Juvenil A, la exigencia subió varios grados para Del Valle, porque no solo se trataba de rendir bien, sino de hacerlo dentro de una estructura diseñada para dominar los partidos, para llevar la iniciativa casi siempre y para obligar a los rivales a perseguir sombras durante largos tramos del encuentro, algo que colocaba sobre el centrocampista una responsabilidad enorme, ya que cada pérdida en esa zona podía convertirse en un problema serio, mientras que cada acierto se traducía en posiciones ventajosas para delanteros y extremos.

Bajo la mirada de Antonio Ruiz Cervilla, Del Valle perfeccionó detalles que, desde fuera, podían parecer menores, como la orientación del primer control, la forma de perfilarse antes de recibir, la altura exacta a la que debía situarse para ofrecerse como apoyo o la manera de ajustar la intensidad del pase según la situación, pero que, en realidad, marcaban la frontera entre un jugador correcto y un centrocampista capaz de sostener durante muchos minutos la idea de juego de un equipo.

El título de campeón del grupo 1 no fue solo un trofeo para el palmarés del Real Madrid Juvenil A, sino también una confirmación para Del Valle de que su manera de sentir el fútbol encajaba con lo que el club pedía a los mediocentros, porque aquel equipo construía muchas de sus victorias sobre la solidez de un centro del campo que sabía cuándo acelerar y cuándo enfriar, cuándo atacar con muchos hombres y cuándo protegerse un poco más, administrando esfuerzos con la madurez de quien entiende que una temporada larga se gana también desde la cabeza.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A

De pie, LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), PÉREZ VICENTE (-), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo).

Agachados, MAESTRO (Mariano Martín-Maestro), LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), FERNÁNDEZ MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), FRANCO (-).

REAL MADRID AMATEUR 1972-1973, SUBCAMPEÓN CON JUAN SANTISTEBAN TROYANO TROYANO

La temporada 1972-1973 llevó a MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE centrocampista Real Madrid al Real Madrid Amateur, un equipo que actuaba como puente entre la cantera y el fútbol sénior, compitiendo contra rivales más maduros, con jugadores que acumulaban experiencia en categorías nacionales y regionales, y que no se dejaban impresionar por el escudo blanco, lo que convertía cada partido en una prueba de carácter donde los jóvenes debían demostrar que su formación les permitía enfrentarse a contextos mucho más duros que los habituales en categorías juveniles.

Bajo la dirección de Juan Santisteban Troyano Troyano, entrenador que dejaría una huella profunda en la historia formativa del club, el Real Madrid Amateur completó una campaña notable, terminando como subcampeón y mostrando que la mezcla entre talento joven y exigencia competitiva podía funcionar incluso contra equipos acostumbrados a jugar con un grado de agresividad y de viveza táctica superior al de los torneos juveniles, lo que obligó a Del Valle a dar un paso más en su evolución como centrocampista.

En el Real Madrid Amateur, Del Valle tuvo que aprender a manejar partidos donde el ritmo no lo imponía siempre el conjunto blanco, donde a veces tocaba sufrir, resistir embestidas y defender más de lo que le habría gustado, y donde la gestión de los tiempos adquiría un valor incluso mayor, porque un pase arriesgado de más en medio campo podía desencadenar una contra letal, mientras que un cambio de orientación en el momento justo podía sacar al equipo de la cueva y permitirle respirar unos segundos.

Aquella condición de subcampeón sirvió como confirmación de que la generación a la que pertenecía Del Valle estaba preparada para competir en escenarios mucho más exigentes de lo que la etiqueta de Amateur podía sugerir, y al mismo tiempo marcó el cierre de su etapa dentro de la estructura directa del Real Madrid, abriendo una nueva fase de su carrera, en la que el club blanco seguiría presente en forma de recuerdos y aprendizajes, pero en la que los escudos de otros equipos comenzarían a ocupar el centro de sus días.

C.D. CARABANCHEL 1973-1974, UN CENTROCAMPISTA BLANCO EN UN BARRIO DE MADRID

La temporada 1973-1974 supuso la cesión de Manuel Ramón Rodríguez Del Valle al C.D. Carabanchel, histórica entidad madrileña que competía en Tercera División y que representaba a un barrio con una identidad muy marcada, donde el fútbol se vivía como parte de la vida cotidiana, mezclado con las conversaciones de café, las colas del mercado y los encuentros en las esquinas, de manera que cada partido se convertía en un acto social en el que vecinos, familias y amigos acudían a ver a los suyos con una cercanía que en otros entornos resultaba impensable.

En el C.D. Carabanchel, Del Valle se encontró con una forma distinta de vivir el fútbol, más directa, más pegada al día a día del barrio y menos envuelta en la solemnidad de los grandes clubes, pero igualmente exigente, porque allí no importaba tanto de dónde viniera un jugador ni cuánto tiempo hubiera pasado en la cantera del Real Madrid, sino lo que era capaz de ofrecer en cada partido, en campos donde la afición estaba muy cerca de la línea de banda y donde los errores se comentaban con la misma franqueza con la que se celebraban los aciertos.

El papel de centrocampista de Del Valle adquirió en el C.D. Carabanchel matices nuevos, porque ya no se trataba solo de aplicar conceptos aprendidos en la Fábrica, sino de adaptar esos conceptos a un juego donde los rivales presionaban sin descanso, donde los espacios se reducían por la intensidad de los choques y donde la capacidad para mantener la calma en medio del ruido y la disputa se convertía en una ventaja competitiva que el equipo agradecía en los momentos más complicados.

Aquella temporada cedido en un club tan arraigado en el tejido social de Madrid ayudó a Del Valle a entender que el fútbol profesional y semiprofesional se construía en muchos lugares más allá de los grandes estadios, en campos donde el barro, el viento y las gradas pequeñas formaban parte del paisaje habitual, y donde un buen pase o una recuperación a tiempo podían significar algo muy concreto para la vida de quienes llenaban esas pequeñas tribunas cada fin de semana.

PALENCIA C.F. 1974-1976, DOS TEMPORADAS EN LA VIEJA TERCERA

Las temporadas 1974-1975 y 1975-1976 llevaron a Manuel Ramón Rodríguez Del Valle al Palencia C.F., club castellano con un recorrido amplio en la antigua Tercera División y con un proyecto deportivo que, con el paso de los años, aspiraría incluso a alcanzar categorías superiores, algo que ya se intuía en la seriedad con la que se trabajaba en aquellos días, cuando cada entrenamiento y cada partido se tomaban como parte de un camino que no debía quedarse estancado en la comodidad de lo conocido.

En Palencia, Del Valle descubrió el peso de jugar en una ciudad donde el clima duro, los inviernos largos y los viajes exigentes formaban parte del paquete, porque no era lo mismo entrenar junto al mar cantábrico o en la capital que hacerlo en una meseta donde el frío cortaba la respiración y donde cada sesión de trabajo incluía, además de lo técnico, una dosis extra de resistencia mental, esa que distingue a los jugadores que se adaptan de aquellos que se desaniman demasiado pronto.

El Palencia C.F. ofreció a Del Valle la posibilidad de convertirse en centrocampista de referencia, alguien que aportaba su experiencia en la cantera del Real Madrid para ordenar un equipo que necesitaba puntos, que buscaba consolidarse y que encontraba en su figura una mezcla de pausa y valentía, porque no se limitaba a tocar en corto, sino que también se atrevía con cambios de orientación y con pases profundos cuando veía que el momento del partido lo permitía.

Aquellas dos campañas en la vieja Tercera División dejaron en Del Valle la sensación de haber encontrado un lugar donde su fútbol era valorado por lo que aportaba de manera concreta a la vida del club y a la ilusión de la afición, esa grada que acudía al campo no por costumbre, sino porque veía en cada encuentro una parte importante de su semana, una cita que unía a generaciones diferentes alrededor de un mismo escudo y de un mismo color.

C.D. VALDEPEÑAS 1976-1977, FÚTBOL ENTRE VIÑEDOS Y CAMINOS POLVORIENTOS

La temporada 1976-1977 encontró a Manuel Ramón Rodríguez Del Valle en el C.D. Valdepeñas, equipo enclavado en una región donde el vino y el fútbol compartían protagonismo en muchas conversaciones, porque las viñas marcaban el paisaje y el club hacía lo propio con la vida deportiva de la localidad, convirtiendo cada partido en un acontecimiento señalado en el que los domingos parecían girar alrededor de lo que sucedía sobre el césped.

En el C.D. Valdepeñas, el centrocampista cántabro tuvo que adaptarse a otro tipo de fútbol, quizá más directo en muchos momentos, con rivales que hacían valer su físico y que no dudaban en convertir cada balón dividido en un pequeño combate, pero también con compañeros que apreciaban la capacidad de Del Valle para dar un toque de calma cuando el partido se enloquecía, protegiendo la posesión cuando el equipo necesitaba respirar y acelerando el juego cuando el rival mostraba signos de cansancio.

Aquella experiencia le enseñó que el fútbol podía tener acentos muy diferentes según la zona del país en la que se jugara, y que el mismo rol de centrocampista se adaptaba a cada contexto, siempre con una base común de inteligencia, sacrificio y responsabilidad, pero con matices cambiantes según fueran los compañeros, los rivales y las prioridades marcadas por el entrenador y por las circunstancias de la competición.

RAYO CANTABRIA 1977-1978, UN REGRESO A CASA DESDE LA TERCERA DIVISIÓN

La temporada 1977-1978 significó para Manuel Ramón Rodríguez Del Valle un regreso cargado de simbolismo, porque volvió a su tierra para jugar en el Rayo Cantabria, histórico club cántabro que pasó muchos años en la antigua Tercera División y que estaba estrechamente vinculado al Racing de Santander, actuando durante mucho tiempo como filial y como plataforma para jóvenes y veteranos que encontraban en él un lugar donde seguir compitiendo con intensidad.[web:391]

Volver a vestir una camiseta de un club de Santander, en campos conocidos y ante una afición que compartía su acento, supuso para Del Valle mucho más que un simple cambio de equipo, porque en cada partido se mezclaban recuerdos de su infancia, imágenes de cuando soñaba con ser futbolista y la realidad presente de un centrocampista que regresaba a su ciudad cargado de experiencias acumuladas en Madrid, Palencia y Valdepeñas.

En el Rayo Cantabria, el juego de Del Valle adquirió un tono de madurez evidente, porque ya no era el joven que buscaba abrirse camino en la cantera del Real Madrid, sino un jugador que había conocido distintas ligas, distintas ciudades y distintas formas de entender el fútbol, y que podía poner todo ese conocimiento al servicio de un equipo cuya misión, además de competir, consistía en alimentar de talento al entorno del Racing de Santander, manteniendo viva la llama del fútbol local.

Cada balón que pasaba por sus pies en el centro del campo del Rayo Cantabria llevaba dentro un recorrido geográfico y emocional amplio, porque desde ese punto intermedio del terreno de juego Del Valle conectaba la lluvia de Santander con el sol de Valdepeñas, la disciplina táctica aprendida en el Real Madrid con la dureza de la Tercera División, componiendo un perfil de futbolista que, sin grandes titulares, representaba a la perfección lo que significa construir una carrera sólida en el fútbol español de aquellos años.

GIMNÀSTIC DE TARRAGONA 1978-1979, LA NUEVA SEGUNDA DIVISIÓN B COMO RETO FINAL

La temporada 1978-1979 llevó a Manuel Ramón Rodríguez Del Valle hasta el Club Gimnàstic de Tarragona, club de larga tradición en el fútbol catalán que en aquel momento competía en la recién creada Segunda División B, una categoría que nacía para organizar mejor la pirámide competitiva del país y que se situaba como paso intermedio entre la Segunda División y la multitud de grupos de la antigua Tercera División, convirtiéndose en un escenario repleto de clubes ambiciosos y de partidos de una igualdad feroz.

En Tarragona, el centrocampista cántabro se encontró con un contexto distinto a todos los anteriores, porque la ciudad mediterránea proponía otro clima, otro ritmo de vida y otra forma de vivir los domingos de fútbol, con el Nou Estadi como punto de encuentro para aficionados que sentían a su equipo como parte esencial de la identidad local, y que veían en aquella nueva categoría una oportunidad para crecer, para acercarse a niveles más altos y para medirse con clubes de muchas regiones diferentes.

El papel de Del Valle en el Gimnàstic de Tarragona seguía siendo, como siempre, el de un centrocampista que asumía el peso de ordenar el juego, de enlazar defensa y ataque y de interpretar lo que pedía cada fase del partido, pero ahora lo hacía frente a rivales que venían de toda la geografía española, que habían logrado un lugar en la nueva Segunda División B y que competían con una mezcla de hambre y talento que obligaba a mantener el nivel al máximo durante toda la temporada.

Para Manuel Ramón Rodríguez Del Valle, aquella campaña en el Gimnàstic de Tarragona representó una especie de síntesis de todo lo vivido, porque en cada encuentro aparecían ecos de los campos de barrio de Santander, de los entrenamientos meticulosos en la cantera del Real Madrid, de las batallas en Tercera División con el C.D. Carabanchel, el Palencia C.F., el C.D. Valdepeñas y el Rayo Cantabria, y de la sensación de estar siempre a medio camino entre el anonimato relativo y la posibilidad de dar un salto importante, algo que define la vida de tantos futbolistas en categorías intermedias.

EL LEGADO DE DEL VALLE, UN CENTROCAMPISTA DE LA FÁBRICA EXTENDIDO POR MEDIA ESPAÑA

Si se observa en conjunto la trayectoria de MANUEL RAMÓN RODRÍGUEZ DEL VALLE centrocampista Real Madrid, desde su infancia en Santander hasta su paso por la cantera del Real Madrid y por clubes como C.D. Carabanchel, Palencia C.F., C.D. Valdepeñas, Rayo Cantabria y Gimnàstic de Tarragona, aparece la figura de un centrocampista que supo llevar consigo, allá donde jugó, el sello de una formación exigente, basada en el respeto al balón, en la inteligencia táctica y en la responsabilidad colectiva, valores que se mantienen vigentes mucho más allá de la duración de una carrera deportiva.

En cada campo donde jugó, desde los terrenos humildes de la vieja Tercera División hasta los estadios que acogieron la nueva Segunda División B, Del Valle dejó la imagen de un futbolista que entendía el juego como un tejido de relaciones, donde el pase acertado, la ayuda defensiva y la ocupación correcta de espacios importaban tanto como la gloria inmediata de un gol, algo que muchos entrenadores y compañeros supieron apreciar, incluso cuando las estadísticas oficiales no recogían con detalle ese tipo de contribuciones silenciosas.

La historia de Manuel Ramón Rodríguez Del Valle recuerda que la cantera del Real Madrid no solo produjo estrellas que iluminan grandes portadas, sino también una multitud de jugadores que llevaron esa forma de interpretar el fútbol a equipos repartidos por media España, enriqueciendo el nivel competitivo de clubes modestos, ayudando a consolidar proyectos en ciudades pequeñas y medianas, y demostrando que el legado de la Fábrica se mide también en las vidas discretas, pero profundamente honestas, de quienes, como Del Valle, hicieron del centro del campo su hogar durante muchos años.

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, Elche (Campo de Altabix), Trofeo Festa D’elx.

Arriba, BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), REQUENA (Antonio Requena), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), ACEDO (José María Acedo Ramos).

Abajo, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo)

1971-1972 Real Madrid Juvenil A

De pie, DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), REQUENA (Antonio Requena), ACEDO (José María Acedo Ramos), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa ), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester).

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 23/04/1972, Madrid (Ciudad Deportiva), Campeonato de España de Juveniles, 1/16 Final (ida), vs ELCHE C.F.

De pie, ACEDO (José María Acedo Ramos), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), GAMBOA (Carlos Gamboa), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle)

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), MARÍN (Jaime Fernández Marín), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 02/07/1972, Madrid (Ciudad Deportiva del Real Madrid), Campeonato de España, vs ATHLETIC CLUB DE BILBAO

De pie, ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo)

Agachados, LÓPEZ (Juan Manuel López García), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

1971-1972 Real Madrid Juvenil A, 08/07/1972, Madrid (Santiago Bernabéu), Campeonato de España de Juveniles, Final vs U.D. LAS PALMAS

Arriba, MARÍN (Jaime Fernández Marín), ACEDO (José María Acedo Ramos), MACUA (Juan Emilio Castellanos Macua), MUÑOZ (Antonio Muñoz Fernández), DIEZMA (Luis Eduardo Alonso Diezma), DEL VALLE (Manuel Ramón Rodríguez Del Valle), LEÑADOR (Juan Leñador de la Cruz), LLORENTE (José Luis Llorente del Hoyo) (p.s.)

Abajo, GONZÁLEZ (Francisco González Ortiz), SEPTIÉN (Francisco José Septién de la Cuerda), LÓPEZ (Juan Manuel López García), PASCUAL (Francisco Pascual Bermejo), BALLESTER (Adolfo Domingo Ballester), CASTRO (José Manuel García Castro), ISMAEL (Ismael Rico Moreno), REQUENA (Antonio Requena).

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